Un retazo de azul (A Patch of Blue, Guy Green 1965)

Muy en el estilo de su época, Un retazo de azul trata de aunar dramón, romanticismo y mensaje social en un envoltorio digerible a la par que serio y adulto. Son muchos ingredientes que combinar, y no siempre las cosas salen bien. De hecho, si hemos de ser objetivos, creo que debe reconocerse que en este film sobra un pelín de azúcar e ingenuidad, pero a mí me ha gustado mucho, así que vengo a contarlo.

La historia es de lo más folletinesca: Selina (Elizabeth Hartmann) es una pobre chica ciega de 18 años -esto lo aclaran por si las mentes sucias- que malvive con su abuelo alcohólico y su madre prostituta o similar (impresionantes Wallace Ford y Shelley Winters, que se comen con patatas actorales a la joven pareja protagonista) y que de vez en cuando va al parque, donde le da algo el aire fresco mientras ensarta collares que luego malvende. Un buen día pasa por allí Gordon (Sidney Poitier), un joven negro apuesto y moderno, que traba amistad con ella, ignorante obviamente de su color de piel. La trama bascula sobre el contraste que hay entre la vida insoportable que Selina aguanta en el cuchitril donde vive, con su madre histérica y malvada y su abuelo deshumanizado por la botella, y la nueva realidad que le presenta Gordon, una forma de vida ordenada, tranquila, pudiente, divertida y llena de posibilidades. Es inevitable que se enamoren el uno del otro y que surjan los problemas a causa del color de la piel de Gordon… 

La película es un constructo bien ordenado de esos ingredientes que, en aquella mitad de los 60, sin duda alguna se pensó que engancharían a un público adulto, formado y receptivo a las nuevas ideas que bullían en la sociedad norteamericana de la época: segregación racial, desigualdades sociales, atención a los discapacitados… Aquí mismo hemos hablado de Ángeles sin paraíso, y qué me dicen de la atronadora El milagro de Ana Sullivan o  la celebérrima Matar a un ruiseñor,  por no mencionar el sinfín de películas que el mismo Poitier protagonizó interpretando este mismo personaje. Además del tema social, no falta la ración de explosividad histérica muy del cine sesentero que Shelley Winters aporta con sus berreos de merecido Oscar ni el ternísimo infantilismo rasgapleuras que despliega Selina, la niña cieguita, con lacrimógeno resultado. La película es un gazpacho de su tiempo; no está exenta de mermas y defectos y, seamos sinceros, le falta profundidad y le sobra sensiblería maniquea.

Pero me gusta. Será la evocadora musiquilla de Jerry Goldsmith que tan bien le viene, serán esas extrañísimas lentillas que le han puesto a la pobre Selina, que le hacen unos imposibles ojos estelados, será lo majete que es Sidney Poitier, que no puede uno enfadarse con nada que él toque o será, en fin, que a veces se necesita ver lo malo con los ojos de lo bueno.

En el último acto las situaciones se desenredan y dirigen hacia el sabio y logrado final de una manera extraña. No quiero desvelar nada, pero de pronto los cuatro personajes de alguna forma renuncian a su naturaleza dramática para adoptar por unos segundos una actitud y unas decisiones cuerdas y sensatas. Es como si desataran el corsé narrativo de la película, y eso quizá la perjudique un tanto, pero por otra parte la dota de un realismo inteligente que contrasta con la fantasiosa ingenuidad que  ha caracterizado todo lo que hemos visto hasta entonces. No quiero dejar la impresión de que es una película mediocre, quizá me expliqué mal. Un retazo de azul es una buena película entretenida, disfrutable y que seguro que logra emocionar aún hoy en día a muchas personas de bien. 

En un momento dado de la historia Selina entierra una cajita de música que su amigo Gordon le ha regalado para que no se la quiten en casa. Lo hace desmañadamente, escarbando algo de arena con los dedos para ocultarla casi a ras de suelo. En ese momento nos decimos los espectadores que cuando vaya a recuperar la cajita el tiempo, el agua y los perritos curiosos del parque la habrán hecho desaparecer. Sin embargo,  cuando ella vuelve para desenterrarla, tras la lluvia, los perros y no pocos avatares, ahí sigue la cajita, limpia y sonora. Como esta pequeña subtrama es la película entera.

6 comentarios sobre “Un retazo de azul (A Patch of Blue, Guy Green 1965)

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  1. Me gusta mucho Sidney Poitier y las películas que realizó desde los años cincuenta, retando y enfrentándose al estereotipo con el que se chocaban los actores y actrices afroamericanos en el cine de Hollywood.
    El retazo de azul me falta por ver, y muero de ganas, más todavía al leerte. A Sidney Poitier se le suele identificar con Adivina quién viene esta noche, sin embargo, desde los años cincuenta ya era protagonista de películas tan interesantes como Un rayo de luz de Joseph L. Mankiewicz o Donde la ciudad termina de Martin Ritt.
    Y tampoco la he visto pero ¡también está presente en una de las pelis que has reseñado de Wellman: El niño y el perro! Qué ganas tengo también de pillarla.
    … Y en El retazo de azul sale la gran Shiley Winters. Y me sirve para hablar de otro actor que como Poitier, trató el tema del conflicto racial y dio pasos en el reflejo de los afroamericanos en el cine, Harry Belafonte. Los dos son parte del reparto de una película magistral de cine negro Apuestas contra el mañana (Odds Against Tomorrow) de Robert Wise.

    Beso
    Hildy

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  2. Como te pasó a ti el otro día en mi blog, he escrito un mensaje sobre Sidney Poitier y creo que ha desaparecido. Ponía varios títulos que me fascinaban de este actor, que ya empezó en los cincuenta a combatir y luchar con la imagen estereotipada de los afroamericanos en en el cine de Hollywood. Y hablaba también a raíz de Shelley Winter de otra película magnífica en ese sentido con Harry Belafonte, una película de Robert Wise que recomiendo fervientemente: Apuestas contra el mañana (Odds Against Tomorrow).
    Y también te decía lo que me apetecía ver esta película que reseñas, y todavía más después de leerte.
    Jajjaja, espero que este mensaje tenga más suerte.

    Beso
    Hildy

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  3. Ay Hildy querida, no ha sido tú, fui yo que metí la gamba con lo de autorizar comentarios, que a veces me lo pide y a veces no. Me apunto todas las pelis que comentas, porque me suena vagamente haber visto las dos de Poitier, pero a saber cuándo y a qué horas, y la de Belafonte ya estoy deseando verla.
    Shelley Winters es una gran actriz y en esta peli está magnífica, aunque sea en ese tono un poco estridente de moda en los 60.
    Por cierto que es protagonista de una peli de Wellman que aún no he podido ver «My Man and I» pero que en mis investigaciones he leído que tuvo no pocos encontronazos con él, porque ella era muy de meterse en el personaje, ensayar… Actor’s Studio y todo eso, y a él le llamaban «dos tomas Wellman» y, como le solía pasar con los actores intensitos, ignoraba bastante lo que él consideraba ínfulas innecesarias y antieconómicas. En este caso la sangre no llegó al río como con otros y la relación entre ambos fue correcta.

    Un beso fuerte y perdón de nuevo por el dedazo.

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  4. No sabes cómo la he disfrutado.
    A mí me emocionó muchísimo.
    La fragilidad de Selina me cautivó. Y cómo Gordon desde el principio la trata como una persona capaz de valerse por sí misma, elevando su autoestima. Algo que su madre y su abuelo habían minado en todo momento.
    Los cuatro actores principales están maravillosos. Y Guy Green aporta la sensibilidad necesaria para narrar la historia.
    La actriz que hace de Selina, Elizabeth Hartmann, está maravillosa y muestra toda la vulnerabilidad y fuerza del personaje, así como sus ganas de que la quieran, de amar, y tiene un despertar de la sensualidad precioso, cuando todo lo que ha vivido a su alrededor ha sido duro y oscuro. ¿Por qué decidirían ponerle esas lentillas? No son necesarias. Hartmann tuvo una vida y un final tristísimo, pero en su breve filmografía tiene otra película que a mí me fascina: El seductor de Don Siegel

    Mil gracias
    Hildy.

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