El 12 de diciembre de 1963 Yasujiro Ozu tuvo tiempo de escribir en su diario, antes de morir: hoy es mi cumpleaños. Ha transcurrido el mismo tiempo desde aquella lacónica anotación que el que pasó su autor en el mundo: 60 años exactos. Que el hombre que homenajeamos terminara su vida con una frase tan precisa y sincera como inútil y obvia es el ejemplo último de lo que, al final del camino, podemos decir de él y de su obra. Su cine fue también claro y sencillo por popular, pero es muy complicado desentrañar sus peculiaridades formales, su belleza que emerge de lo cotidiano y el sutil sabor a veces amargo, a veces dulce, nostálgico siempre, que dejan sus películas. Esta contradicción se suma a otras que hemos ido constatando al revisar tanto sus obras como las de aquellos que le admiran y se animan a emularlo: ¿es un formalista o un artesano? Él se declaraba lo segundo, pero su forma de trabajo y la línea de estilización formal y la progresiva complejidad de sus composiciones visuales invitan a defender lo primero.
Y más paradojas: era un autor popular de películas populares a sueldo del estudio más popular de su tiempo y, sin embargo, sus mismos compatriotas percibían su cine como algo distinto. Por ejemplo, su resistencia a los avances técnicos y formales que procuraban tanto los adelantos tecnológicos como la evolución de la gramática fílmica a lo largo de sus 35 años de trabajo, otros críticos y cineastas japoneses como Tadao Sato o Masahiro Sinoda han declarado que es anómala en aquellos años de desarrollismo. Y lo mismo dicen de su estilo visual que mucha gente piensa en occidente que debía de ser habitual allí, eso de mostrar la vida a la altura del que se sienta en el tatami o que los personajes hablen de frente a nosotros, o que vasijas, tendederos y pasillos de oficina se adueñen de la pantalla y relativicen el fugaz drama humano de los personajes cuyo espacio comparten. No es así, en el cine japonés solo Ozu seguía este código.
Estaba obsesionado con crear belleza y con alcanzar su propio canon cinematográfico que sabía perfectamente que era único, y procuraba depurarlo y gastaba ingentes cantidades de tiempo y energía en preparar guiones, bocetos y composiciones, así como a ensayar y repetir tomas hasta la extenuación y cronometrar cada una para que durase al milisegundo lo que tenía en su cabeza. Perfeccionista hasta el extremo, claudicó una y otra vez, sin embargo, ante las peticiones comerciales de su productora, afrontando proyectos completos que no eran de su gusto. Pero es que fue un hombre perezoso, como atestigua su diario y por ejemplo la desidia que se percibe cuando leemos algún artículo suyo sobre cinematografía en revistas populares. Para él, lo dijo en una entrevista, escribir 400 palabras sobre su cine o el de otros suponía la peor de las torturas y sin embargo solamente hizo pausas en su trabajo, incluso siendo ya rico y respetado, cuando las circunstancias ajenas a él lo impidieron.
Se especializó en cine familiar –homu dorama– y por decenios representó como nadie cada matiz, cada ejemplo, cada valor moral y cada código que regía las relaciones de parentesco de su época, en especial las que se dan entre padres y madres con hijos e hijas, y qué decir de los tejemanejes del matrimonio en todas sus fases. Él, que no formó familia alguna.
En fin, como todos nosotros, Yasujiro Ozu era un manojo de contradicciones y desde nuestra distancia temporal y cultural las paradojas se multiplican hasta el punto de emborronar casi todo lo que se puede decir de él, pues se siente uno tan inseguro juzgando su persona o su arte que mientras más digo y más leo menos me creo y confío en lo que veo o en lo que leo. Solo hay dos verdades absolutas que puedo decir de este hombre de la edad de mis bisabuelos nacido en un país que jamás he pisado: que ya murió y que dejó imágenes. Las imágenes han sido muchas; con 60, una por cada año de su vida y de la nuestra sin él, terminará este especial kanreki al que hemos dedicado estos meses. Sobre su muerte diré lo poco que se sabe.
Yasujiro Ozu siempre llevó mala vida: mucho alcohol, mucho tabaco, demasiado trabajo, poco dormir. En 1959, con 56 años, él mismo se conmina en su diario a moderarse una vez más y a aprovechar el tiempo creativo porque, intuye, le queda poca vida. Ese mismo año sufre las primeras molestias en la garganta que se volverán insoportables en la primavera tardía de 1963, cuando el cáncer le obliga a abandonar sus proyectos para ingresar en un hospital del que ya no saldría. De su estancia allí tenemos alguna anécdota, como que bromeó con el capitoste de Shochiku, Shiro Kido, diciéndole que el drama familiar llega a su fin y que al joven director Kiju Yoshida en mitad del delirio le repitió dos veces esa frase que alguna vez hemos mencionado y que tenemos por emblema en esta casa: el cine es drama, no accidente. También sabemos por su operador habitual Yuharu Atsuta que murió en una mañana soleada y luminosa, como las de sus películas. Lamentablemente este hombre esencialmente amable, trabajador, buen jefe, buen director, buen artista, buena persona, tuvo una mala muerte. Agonizó durante semanas, murió entre terribles dolores y ni siquiera dio tiempo a que en su kanreki llegaran al hospital el actor Keiji Sada y su esposa para darle el traje ceremonial que se luce en ese día especial. En Kamakura, cerca del templo donde se celebró su despedida, sus cenizas lucirán hasta que el mundo le olvide del todo y no importe la ruina de su tumba un kanji: MU, que significa la nada o lo que no es o lo que falta.




























































Esta entrada forma parte del Especial kanreki de Yasujiro Ozu
Todas las citas literales de Ozu, salvo que se indique lo contrario, están extraídas de La poética de lo cotidiano. Escritos sobre cine de Yasujiro Ozu, traducido por Amelia Pérez de Villar y editado en Gallo Nero. o bien de Antología de los diarios de Yasujiro Ozu, Edición a cargo de Nuria Pujol y Antonio Santamarina. Filmoteca de la Generalitat Valenciana.
Si menciono a Antonio Santos suelo referirme a lo leído en su monografía sobre Yasujiro Ozu editada por Cátedra.
Se pueden consultar la ficha de cada película y otros análisis en IMDB, Filmaffinity y Letterboxd.
En inglés se puede leer el análisis técnico de David Bordwell de cada película legal y gratuitamente de su libro Ozu and the poetics of cinema en este enlace.
En Internet Archive hay algunas películas de Ozu que no se pueden encontrar en las plataformas habituales.
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España.

Sublime. Gracias por tanta belleza compartida.
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Gracias a ti por lo mismo.
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Hola tocayo:
Ha sido un placer acompañarte en este trayecto y descubrir tantos ángulos en la visión de Ozu. Confieso que las primeras me dejan indiferente pero su última etapa repitiendo argumentos y utilizando el mismo grupo de actores me parece que destiló su estilo y alcanzó la plenitud. Además supo aprovechar el color para tomar un último impulso.
Gracias por la vuelta a Ozu en sesenta imágenes, Manuel.
PD. ayer vi en YouTube «come and get it» del director de tu «otro ciclo» y hoy esperaba leer tus impresiones. Por incitarte: lo mejor y lo peor del cine de los años treinta en una sola película (que, para mi, nació herida de muerte por la elección de su protagonista, Edward Arnold que es más un característico que actor). Porcierto trata -varias veces- el tema del matrimonio por interés o por amor (¿de qué me sonará?).
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Hola tocayo,
el placer ha sido mío gracias a tu compañía. No solo que comentes y revises, sino que hayas visto tantas pelis de Ozu gracias a mis parrafadas es sin duda lo que más me satisface de haberlas afrontado. Sobre el último impulso que como dices supuso el color para Ozu, en realidad es el «penúltimo», pues la muerte le pilló con la intención de seguir trabajando. Lo siguiente que habría tenido que afrontar hubiera sido el formato panorámico, y me quedo con las ganas de saber si habría alterado mucho su puesta en escena tan pensada para el cuadrado. En fin, la muerte todo se lo lleva.
Sobre Come and get it, vaya susto me has dado, porque no me sonaba de Wellman y efectivamente no es suya, es de Hawks y Wyler oficialmente y no recuerdo haber leído que participase en ella, de hecho es de la UA y Wellman en ese tiempo estaba en MGM. La veré igualmente, porque no la conozco y tiene buena pinta. El bueno de Wellman se ha visto afectado por el ciclo de Ozu, pero mi compromiso de rematar su filmografía sigue incólume, y gracias a Dios no me puse fechas.
Un abrazo agradecido
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Amigo Manuel, mis más sinceras felicitaciones por este especial que se ha currado. Lo he disfrutado muchísimo y ahora me sentiré un poco huérfano al no tener cada domingo una Ozu-lectura pendiente. En sus últimas entradas no le dejé ningún comentario porque por falta de tiempo las he leído como buenamente he podido en el metro y sitios similares (están las cosas tan mal que los genios del mal nos tenemos que rebajar a usar transporte público) pero me han gustado mucho como siempre. Me quedo sobre todo con sus anotaciones en El otoño de la familia Kohayagawa sobre la escena del cementerio, con el comentario tan curioso de Chisu Ryu y su mujer, y la presencia de los cuervos que usted remarca en la captura final. La anterior película por cierto es una de las que me faltan por ver de su edad de oro, y aunque a usted no le entusiasme la acabaré viendo por completismo y disfrutar de ese maravilloso «más-de-lo-mismo» que es el cine de Ozu.
Fíjese que aunque ya leí en su momento su entrada sobre El sabor del sake, volví a rescatarla porque sino me parecía que se quedaba a medias mi itinerario, y me ha hecho gracia ver en los comentarios del post cómo hablaba por entonces de hacer algo especial este año. La verdad es que le ha quedado algo extraordinario y este final con esa recopilación de 60 imágenes es un cierre precioso.
No sé qué añadir a la altura de sus textos, así que simplemente diré que una de las cosas que me hizo pillarle el punto a Ozu con el tiempo fue precisamente lo que me echaba atrás al principio: que sus películas fueran aparentemente tan parecidas entre si. Pero al final esto se acaba convirtiendo en un universo conocido y familiar en el que uno se acaba sintiendo como en casa. Es ponerse un filme suyo, incluso de los menos conseguidos, y ya por el tipo de argumentos, rostros conocidos y sus claras marcas autorales uno siente esa placentera sensación de volver a ver a un viejo amigo o de volver a un sitio en el que lo pasaste bien. Luego uno ya entra en análisis más sesudos sobre su puesta en escena, su estilo, su forma de entender la vida y, claro, acaba entendiendo por qué es uno de los más grandes. Pero antes de llegar ahí creo que es esencial llegar a ese punto de complicidad-familiaridad, que va más allá de todas esas otras cuestiones.
En fin, que me enrollo pero no sé cómo agradecerle tanto esfuerzo con menos palabras y al final acabo diciendo tonterías. Disfrute pues de un merecido descanso, porque ésta ha sido una labor maratoniana… pero no se vaya muy lejos que querremos seguir leyéndole.
Un abrazo.
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Qué hermosa manera de cerrar este dossier sobre Ozu. Casi me he sentido, con esas 60 imágenes, como Toto al final de Cinema Paradiso mientras ve las secuencias censuradas.
Beso
Hildy
PD: espero leerte pronto… después de tu merecido descanso.
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Mi querida Hildy…
Volveré pronto, seguro. Solo necesito unas semanas de no pensar en que tengo que ver, leer y publicar.
Esas 60 imágenes, que he tomado de las mismas capturas que he ido haciendo a lo largo del año, no te puedes imaginar lo fácil que me ha resultado unirlas siguiendo un cierto hilo temático y emocional. Podría haber compuesto otras 60 combinaciones igual de evocadoras, porque el cine de Ozu a pesar de que se repite como el ajo está lleno de sustancia como la cebolla, y en 10 minutos de cualquiera de sus películas es fácil encontrar 5 frases convenientes y 5 imágenes memorables, cuando menos. Eso sí, todos los besos de su cine no dan ni para la décima parte del final de Cinema Paradiso. Esto es algo que aún no sé si se le debe recriminar al puritano Ozu, o si simplemente debo mirar para otro lado.
Un besote con mesura y sin censura
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Mi querido Doctor,
lo primero, le agradezco que me recuerde en el estupendo hilo que a hecho en X o tuiter o como sea. Yo no figuro ahí por alergia al exceso de información, pero le leo y le digo que estoy muy de acuerdo con su lista de las 10 mejores. Yo solo sacaría alguna de ellas (quizá Principios de verano o Crepúsculo en Tokio, tendría que revisar) para meter He nacido pero… que es una película muy especial, de esas que trascienden su misma calidad. Sí coincido con su tríada final. Las revisiones de este año me conducen a opinar que Primavera tardía es la cota más alta del cine de Ozu.
Sobre lo que dice del cine de Ozu como un lugar de reunión, como un espacio conocido… Pues claro que tiene toda la razón. Me preguntaba estas últimas semanas, revisando las últimas películas, si no he perdido la perspectiva, si no habré dejado de ver que el cine de Ozu es rarísimo, muy extraño, para el espectador actual. Es de esas cosas que sé que son así pero que ya no soy capaz de ver. Entro en una peli de Ozu y, como usted dice, es como una segunda residencia, una casa ocupada por líneas, cachivaches y sobre todo personajes que se han vuelto amig@s, vecin@s, familia. Me ha faltado componer un post sobre la troupe de Ozu, sobre los intérpretes habituales de antes y después de la guerra. Secundari@s de estos films se han vuelto un poco familia mía, de hecho me recuerdan a tíos o primos míos y los considero también parte de mí mismo, aunque sea una parte difuminada, antigua.
En fin, basta de cháchara. Volveré, Doctor, no se preocupe. Llegaré en transporte público o en bicicleta o en utilitario japonés, pero estaré de vuelta. El pobre Wellman lloriquea en una esquina, cree que le han abandonado del todo, y se confunde.
Gracias Doctor por todas sus aportaciones, por su labor y su sabiduría. Un abrazo fuerte.
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Rayos, desconocía que también me vigilaba por Twitter, pero celebro no haberlo sabido ayer porque habría sido más temeroso en mis comentarios de las películas de Ozu. En todo caso celebro que secunde mi selección de títulos, y más faltándome algunos por ver de su mejor etapa y otros por revisionar.
Sobre lo que hemos comentado muchas veces de la poca vigencia de Ozu hoy día y su condena al olvido… fíjese en cómo mis tuits-homenaje a Ozu, que tampoco eran nada del otro mundo (solo una selección personal de títulos, no aportaban datos curiosos ni análisis), han acabado teniendo un éxito que no esperaba en absoluto, quizá de lo que más dentro de lo que he escrito por allá… ¡creo que casi nunca he tenido un tuit con más de 1.000 likes! Obviamente sigue siendo una minoría, una parte pequeña de la comunidad cinéfila, pero vaya, que el bueno de Ozu está presente en más gente de lo que podría parecer.
Por último el tema de los secundarios de Ozu es muy jugoso, pero bastante curro se ha dado ya. Si se ha quedado con las ganas siempre puede volver a ello en el futuro en un post aparte, a no ser que Wellman se ponga celoso, claro.
Un abrazo.
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Muchísimas gracias por esto.
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Muchas más a ti por acercarte.
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