Actriz de cine (Eiga joyû, Kon Ichikawa, 1987)

En 1987, a menos de una vida de distancia de los hechos que narra, Kon Ichikawa rodó un guión suyo y de Kaneto Shindo que cuenta la historia de la grandísima Kinuyo Tanaka hasta el rodaje de La vida de Oharu, de Kenji Mizoguchi, en 1951. La voz en off que la interpreta dice algo así como entonces dejé de ser actriz y me convertí en mujer y termina de forma abrupta cuando asume su edad rodando una escena caracterizada como Oharu ya vieja y repugnante. Es un final extraño; en estos últimos minutos se acumulan además algunas mentiras que rechinan en un film que hasta entonces ha tenido un carácter casi documental y desde luego documentado. Tengo la sensación de que había planificada una segunda parte que no llegó a rodarse. O quizá la película se concibió como miniserie -dura más de dos horas- a la que le falta un tercer capítulo… No lo sé. Me parece inaudito que, además de afirmar la Tanaka en off que tras Oharu se separaría su camino del de Mizoguchi, pues hicieron varias películas más juntos, obras maestras además casi todas, ni siquiera se mencione su carrera como directora de nada menos que seis películas, y ninguna mala y varias buenas. Esta omisión de su trabajo en la madurez hoy en día les costaría a Ichikawa y Shindo ser fusilados al amanecer, pero quiero suponer que esto, junto al drama de su muerte temprana por un maldito tumor cerebral, se ha obviado no por descuido machista, sino porque podría haber intención, como digo, de contarlo en otra película que nunca fue.

Una vez despojados de esta pequeña carga que supone su mayor defecto, creo que ya podemos hablar de Actriz de cine fijándonos en lo que nos gusta o interesa de ella, que no es poco. En primer lugar hay que mencionar su extraño guion, que aunque la hace algo artificial, y a lo mejor poco divertida para quien no tenga interés en los hechos reales, la convierte en una pieza narrativa muy peculiar y extravagante. Y es que todo el film es una especie de pequeño ensayo introductorio a la historia del cine japonés puesto en imágenes. Es una suerte de documental dramatizado. En paralelo a las escenas que protagonizan Tanaka y quienes pueblan su vida, de vez en cuando se insertan explicaciones documentales con imágenes de archivo o de películas antiguas, en las que se narra la llegada del cinematógrafo a Japón, y su posterior desarrollo hasta la ocupación yanqui.  Se cuentan por ejemplos detalles sobre su industria, lo compleja que fue la implantación del sonido, el sometimiento de la industria a la propaganda imperialista… Por ese motivo, esta película es una estupenda manera de introducirse en este fascinante universo del cine viejo y nipón, y solo por eso merece un visionado de quien sienta simpatía por él.

Pero es que, además, muchas de las conversaciones que mantienen los personajes entre sí llegan a lo artificioso, pues parecen estar en un congreso de críticos más que charlando entre amigos o familiares. Por ejemplo cuando Ozu, que tiene un breve papel, comenta las novedades estéticas del cine europeo y norteamericano con otros colegas cuyo nombre no se menciona, pero podrían ser sus compañeros de escritura Kogo Noda y Tadao Ikeda. De la misma forma en conversaciones familiares se explican los vaivenes de la producción en Shochiku, o los rumores que circulan por la industria, que se dicen tal cual los leeríamos en cualquier tocho de Historia del cine. 

¿Convierte todo esto a Eiga joyû en una película aburrida o pedante? ¡NO! Si le interesa a usted la historia del séptimo arte, se va a hartar de metacine. Si no le interesa nada de esto ni le importa quién es Kinuyo Tanaka pues debe de ser un poco idiota, perdiendo el tiempo en leer este texto. La película, sin ser una obra maestra, ni siquiera un gran film (ay Kon Ichikawa, con lo que tú eras) es desde luego interesante y entretenida. Si se conoce el contexto por verlo representado y, si no es así, por descubrirlo.

Porque es eso, el contexto, el mundo en el que se hizo mayor Kinuyo Tanaka, es el mismo en el que Ozu desarrolló su genio, y por eso he decidido hacer este apunte, a modo de paréntesis, porque esta olvidada película de 1987 nos deja quizá la única oportunidad de poner, si acaso por unos minutos, imagen a ese cine ilusionado y brutal de los estudios de Shochiku en los años 20 y 30. Ya hemos comentado en textos anteriores de este especial Ozu alguna anécdota sobre el peculiar sistema de producción de los estudios de la ciudad de Kamata en los que se rodaron casi todas las películas de las que hemos hablado hasta ahora. En Shochiku, y supongo que en otras productoras pasaría lo mismo, todo el proceso de producción estaba jerarquizado manu militari. Las decisiones últimas eran siempre de los jefes, como en Hollywood, con la diferencia de que, al ser un sistema más cerrado y especializado, había más confianza en la tarea de los técnicos y creativos. Esto se ve en la película cuando Hiroshi Shimizu -luego hablaremos de él- quiere impedir que Tanaka haga su primer protagonista para Heinosuke Gosho (La bailarina de Izu, de 1933, aunque las fechas no cuadran con la realidad pues Tanaka y Shimizu estuvieron juntos antes de esa fecha) por celos o por lo que sea. Entonces el mandamás de Shochiku se niega en redondo, y sigue el criterio de Gosho, porque es el director especializado en ese género y quiere a Tanaka.

Esto es una anécdota posiblemente irreal, en todo caso imprecisa, pero que muestra cómo funcionaba esa industria, que producía films con un equilibrio muy peculiar entre creatividad y formulismo. Por esto no tiene mucho sentido preguntarse si Ozu -o Naruse, o Shimizu, o Sadao Yamanaka… – era un “autor”. Realmente ocupó como los otros, tras unos años de formación, un puesto que le permitía escribir y rodar sus propias historias a su manera, porque precisamente ocupaba el puesto de quien escribe y dirige ese tipo de historias de esa manera. Esto contrasta con otros elementos de la industria, como los actores y actrices que, salvo las rutilantes estrellas, eran tratados como meros jornaleros que iban cada mañana a ver si tenían trabajo. 

Fue una industria muy especial en una época muy convulsa para Japón, que incluye el aperturismo de los 20, la Gran depresión y el imperialismo de los mediados 30. Era una forma de arte además en principio desprestigiada, pobretona, carente de medios técnicos solventes y que sin embargo, precisamente por su precariedad económica y su desprestigio social, estaba formada por gente con más ilusión que dinero, casi todos jóvenes y creativos, dispuestos a sacrificar esos años de juventud por crear algo que, ellos lo sabían, merecía la pena. Todo esto queda muy claro viendo Eiga joyû, y además me ha servido para confirmar algunas cosas que desconocía antes de verla, pero que me las barruntaba. Cuento una.

No me voy a extender en destripar más la película, pero sí quiero mencionar a Hiroshi Shimizu, un director cuyo trabajo es muy estimado por estos lares, que merece un redescubrimiento a su altura, pero que ya había leído por ahí, y he comentado por aquí, que era un poco gilipollas. Kinuyo Tanaka estuvo casada con él, o rejuntada como refleja la película, no lo tengo claro pero poco importa, entre 1927 y 1929. Como decía arriba, hay algún error no sé si voluntario en el film, pues realmente ella empezó a protagonizar mucho después de dejarle. En cualquier caso en Actriz queda reflejado el carácter despótico y caprichoso de Shimizu, que confirman quienes le conocieron, aunque por otra parte fue uno de los mejores amigos del muy sensato Ozu, así que, supongo, su personalidad debía tener más aristas que las que su oronda figura refleja. 

Actriz de cine parece estar dividida en dos partes, como decía antes, y por eso rumio la idea de que fuera concebida como una miniserie de tres capítulos. La segunda cuenta su relación con Mizoguchi, y es muy interesante también pero nada comentaré de ella. La primera es la que nos interesa aquí en el especial kanreki de Ozu, que son sus años en los estudios de Kamata. Como es la única película que yo conozca que los evoca en imagen, esos platós, su ambiente y a sus pobladores, me ha parecido interesante traerla, hacer un pequeño paréntesis en la filmografía de Ozu justo después de El hijo único, que fue, como dijimos, la última cinta que se rodó en ellos, pues no estaban preparados para el sonido. Con el abandono de estas naves acristaladas en las que el calor y el frío eran insoportables, en las que se trabajaba noche y día, de las que apenas salían sus habitantes para adormecer con alcohol la fatiga y alumbrar ideas nuevas, terminó definitivamente este momento único de la historia del cine en el que estos locos orientales se empeñaban en hacer cosas occidentales rodando sin sonido cuando ya en todo el mundo las películas eran habladas.

Para terminar, y para los fans de la grandísima Kinuyo Tanaka, (o Tanaka Kuniyo, no olviden que así se nombran entre sí los japoneses) a la que nunca rendiremos la suficiente pleitesía, les dejo esta muy interesante y completa conferencia de Irene González López para la Fundación Japón Madrid en la que podrán completar toda la información que le falta a la película de hoy, así como escuchar esa famosa anécdota que cuenta que el día que Tanaka se hartó de Shimizu le meó el tatami y se fue para siempre jurándose que jamás volvería a vivir con hombre alguno, y así fue. 

Esta entrada forma parte del Especial kanreki de Yasujiro Ozu

Todas las citas literales de Ozu, salvo que se indique lo contrario, están extraídas de La poética de lo cotidiano. Escritos sobre cine de Yasujiro Ozu, traducido por Amelia Pérez de Villar y editado en Gallo Nero. o bien de Antología de los diarios de Yasujiro Ozu, Edición a cargo de Nuria Pujol y Antonio Santamarina. Filmoteca de la Generalitat Valenciana.

Si menciono a Antonio Santos suelo referirme a lo leído en su monografía sobre Yasujiro Ozu editada por Cátedra.

Se pueden consultar la ficha de cada película y otros análisis en IMDB, Filmaffinity y Letterboxd.

En inglés se puede leer el análisis técnico de David Bordwell de cada película legal y gratuitamente de su libro Ozu and the poetics of cinema en este enlace.

En Internet Archive hay algunas películas de Ozu que no se pueden encontrar en las plataformas habituales.

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5 comentarios sobre “Actriz de cine (Eiga joyû, Kon Ichikawa, 1987)

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  1. Hola tocayo
    Tiene pinta, como comentas, de que le falta la parte «Directora de Cine». Pero, porotraparte, después del «tratamiento tatami» ya cumple -casi- todos los sueños húmedos de sus fans.
    Curioso el almacén-pajarera en el que trabajaban. Imagino a «algún» critico valorando las variaciones en tonalidad de determinada escena; en realidad sólo pasaba una espontánea nube negra.
    Un saludo, Manuel.

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  2. Hola tocayo,
    ya sabes tú que esas pajareras eran lo habitual en la época del cine mudo, para aprovechar la luz solar y ahorrarse unos yenecitos en el recibo de la luz.
    No solo confusas nubes negras podían crear confusión, tampoco es raro ver pelos o papeles agitados por una corriente de aire o, como comenté en otra pasada, el triste vaho del frío.
    Un saludo, tocayo

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  3. Qué interesantes como siempre sus dos Ozu-posts, éste y el de El hijo único, que es cierto que es una película muy especial aunque creo que no la había pensado como película bisagra hasta haber leído su post. Sobre ése poco tengo que añadir a lo que comenta, realmente aporta tanta información en sus Ozu-posts que es un placer leerle si bien apenas creo poder comentar nada mínimamente interesante a su lado.
    Sobre este filme que comenta aquí, me resulta curiosísimo porque no sabía ni de su existencia, y es que por lo general la carrera de los cineastas japoneses de los 60 suele ser tan floja pasada su edad de oro que apenas la he explorado – Imamura sería la excepción. Sin ir más lejos, Ichikawa tiene una filmografía que combina obras maestras antibélicas como Fuego en la llanura conviviendo con… una película sobre el ratón Gigio. ¿No es maravilloso?
    Me ha resultado muy interesante leer lo que desgrana de este filme por un motivo añadido y es que dudo que nunca lo vea, ya no solo porque no sea gran cosa sino porque tengo alergia a los biopics, especialmente cuando tratan de gente que conozca mínimamente. Es una manía personal, cuando tratan sobre gente o artistas que conozco poco disfruto mucho más de la película, porque al saber poco de ellos me enfrasco mejor en que es una ficción y me da igual su conexión con la realidad. Pero ver en una película a un tipo haciendo de Shimizu o de Ozu se me hace raro, me cuesta entrar en el juego, así que a no ser que el filme en cuestión sea excepcional prefiero quedarme con documentales… o con extensos posts en que un amable crítico/blogger ya desglose lo más interesante de la película para mí.
    Un abrazo y gracias por el descubrimiento y los datos que ha rescatado de esta rareza.

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    1. Hola Doctor!

      Pues no se preocupe por quedarse sin verla. Desde el punto de vista artístico no se pierde usted nada excepcional, y si le dan alergia los biopics, cosa que yo casi comparto -no los rechazo de plano pero me interesan según y cómo- hará bien en aparcarla. Creo que la descubrí viendo la conferencia que pongo abajo hace unos meses, y aunque la he visto «obligado» por querer incluirla en el especial, me alegro de su visionado, porque no sé si habrá otra en la que se reproduzca el sistema de trabajo de aquellos años en los estudios de Kamata.

      De hecho es cierto que es un biopic, pero realmente el personaje de Tanaka es casi una excusa para informarnos -ya le he dicho que es semi documental- sobre aquellos tiempos primero y sobre la personalidad de Mizoguchi después.

      Me alegro de resultarle útil y ahorrarle visionados. Aproveche ese tiempo para prepararnos un especial sobre el ratón Gigio.

      Un abrazo.

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