La isla desnuda (Hadaka no shima, Kaneto Shindô, 1960)

La isla en cuestión es Sukune, está cerca de Mihara, en la prefectura de Hiroshima. Deshabitada hoy, lo mismo que en 1960, sorprende a vista de satélite lo populosos que son sus alrededores en los que no falta de nada y es por esto, claro, que en ella no hay nada. Solo aprecio unos cubículos que forman un círculo y que podrían ser colmenas.

En este trozo de tierra abandonado rodó durante meses un equipo reducido sin apenas medios económicos en la última oportunidad de salvar la productora independiente, Kindai Eiga Kyokai, con la que Kaneto Shindo hizo la mayoría de sus películas. La empresa estaba en la ruina y el éxito internacional de La isla desnuda la resucitó, como también se repuso al parecer el hígado a punto del colapso del actor Taini Tomoyama, porque cuenta la leyenda -y un biopic sobre él que hizo el mismo Shindo muchos años después titulado El actor secundario, pero no lo he visto- que tuvo que abstenerse durante todo el rodaje del alcohol que estaba a punto de terminar con él. Tomoyama y Nobuko Otowa, por entonces amante de Shindo, luego esposa y en cualquier caso protagonista de la mayoría de sus películas, son los personajes, junto a dos simpáticos niños, de esta epopeya callada premiada en los festivales de Moscú y en Valladolid. Ironías del destino: Nobuko Otowa murió relativamente joven, a los 70 años, por cáncer de hígado, y la mitad de sus cenizas se esparcieron en Sukune.

Quien ha oído hablar de esta obra maestra conoce con certeza su peculiaridad más notable, que es la ausencia de diálogos. Tan solo una palabra pronuncia el padre, un par de canciones populares se entonan por un minuto, y lo demás humano que escuchamos es solo algún llanto desgarrado. El compromiso del director-guionista con esa mudez, que no silencio, es tan fuerte que en ocasiones debe recurrir a cortes extraños en el montaje para que no escuchemos palabras inevitables, o vemos moverse los labios de un sacerdote que no dicen nada, o noticias tremendas que normalmente se gritan con premura y desgarro se demoran o se comunican mediante gestos, miradas y socorridas reverencias niponas. Decía que quien ha oído hablar de la película sabe que carece de diálogos, pero quienes la hemos visto creo que recordamos mucho mejor a dos personajes, el padre y la madre sin nombre, la mujer y el hombre, subiendo enormes cubos de agua para regar no sé si boniatos o nabos o feas zanahorias plantadas en lo más alto del islote. 

De los 96 minutos que dura la película me atrevería a decir que unos 40 consisten en que los dos, o más habitualmente ella sola, sube el escarpado sendero que conduce al campo de boniatos o nabos o zanahorias. En esta isla rodeada por el mar irónicamente no hay una gota de agua dulce, por lo que la rutina diaria consiste en ir con la barcaza a tierra una y otra vez y volver con los enormes baldes llenos del líquido elemento, y subirlos arriba. El esfuerzo de los actores es tremendo. A él se le nota, aunque no nos cuenten lo de la abstinencia de sake, que no es un hombre curtido ni en forma. Ella, Nobuko Otowa, es sin embargo una grácil titana que una y otra vez sube cargada con un peso que con toda seguridad supera al de su cuerpo. Hay quien se aburre al ver La isla desnuda o no la termina, pues especialmente el primer tercio del metraje consiste en poco más que este acarreo de agua. Personalmente, siendo un hombre de secano que ha trabajado el campo, no puedo aburrirme, sino emocionarme profundamente con el trabajo de esta actriz y con esos planos del agua que cae y es absorbida en un instante por la tierra sedienta de esta isla misteriosa.

Esta isla misteriosa nace una película paradójica. Por una parte es absolutamente obvia, simple y limpia. Ninguna retórica conceptual, ni siquiera visual -la isla no es bella, solo son hermosos los planos de la barcaza en el agua, porque es imposible que no lo sean- enturbian una línea argumental simple -aún así no la escribiré para no destripar el mínimo drama que hay- que cabe en dos líneas y que protagonizan unos personajes casi abstractos por su simplicidad. Son músculos en marcha, ojos en guardia, bocas cerradas, poco más. 

Por otra parte, sin embargo, es un film que nos interroga y nos atosiga con sus misterios:

  • ¿Por qué vive ahí esa familia? ¿Es que es suya la isla? Es contradictorio que puedan poseerla de alguna forma, aunque sea un peñasco yermo en la prefectura de Hiroshima.
  • ¿Por qué no hay diálogos? Además de por el evidente ahorro de no llevar equipo de sonido (todo se ha añadido posteriormente) es una decisión, no solo una ocurrencia, pues como decíamos antes la poca artificialidad del film reside en los trucos para evitar la palabra. 
  • ¿Será que esta familia no es real, que son una especie de fantasmas que pertenecen a la isla como espíritus sintoístas?
  • ¿Es una película intelectual, unas ideas y unos tópicos literarios (luego mencionamos el obvio) puestas en imagen, o por el contrario es justo lo opuesto: una llamada de atención sobre la forma de humanidad más básica, prelógica, que es la pulsión por la supervivencia mostrada de la forma más pura, y por eso repetitiva, descarnada y libre de todo discurso?
  • ¿Es esto una loa al trabajo y el contacto directo del ser humano con la naturaleza o, por el contrario, la denuncia de una forma de vida brutal y primitiva que no hemos sido aún capaces de superar?

La relación que los japoneses tienen, o tenían, con la naturaleza, quizá sea lo que más aleja su mentalidad de la nuestra, mucho más que los kimonos, el kabuki y el zen de todo a cien. No sé si el ancestral animismo sintoísta que está en la base de su cultura es causa, o consecuencia, de la manera tan especial en la que este pueblo tan machacado por sus condiciones geográficas, climáticas y tectónicas siente una conexión tan profunda, genética, con la tierra infértil, el agua lejana, las montañas inexpugnables y esas islas inhóspitas a las que imploran su fruto sin exigírselo. Un par de momentos memorables de la película apuntalan esto que digo: uno, cuando tras arrancar una raíz la mujer da con una tierra que conserva algo de humedad, y se emociona. Otro, cuando tras una desgracia se rebela ante la triste vida que lleva vertiendo el agua y arrancando algunas plantas para, enseguida, volver a la rutina de acarreo y digna miseria.

A pesar de lo hermosa y muy emocionante que me parece esta historia, he preferido dar a este apunte un tono frío, moderadamente reflexivo, a vista de satélite. Lo hago porque creo que  hay una especie de traición en poetizar sobre La isla desnuda, por poética, profunda y hermosa que ella misma sea. Además, pensando en que esta historia es el mejor ejemplo que quizá ha dado la historia del cine para ilustrar, incluso visualmente, el Mito de Sísifo, me ha recordado al libro homónimo de Albert Camus, en el que el brillantísimo escritor reflexiona sobre el absurdo de la existencia.

Albert Camus murió –absurdamente por cierto- en enero de 1960, por lo que es imposible que viera La isla desnuda, ni que supiera de la existencia de una película que, muy posiblemente, hubiera podido convertirse en su predilecta. El caso es que Camus, en su conocido ensayo El mito de sísifo al final, tras desarrollar la idea de que el absurdo, el sinsentido, es el único sentido reconocible en lo existente, y que por ese motivo es el suicida el único que se entera de qué va la vida, viene a concluir que lo más que podemos pretender es llegar a ser, o a contemplar, a un Sísifo feliz. Una Nobuko Otowa, por ejemplo, que ha vaciado sus baldes de agua más pesados que ella misma y que, relajados los músculos y mojada la tierra, baja hacia la barcaza, de camino a por más agua surcando de nuevo las aguas. Pensando que quizá volver con el agua, y sufrir de nuevo subiéndola al feo bancal en lo alto de la isla reconforta por su ausencia de misterios.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España.

5 comentarios sobre “La isla desnuda (Hadaka no shima, Kaneto Shindô, 1960)

Agrega el tuyo

  1. Hola tocayo
    De entrada te comento que cada vez que una peli lleva en su titulo la palabra «desnuda» salgo un tanto decepcionado (momento para recordar a la La Bombi y su «porquéserááaaaaa»). A mayores, pones la isla desnuda y «vistes» el islote con lo que parece un proyecto de muralla.
    Aparte de Sísifo me has hecho pensar en «Strombolí» por aquello de pareja en isla árida y hostil.
    Yo he vivido en el campo pero no he trabajado en él por eso me permito dos «pensamientos profundos»: muy buenas tienen que estar esas hortalizas para que les merezca la pena tanto esfuerzo y (tatachaaannn tatachaaaannn) si están solos en la isla ¿qué hacen subiendo y bajando esos cazos?
    No sé si me atreveré a verla, estoy en una etapa que prefiero regarme sólo con comedias.
    Un saludo con crema de boniato y zanahoria, Manuel.

    Me gusta

  2. Hola tocayo,
    como comento arriba, en general el esfuerzo que hacen para cultivar esos boniatos o lo que sea es a la vez absurdo, ridículo si quieres, y a la vez heroico por ciclópeo. Efectivamente uno puede preguntarse muchas cosas, como por qué están ahí o por qué suben al agua arriba -aunque eso es porque arriba es donde viven y además la isla es muy rocosa- pero la misma abstracción que desprende la película nos invita a no preguntarnos tantas cosas.

    Eso sí, ten presente también que aunque en 1960 ya iban tirando, en el Japón rural todavía debían estar quitándose el hambre a guantás, como siempre fue, así que tampoco chirría tanto que sufran así el sustento. Ay la Bombi, que final de la infancia me dio.

    Saludos strombolianos

    Me gusta

  3. Pues al final he pasado otro domingo «japonés».
    Me ha gustado bastante y, por poner un acento que has obviado, creo que gran porcentaje de la peli se debe a una fantástica fotografía.
    Supongo que no será buscado pero los gestos de sufrimiento cuando tienen un madero sobre los hombros -y con los brazos en cruz- a algo nos recuerdan. Incluso hay una caída en su «calvario».
    Y como penitencia por mi «desnudo» comentario respondo a tu primera pregunta (bueno, comparto mi idea): cuando van con los tres fardos -posiblemente de grano- y los dejan ante aquella mirada mezcla de desprecio e indiferencia están pagando al dueño de la isla; con el otro fardo afrontan algunos «pequeños caprichos».
    Saludo, Manuel.

    Me gusta

  4. ¡Qué magnífica reseña de una película tan especial como ésta! Y aquí incluyo tanto sus reflexiones como su labor de investigación vía Google Maps y los detalles que desconocía sobre el rodaje y el actor protagonista.

    Ésta fue una de las primeras películas japonesas que vi más allá de los tres grandes gracias a un compañero de universidad que me la pasó, y me impresionó mucho. Otro film japonés que me descubrió fue precisamente La mujer de la arena, que siendo de estilos y premisas muy diferentes sí tienen en común la idea de Sísifo, que en ese caso venía representado por la tarea absurda de recoger la arena que caía en la casa que siempre acababa cayendo de nuevo. Pero este filme de Shindo creo que es mucho menos alegórico y más físico. Como dices, transmite muy bien el hastío, el esfuerzo físico y esa batalla extenuante contra un terreno tan seco y hostil.

    Un saludo.

    Me gusta

    1. Hola Doctor,

      gracias por sus amables palabras, que me recuerdan que le debo una revisión a La mujer de arena. La vi por primera y creo que única vez hace bastante tiempo, un poco sin referencias -como usted dice- pero me dejó una sensación no demasiado satisfactoria, como de algo muy bueno pero demasiado rebuscado. Quizá si la vuelvo a ver, conociendo mejor ahora tanto a Teshigahara como a Kobo Abe, autor del guion y otras novelas adaptadas por este mismo director, la vea con ojos más dispuestos.

      Un abrazo!

      Me gusta

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Capricho Cinéfilo.

Blog de Fernando Usón Forniés sobre análisis cinematográfico.

Diccineario

Cine y palabras

Pre-Code.Com

Celebrating Pre-Code Hollywood, 1930 -1934, when movies were sexy, smart, complex and a hell of a lot of fun.

sin sentido

opiniones irrelevantes sobre cine y otras cosas

Movies Silently

Celebrate Silent Film

Japanonfilm

beyond Kurosawa, ninja, and Godzilla

cinelibrista

Cosas de libros, cine y series

Insertos Cine

Estrenos, críticas, comentarios de cine y algunas notas sobre las visiones

Cine hasta el amanecer

"Un mundo nuevo no es más que un nuevo modo de pensar"

Esbilla cinematográfica popular

"Forgotten, but not gone"

La mano del extranjero

Blog sobre ficciones del cine, la literatura y el cómic

elcriticoabulico

Crítica de cine informal pero esmerada

39escalones

Reflexiones desde un rollo de celuloide

El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

El Testamento del Dr. Caligari

Web dedicada al cine mudo con reseñas de películas, curiosidades, crónicas del Festival de Pordenone e información sobre Charles Chaplin, Buster Keaton, F.W. Murnau y todos los grandes cineastas de la era silente.

El Gabinete del Dr. Mabuse

Blog de reseñas cinematográficas