La vida vale más (The Slender Thread, Sydney Pollack, 1965)

Publico este apunte que ya tenía preparado hoy, 7 de enero de 2022, porque ha muerto el gran Sidney Poitier. No soy muy de homenajes sobrevenidos, pero este hombre pienso que lo merece. Aunque en esta peli que paso a comentar sobreactuara algo, su larga vida de saber estar y trabajo comprometido ha compensado eso y cualquier otra minucia que le quisiéramos reprochar. Esta noche ya adivino quién vendrá a cenar a casa.

Sydney Pollack se inició en la dirección de largometrajes con esta peli hoy prácticamente olvidada. Cuenta las peripecias de Alan Newell (Sidney Poitier), un estudiante de psicología voluntario en un teléfono de la esperanza de Seattle que hace todo lo posible por evitar la muerte de Inga (Anne Bancroft), que le ha llamado para tener con quien hablar mientras hacen fatal efecto los barbitúricos que ha tomado. A lo largo del metraje descubriremos, a través de flashbacks bien concebidos, sus razones para quitarse la vida. Paralelamente asistiremos al inaudito despliegue de servicios públicos que se pone en marcha para localizarla y evitar que la conversación telefónica que sostienen termine con un último aliento. El tema de la película es, pues, el suicidio. El contexto es una de las ciudades más progresistas de EEUU a mediados de los 60 y se nota. The Slender Thread comienza con unos planos aéreos de lo que quedaba entonces de la 21 Century Exposition, que para celebrar el progreso y los avances de la ciencia había tenido lugar en Seattle, la ciudad natal de Jimi Hendrix -ese sí que trajo futuro al mundo– en 1962. Con la chispeante música de Quincy Jones de fondo, esas imágenes del Space Needle y alrededores son una alegoría de lo que es un alma humana confusa: edificios raros y atractivos deshabitados, en soledad, como son los pensamientos deformados de quien empieza a perder pie en el océano de las vivencias y siente que la corriente se lo lleva donde no hay retorno.

Tras un arranque lleno de ritmo y tensión en el que se plantea la terrible situación y averiguamos las razones para que Inga quiera quitarse la vida, la película entra en una fase extraña y por momentos anticlimática, debido sobre todo a alguna mala ocurrencia de su guionista de aliterado nombre, Stirling Silliphant, pero a pesar de ello ni nos aburrimos ni la historia se echa a perder, porque Pollack demuestra mucho oficio aprendido en la tele,  y sabe limitar los modismos sesenteros a una sola escena yeyé, con lo que, bueno, no es solo que no haya envejecido esta película, sino que, y esto es lo que más pena me da, parece que en vez de venir del pasado venga de un futuro al que aspiro. 

Porque lo que más me ha llamado la atención de La vida vale más es con qué naturalidad se da por sentado la necesidad de movilizar a tantos servicios públicos por un caso así. Llámenme panoli, pero nuestro mundo ha cambiado y a peor de narices. En una historia que si se rodara hoy en día todo consistiría en un insoportablemente bobo esfuerzo por convencer el uno a la otra de que merece la pena vivir porque tal y porque cual. Sin embargo aquí lo que vemos es a (ojo): telefonistas, policías, bomberos, hospitales, ¡guardacostas con su helicóptero!, hoteleros y por supuesto los voluntarios del teléfono de ayuda puestos al servicio de una emergencia humana sin cuestionarse nada, sin preguntas sobre la pertinencia del gasto inherente, sin que las posibilidades remotas de éxito sean cortapisa para poner en marcha una maquinaria que existe por y para los ciudadanos. Por supuesto que sé que no es oro todo lo que relucía y que en la vida real las cosas no fluirían de esa forma pero esto me ha hecho recordar algo que ya he pensado muchas veces: ¿Se han dado cuenta de que en el cine es a partir de finales de los 70 y principios de los 80 cuando aparece ese tópico que es la resistencia de la autoridad a intervenir en una necesidad individual por falta de presupuesto o por no compensar la cosa para el caso? Esta película es una huella bien visible de un modo de entender lo público y el verdadero estado de bienestar que parece que ya nos ha abandonado para siempre. Por eso, quizá, lo que más me ha hecho reflexionar de esta historia es la perfecta trabazón que Pollack ha sabido hacer entre la compleja red de motivos introspectivos que han llevado a Inga a querer terminar con su vida en apenas 48 horas y el igualmente complejo y enrevesado despliegue humano y técnico que se ha puesto al servicio de su supervivencia en apenas dos horas. El desgarro humano y personal que siente Inga se refleja en el montaje en el preciso sistema de ayuda en el que participan decenas de personas y toda la tecnología disponible. Son los dos filos narrativos de un drama que se resuelve con profesionalidad, el tiempo justo, y una decisión final de Newell, el telefonista que interpreta Poitier, que me deja tan frío y desangelado como satisfecho por lo que representa.

Aparte de todo esto, la película me ha parecido entretenida y muy madura en sus planteamientos teóricos. Y es que los motivos de Inga para suicidarse van más allá del tópico y quedan a la vez clarificados e indefinidos más por alguna circunstancia que vive que por sus propias palabras, que no terminan de verbalizar lo que es imposible decir, que son las razones para dejar de vivir. Pero es que, y ese es el único gran defecto de la película, es complicado hacerse cargo de esas razones. Que en dos días una mujer feliz y realizada se quiera quitar la vida requiere, para que lo asumamos, de más y mejores “argumentos” que los que el aliterante guionista ha podido desarrollar. Además, por mencionar y terminar con los defectos, Pollack no supo o quiso contener a Poitier, que en determinados momentos pierde un poco el oremus actoral, y los demás defectillos formales son todos cosas del yeyé, y los perdono de oficio.

Pero recomiendo mucho esta película. Es emocionante, entretenidísima, Anne Bancroft está para comérsela, Sidney Poitier está para bebérselo y bueno, a pesar de que roce la ñoñez en algún instante fugaz y los medios dispuestos para la producción fueran los justos, es un filme maduro e inteligente de un gran director que empezaba aquí una gran carrera que nos dejaría dos o tres obras maestras y muchas horas de diversión. Buscando información he dado -prácticamente es lo único que hay para informarse en la red- con algunas críticas de la época que, básicamente, la tachan de floja y sentimentaloide. Fracasó en taquilla y está olvidada. 

The Slender Thread, no lo había dicho, se basa en un artículo de Shana Alexander, publicado en 1964 en la revista Life, que a su vez se basa en un suceso real, supongo que parecido al que nos ocupa. No he sabido encontrarlo, porque me gustaría leerlo, pero sí he visto que Katherine, la hija de la periodista, se arrojó desde lo alto y murió en 1987, a los 25 años de edad. Pienso en que cuando ella escribiera ese artículo esa hija suya que luego se quitaría la vida con apenas dos añitos sería el centro de su vida y el alma de la casa y a saber qué cosas más. 

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6 comentarios sobre “La vida vale más (The Slender Thread, Sydney Pollack, 1965)

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  1. Hola tocayo
    Nuestra común amiga Hildy comentó esta pelí no hace mucho. Es interesante visitar las dos perspectivas sobre el mismo objeto.
    Curioso que te acuerdes de Jimi como originario de Seattle; sí, es su ciudad natal, pero, huyendo de «un problemilla», explotó a la fama en Londres y no es raro situarlo entre los músicos ingleses. Por otra parte, comparte con Sydney que fueron muy grandes en los sesenta, ignorardos a partir de los ochenta y, sobre todo Jimi, hoy son grandes otravez. Poitier fue un tiburón que acaparó todos los grandes papeles hasta que sus «hermanos» empezaron a acusarlo de «Tío Tom» y cayó en desgracia. Denzel, años después, tomó buena nota y salpimienta sus papeles con alguno reivindicativo.
    Supongo que para las actuales generaciones Seattle es la capital del grunge,,, y esa pelí también tiene un suicidio.
    ¡Qué grande es Anne! Porcierto -y por quitar hierro- parece que hizo la ruta Hendrix: ella, que no puede ser más «Italiano» se puso ese apellido como alemán y, aquí, nombre de sueca.
    Pollack tiene unas películas bien interesantes pero, cada vez que lo veo como actor, se me amontonan las preguntas.
    Desgarrador ese apunte final.
    Un saludo, Manuel.

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  2. Pues ahora mismo me pongo a rebuscar el post de Hildy. Segurísimo que lo leí en su día y posiblemente me apunté entonces la película, y ya me olía yo la tostada porque mientras escribía sobre ella tenía la sensación de estar repitiendo algo… Pero como yo también publiqué hace tiempo sobre Un retazo de azul, que también es de la cuerda del Tío Tom, pensaba que era por eso el comecome.

    Estuve una vez en Seattle (no pienses que vivo a caballo de las dos orillas, las dos veces que he estado en EEUU son las que te he mencionado) y no veas lo que me costó encontrar una escultura -poco agraciada, la verdad- que hay en la calle, en plena acera, de Jimi dándole a la palanquita de la guitarra. Está por ahí en un barrio de las afueras, no le hacen ni caso porque, es verdad, cruzó el charco enseguida. Cuando yo escuchaba música (ahora apenas lo hago, las razones son espesas) estaba en mi top-top, mientras lo que me rodeaba era el grunge, por cierto. ¡Ay, que me enamoré a lo pagafantas de una grunge a los 15 años y le tuve que comunicar yo mismo el suicidio del otro de Seattle!. Claro que ni le extrañó ni se alteró…. ¡Era grunge!

    En lo de Sidney tienes toda la razón, excepto en que escribes mal el nombre… ¿Has visto que son Sydney Pollack y Sidney Poitier, uno griego y el otro latino? Yo mismo lo he mirado y remirado para comprobar que no metía la pata, pero así son estos anglófonos, que se llaman como quieren.

    Lo de Anne es de otra división. Curioso que mi mente siempre la confunde con Joan Crawford, mucho peor actriz que ella pero que es algo así como su predecesora en pantalla… Hasta hace poco desconocía que eran amigas y me sorprendió saber que le recogió el Oscar por Alma en suplicio, que también mola.

    ¡Saludos dándole a la palanquita!

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  3. ¡HoMyGooood! ¡Enamorado de una grunge a los 15! Eso sí que se merece un capitulo en «Singles» -la pelí, no un disco de un tema por cara-.
    Sobre lo de los nombres anglo es un laberinto bonito; confesión por confesión, yo me quedaba con Sydne Rome ¡Hasta que la muy pérfida escogió a Julio Iglesias!
    ¡Que no pare esa palanquita!

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  4. Me gustó poder ver esta película de Sidney Poitier y cómo trataba el tema de la prevención del suicidio. Me ha dado pena la muerte de Poitier, que para mí tiene una trayectoria y una carrera interesantísima.
    Tiene películas que me gustan mucho como la primera en la que tiene un papel protagonista: Un rayo de luz, o la maravillosa Donde la ciudad termina, tengo gran cariño a Los lirios del valle y fue un placer descubrir Un retazo de azul gracias a Manuel. Tengo muchas ganas de ver y conseguir Un lunar en el sol. Para mí lo que significa la aparición de Poitier en el cine de los cincuenta y el análisis y los matices de muchos de sus personajes explica y dibuja aspectos sobre un periodo determinado de la historia de EEUU. Es un intérprete con el que he disfrutado de muchos títulos (por supuesto lo más recordados también Fugitivos, En el calor de la noche o Adivina quién viene esta noche).

    Beso
    Hildy

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  5. ¡Mi querida comisaria!

    Como le decía al tocayo, mientras redactaba esta entrada tenía un deja-vu raro, y claro… ¡Es que ya la habías hecho tú y ahí me apunté la peli! Soy un desastre memorístico y con tu entrada ya estaba dicho todo lo que había que decir.

    Cambio de tema: ayer estuve en la exposición de Kubrick y debo felicitarte de verdad de la buena. Visito muchísimos museos y exposiciones porque tengo una artista en casa y aquí el arte es religión y el microgénero literario «parrafadas de museo» lo tengo más que trabajado y por lo tanto hablo con criterio. Tus textos son absolutamente perfectos en su equilibrio de la cantidad, la calidad y el enfoque de la información. Ni sobre ni falta nada y créeme que te hablo con conocimiento de causa y total objetividad.

    Además, por supuesto, la exposición es una pasada, mucho más de lo que esperábamos. Y me hice un selfi con mis dos amigas del pasillo… ¡Qué más puedo pedir!

    Vi por allí a una chica comprobando cosas y pensé que podrías ser tú, así que me acerqué a saludar pero no, era la coordinadora. Fue muy maja y me dejó un dossier de prensa, que supongo que también será cosa tuya en parte y que también está estupendo.

    De nuevo, muchísimas felicidades por tu trabajo. Supongo que está siendo un éxito, por lo menos cuando yo fui aquello estaba de bote en bote. Y también aprendí mucho, por ejemplo que la mujer de Kubrick es la sobrina del director de El Judío Süss, cuyo apunte tengo por ahí en la nevera… Y además de todos los objetos originales, entre las cámaras que hay nada más entrar me enterneció ver una eyemo portátil, que son las que usó Wellman ya en 1926 para montar en los aviones en Alas… Bueno, y muchas cosas más, como decirme… ¡pardiez, en ese traje ha estado metido Sir Laurence Olivier!

    Un abrazo muy fuerte, y ojalá que de todo en lo que te metas salgas tan bien.

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  6. Queridísimo Manuel, qué manera más bonita de empezar la mañana con tus palabras. ¡Me has alegrado el día! Mil gracias. Y cómo me alegro que te gustara la exposición. Y qué bueno que algún dato vertido te resultara interesante. ¡Ay, la vitrina de las cámaras y los objetivos me chifla! Me has hecho feliz. Y hay una carta de Sue Lyon que me causa una ternura increíble donde cuenta a Kubrick cómo le va años después de Lolita. Sí, hay objetos y curiosidades que me encantan. Por ejemplo, yo adoro a Saul Bass, y hay una carta por el tema de los carteles de El resplandor ¡que firmaba su nombre y luego dibujaba un pez! ¡Hay dos coordinadoras y son ambas un encanto, qué bueno que hablaras con una de ellas! ¡Yo también ando detrás de ver algún día El Judío Süss! Hay unos documentales interesantísimos sobre el cine alemán durante el nazismo, y ahí vi varias secuencias de la peli. Los documentales son de Rüdiger Suchsland y se titulan: De Caligari a Hitler: German Cinema in the Age of the Masses y Hitler’s Hollywood – El cine alemán en la era de la propaganda.

    Beso y te agradezco en el alma tus palabras
    Hildy

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