Thunder Birds: Soldiers of the Air (William Wellman, 1942)

Incidente en Ox-Bow creo que se puede considerar el proyecto más personal de Wellman, en el sentido no solo de que dispusiera de absoluta libertad creativa, cosa quizá secundaria en el contexto industrial de aquellos años, sino porque su producción fue un fuerte empeño personal. Obsesionado por la lectura de la novela original en que se basa, de Valter Van Tilburg Clarke, removió cielo y tierra para que le dejaran hacerla a su manera y con los medios adecuados a pesar de que su sombrío argumento no auguraba buenos resultados en taquilla. Darryl F. Zanuck, a quien había gustado la historia pero tenía que mirar por el bien de la empresa, le ofreció la posibilidad de hacerla si nuestro director se comprometía a hacer cinco películas en los próximos cinco años para la 20Th Century Fox, dos de ellas “a ciegas”, es decir, rodando un guión ya terminado sin mover una coma. Wellman, entusiasmado, aceptó, y Thunder Birds es uno de esos guiones que simplemente, le entregaron y él rodó lo mas eficientemente posible. Y lo rodó y se estrenó, por cierto, antes que Incidente en Ox-Bow.

Thunderbird es el nombre tanto de la base aérea de Arizona en la que transcurren los hechos y se rodaron los exteriores como de los aviones que allí se usan para entrenar a los futuros pilotos que habían de regar Alemania y Japón de bombas. Recordemos que la película se rueda en 1942, en plena IIGM, así que la carga propagandística no hay ni que mencionarla. En esta base comparten entrenamiento pilotos yanquis, ingleses y ¡chinos! Estos últimos dan un leve toque exótico-cómico y quedan como una curiosidad de la historia del cine, porque pocas oportunidades más tendrán los soldados del Imperio Central de triscar a sus anchas por terreno militar norteamericano, y que se vea en pantalla grande.

En cualquier caso, a pesar del ambiente aeronáutico hay que decir que este apenas tiene peso en la película, que desarrolla un típico triángulo amoroso entre Kay, una joven pizpireta interpretada por Gene Tierney, Steve Bry, un correoso instructor al que da vida Preston Foster y Stackhouse, un señorito inglés con miedo a volar que quiere sin embargo superar su fobia para aportar lo que se pueda a la RAF, pues su hermano la palmó hace unas semanas en acción de combate y ya se sabe. A este lo interpreta John Sutton, pero vida, la verdad, le da poca.

A pesar de su inapelable intrascendencia, Thunderbirds no es un filme mediocre o aburrido. Tiene el gran problema, aparte de su tópico argumento, de que carece de conflictos dramáticos. Al ser una historia de soldados en tiempo de guerra, no hay pelea alguna por la chica entre los dos postulantes, no sea que ensuciemos la imagen de la prístina colaboración angloamericana. Siendo además el uno instructor del otro, que es un cadete inútil, bien podrían haberse dispuesto jugarretas, engañifas o pequeños incidentes entre ellos que nos hagan ver que, de verdad, están enamorados DE GENE TIERNEY EN TECHNICOLOR, LEÑE. Pero nada, la caballerosidad y el pase usted primero lo inundan todo y solamente brilla algo la simpática insolencia de la chica, que es quien finalmente decide y que dibuja el único personaje con interés de la peli, dueña de su destino y no poco vacilona. 

En una programmer de 78 minutos, presupuesto justito y tan poca chicha en una historia a la que nada podía amorcillar, al menos Wellman sabe dar un toque de buen acabado cinematográfico que nos permite, a pesar de todo, disfrutar del metraje. Por un lado se saca de la manga algunas buenas ideas de puesta en escena, como la secuencia en la que cadete e instructor debaten elegantemente sobre cuál ama más a la dama, y un sugerente juego de luces y sombras la hace comparecer en forma de fotografía. El personaje de Tierney, como ya he dicho, está inteligentemente trabajado y se corresponde con esas mujeres autónomas y empoderadas, como se dice ahora, que la propaganda oficial quería ensalzar en estos tiempos de economía de guerra y mano de obra femenina, antes de mandarlas de vuelta a la cocina en los 50. Además Tierney es una de las beneficiadas de un buen technicolor que realza tanto su belleza como, en general, toda la película, con mención especial de sus hermosos aviones amarillos y azules. Es una pena que la naturaleza rutinaria y mediana de la trama no permitiera a Wellman jugar más con las escenas aéreas, que carecen de interés alguno y están a años luz de los logros de Wings. Muchas de ellas están grabadas en estudio y solo se salvan, de lo que que se rodó en la base de Arizona, los estupendos planos de las escuadrillas en formación y de los cadetes desfilando con que se abre el filme.

Hay que agradecer a Wellman también otro detalle simpático, y es que cuando se muestra el retrato del padre muerto en combate en la IGM del inútil cadete inglés, vemos realmente a Wild Bill en una instantánea suya de 1918, así como en un cuadro con su retrato en casa de su señorial abuela, madre del padre del cadete inútil e inglés.
Me dieron un guión y lo rodé, simplemente. Nadie mejor que el artífice para resumir el artificio.

Más de Wild Bill en nuestro especial No soy tan duro: el cine de William A. Wellman

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2 comentarios sobre “Thunder Birds: Soldiers of the Air (William Wellman, 1942)

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  1. Hola tocayo
    Según la ley de Pitágoras, apartado B (con B de Belleza), cualquier triángulo que contenga como uno de sus vértices a una tal Gene Tierney será considerado pirámide. Y, según las leyes de aeronáutica del Barón de Technicoleur, la altura de esa pirámide será independiente de la dimensión del argumento.
    Corolario: Thunderbirds, infausta serie protagonizada por muñegotes, aquí llamada «Guardianes del espacio».
    Un saludo, Manuel.
    PD. Seguramente lo que yo bebí, en su día, tampoco era sake; era muy parecido a una mixtura harto peligrosa: aguardiente con orujo.

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  2. Vaya vaya, pues yo pensaba que sería algo relativamente suave, como la manzanilla o algo así…

    Sobre tu geometría no euclídea… Hay pirámides y pirámides, ¡no me pongas a imaginar!

    Un saludo, Manuel

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