Películas que presumen de Ozu (quinta y última parte)

Una familia de Tokio (Tokyo kazoku, Yoyi Yamada, 2013)

Dijo Jordi Costa sobre Una familia de Tokio: Es tan difícil enfadarse con esta película como amarla con pasión. Creo que es una frase extremadamente certera porque apunta hacia la cualidad -otros dirán el defecto- más evidente de esta segunda versión de Cuentos de Tokio, que es su medianía. No es una película ni muy mala ni muy buena, ni pretenciosa ni mediocre. Repite la historia de Ozu, pero sabe hacerla diferente. Homenajea el estilo de Ozu pero no se recrea en él… En todo se queda a medias, en ese término medio que decía el otro que no es la mitad, sino la distancia mayor del exceso y del defecto.

Por eso, como suele ocurrir con quienes habitan la equidistancia en otros aspectos de la vida, creo que pasa más desapercibida de lo que merece, por lo cual la sitúo en este caprichoso ránking bastante arriba, por encima de películas que son mejores que ella, seguramente, pero me parece justo premiar por una vez esa medianía tan denostada.

Una familia de Tokio es, como decía, una nueva versión pura y dura de Cuentos de Tokyo. Con alguna leve variación, como que la Noriko de 2013 no está viuda, sino que es la novia del benjamín, es la misma historia con las mismas subtramas y comienzo, nudo y desenlace. Uno espera viéndola alguna sorpresa, como que muera otra persona al final, o no muera nadie, pero Yoyi Yamada no juega a eso, sino, simplemente, a repetir de forma más respetuosa y desenfadada lo que había hecho Ozu 60 años antes. 

Ozu era un director -sobre todo en su cine sonoro- de películas familiares. Para eso le tenía contratado la Shochiku y eso es lo que terminó haciendo mejor. Cuando se le reprochaba esa insistencia en los mismos temas y estilo él siempre contaba que era como un cocinero especializado en hacer tofu, que solo trabaja ese producto, pero que intenta hacerlo mejor que nadie. En Japón su público iba a ver sus películas para ver un drama familiar, no para contar la duración de los planos ni calcular el ángulo de tiro de su cámara o el número y significado de los planos-almohada. Es decir, el público de Ozu, el de su tiempo, iba a ver unos conflictos cercanos entre hijos, madres y prometidos a los que echan del trabajo, o no se deciden a casarse o se hacen viejos o se pasan con el sake. Y Ozu lo hacía genial, porque tenía mucho éxito hasta que, es verdad, empezó a pasarse de moda ya al final de su carrera que, macabra suerte la suya, creo que quedó interrumpida en un buen momento.

Pues bien, eso mismo que iba a ver el público de la época de Ozu es lo que Yamada, hay que reconocerlo, ha replicado de forma impecable. Su película es una dramedia familiar con momentos de risas, momentos de lágrimas y pequeñas o grandes tragedias cotidianas ¿Que es un film casi televisivo, algo así como un muy buen capítulo piloto de una serie popular? Efectivamente, pero es que eso eran las películas de Ozu cuando no había series populares (en la tele)

A pesar de su humildad y moderación, sin querer cargar las tintas Una familia en Tokio sí mantiene alguna seña de identidad visual para satisfacción de los amantes del viejo maestro. Con habilidad, y compensándolo con mucha agilidad en los diálogos, Yamada usa muchos encuadres típicos de Ozu, aunque no tan elaborados compositivamente para no distraer de las conversaciones, que son lo importante. Los personajes, con la excepción quizá del abuelo, que aquí es más cascarrabias que el que interpretaba Ryu, representan los mismos roles sociales que en la antigua. De hecho, algo que puede llamar la atención de la nueva es que resulta demasiado conservadora, por decirlo de alguna forma. No creo que en la sociedad pequeñoburguesa tokiota de hoy en día siga ocurriendo que los hombres no mueven un dedo en casa. 

Esta película, por cierto, dio origen a una especie de saga protagonizada por los mismos intérpretes en distintos papeles. Solo he visto la primera, Maravillosa familia de Tokio, y es peor que esta, pero muy simpática.

Still Walking (Aruitemo, aruitemo, Hirozaku Kore-eda, 2008)

De entre las películas que he visto que son un obvio homenaje, completo o parcial, al cine de Ozu, esta es sin duda la que mejor me parece, y la que mejor recoge el espíritu del maestro sin caer en la obviedad o el mimetismo. A diferencia de lo que ocurre en cada plano de Columbus o en momentos puntuales de La soledad o de Buffalo 66, por mencionar otras de las que hemos hablado en esta pequeña serie,  podría ser que alguien, incluso habiendo visto dos o tres películas de Ozu, no cayera en la cuenta del homenaje. Sin embargo, para quien conoce bien al maestro, y a su cine, ya el primer plano de la película nos lo comunica con una imagen aparentemente irrelevante pero fundamental para comprender lo que sigue.

Un rábano y una zanahoria abren la película, y Rábanos y zanahorias (Daikon to ninjin) es el título del guión que Ozu dejó escrito y que iba a ser la siguiente película que la enfermedad le impidió dirigir. La rodó en 1965 Minoru Shibuya y por cierto que he conseguido una copia pero por desgracia sin ningún tipo de subtítulos. Si alguien me consiguiera unos en cualquier idioma traducible le enciendo tres varitas de incienso. Con un rábano y una zanahoria siendo lavadas y preparadas por una madre y una hija Kore-eda, pues, lo dice todo sin decir nada. Además de eso hay un joven ahogado en el núcleo mismo de toda la trama, lo que remite, más indirectamente, a la tragedia de Había un padre. 

A pesar de esa manifiesta intención evocadora, el genio de Kore-eda se despliega con inteligente delicadeza, pues no abandona ni su estilo ni el que requiere el tiempo en el que rueda. Es capaz de generar las mismas ideas y emociones que las mejores películas de Ozu sin recursos fáciles pero sin dejar que algunos detalles, como esos trenes rojos que a veces atraviesan la pantalla generando una emoción muy especial o esa especie de toalla o pañuelo que cuelga el abuelo y que homenajea a los tendederos de Ozu, provocando la llegada de la mariposa amarilla que protagoniza una de las escenas más hermosas del film. De hecho, esta película parece más de Naruse que de Ozu, por la sencilla naturalidad con la que todo se desarrolla, y en el fondo, aunque hablemos aquí de ella en relación con Ozu, como al final viene a concluir su historia familiar, no pasa nada porque se olvide a Ozu, como ocurre con los abuelos de Still Walking. Que todos tenemos la obligación de vivir y dejar huella, pero también el deber de morir con la escoba que pueda borrarla en la mano. 

Still Walking sucede, excepto su epílogo, en unas 24 horas. Es un día en el que la familia se reúne para recordar al primogénito muerto hace 15 años, cuando se ahogó en el mar intentando salvar a un chaval. Viene la hija con su marido-cuñado prototípico, y viene Ryo, el segundo varón, que se ha rejuntado con una joven viuda madre de un crío, Atsushi, que a pesar de ser el convidado de piedra tiene los ojos que mejor ven lo que le rodea. El abuelo es un cascarrabias jubilado, la abuela una mujer destruida por el luto y la mejor sonrisa, el hijo que sobrevive un parado que no quiso ser médico como su padre esperaba, y que huyó de su responsabilidad heredada del primogénito muerto. Hay otros pequeños dramas, personajes, fotografías y plantas, todos pertinentes, todos necesarios y fugaces o viceversa.

Sin sacarnos apenas de una casa -para llegar a ella, como a la tumba del hijo muerto, hay que salvar un desnivel terrible que la separa del mar asesino y purificador- Kore-eda nos lleva y nos trae por las miradas, los pensamientos, los reproches, los deliciosos alimentos, las sonrisas falsas, las pequeñas maldades y esas anécdotas inolvidables que con el tiempo confundimos y deformamos y de inolvidables pasan a ser chistes algo siniestros que hacen llorar.

Esta entrada forma parte del Especial kanreki de Yasujiro Ozu

Todas las citas literales de Ozu, salvo que se indique lo contrario, están extraídas de La poética de lo cotidiano. Escritos sobre cine de Yasujiro Ozu, traducido por Amelia Pérez de Villar y editado en Gallo Nero. o bien de Antología de los diarios de Yasujiro Ozu, Edición a cargo de Nuria Pujol y Antonio Santamarina. Filmoteca de la Generalitat Valenciana.

Si menciono a Antonio Santos suelo referirme a lo leído en su monografía sobre Yasujiro Ozu editada por Cátedra.

Se pueden consultar la ficha de cada película y otros análisis en IMDB, Filmaffinity y Letterboxd.

En inglés se puede leer el análisis técnico de David Bordwell de cada película legal y gratuitamente de su libro Ozu and the poetics of cinema en este enlace.

En Internet Archive hay algunas películas de Ozu que no se pueden encontrar en las plataformas habituales.

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5 comentarios sobre “Películas que presumen de Ozu (quinta y última parte)

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  1. Querido Manuel, qué serie tan hermosa te has marcado. ¡Cómo disfruto con el cine de Kore-eda! Still Walking fue una de las primeras películas que vi de él. Luego también se ha vuelto uno de mis imprescindibles.
    La otra película de este artículo también la vi en su día y sí es cierta la frase de Jordi Costa.
    De tu texto anterior, te diré que Kaurismaki es un director que me llega un montón… y que precisamente le descubrí cuando estrenaron acá La vida de bohemia. Su sensibilidad especial me toca. Desde ese momento, ya no le he abandonado. Iba viendo todo lo que estrenaba y a la vez rescaté las obras anteriores de La vida de bohemia.
    En fin que me da penita que haya terminado este ciclo.
    Beso
    Hildy

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    1. Muchas gracias Hildy, querida.
      Me alegro mucho de que te haya gustado este ciclo tan improvisado. A mí por suerte o por desgracia aún me queda bastante Kaurismaki pendiente; es otro defecto de esos que me vienen genial porque implican disfrute futuro.
      Un besazo

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  2. Hola tocayo
    Ya tienes que querer bien poco a tu festival para dar el premio a un peli que es la fotocopia de otra ¡con qué soñarán las espigas salvajes!
    Tras la lección geométrica que nos has dado, he pensado que un punto medio entre los dos ejemplos de hoy sería «Una pastelería en Tokyo» que, sin tener mucho que ver con Ozu, comparte muchas virtudes con ambas.
    Un saludo con crema de rábanos y zanahorias. Manuel.

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    1. Hola tocayo,
      me apunto Una pastelería en Tokio, porque no la conozco. Sé que elegir como segunda clasificada a una peli tan normalita como Una familia de Tokio parece ensombrecer injustamente la calidad de otras mejores que han quedado por detrás pero, como explico arriba, creo necesario reconocer ese valor que tiene ella y ninguna de las otras, que es ser una película popular, nada pretenciosa, que está dirigida a un público medio. Porque eso eran las pelis de Ozu, obras de arte muy populares y nada pretenciosas, aunque a nosotros nos parezcan raras o artificiosas.
      Ya vi por cierto Rábanos y zanahorias, o mejor dicho, me la comí crudita y sin subtítulos legibles.
      Un abrazo!

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  3. Hola otravez
    No me refería a ti; en el cartel se ve que la peli se presentó en la Berlinale y que le dieron la «espiga de Oro» en la Seminci. Festival que comenzó siendo Semana Internacional del Cine Religioso… y no digo más ná.
    Si no has visto «Una pastelería en Tokyo» te la recomiendo, es de esas pelis falsamente pequeñas muy fáciles de disfrutar.
    Un ¡OH! gigante de admiración por ver «Rábanos y Zanahorias» sin subtitulos; creo que podrías ver «una pastelería en Tokyo» en ayunas y ya sólo te quedarían diez trabajitos para igualar a Hércules. Salud.

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