Escuchaba el otro día que en EEUU solo se ha estrenado Jurado Nº 2 en cincuenta salas, y se pueden dar con un canto en los dientes porque la idea original era emitirla directamente en plataformas. Ya hace unas semanas, cuando leí en algún sitio que habían renunciado a llevarla a festivales y que por entonces ni siquiera había tráiler disponible, pues obviamente me temía lo peor, que Clint había cerrado su carrera -eso dice él- con un gran tropiezo al pie de la tumba que acabara con él en el hoyo. Un tropiezo de esos que los ves y no sabes si quieres reirte o llorar. Sin embargo viene a mi pueblo la película, privilegio que no habrán disfrutado en alguno de los Estados de la Unión, y salgo aliviado de la sala, satisfecho y con el veredicto muy claro: culpable, aunque no sé si aplicárselo a los abrazafarolas que no quieren distribuirla o al público que desde hace unos años parece haber abandonado a Eastwood cuando no protagoniza él mismo sus películas.
Precisamente de veredictos poco claros trata la historia. Como está en cartelera, reduzco al mínimo la sinopsis: un buen tipo que ha levantado cabeza después de un pasado de alcoholismo y otros disgustos, es elegido para participar en un jurado y el día que comienza el juicio se da cuenta de que, posiblemente, el crimen que va a juzgar fue cometido por él mismo involuntariamente en una noche tormentosa y oscura como su razón el día del accidente de cuyas funestas consecuencias no fue consciente hasta este momento. Como se sabe un hombre justo, procurará en la deliberación que el acusado salga exculpado pero como es un hombre común, y por lo tanto injusto cuando ve en peligro su futuro, no confesará su delito, ya que está empezando una nueva vida en sentido figurado y también real, pues está a punto de ser padre.

La película, pues, se desenvuelve desplegando diversos dilemas morales que se suceden y rebotan de unos personajes a otros, y como en otras ocasiones en el cine de Eastwood la cuestión de fondo es una de las que más le interesan: los límites de la voluntad y la acción individual frente a la debilidad del sistema de valores y su institucionalización en forma de justicia, policía, gran empresa o lo que se tercie. Hace ya unos cuantos, muchos años, que el cine del director de Sin Perdón insiste en un esquema que se repite: el del héroe o antihéroe que involuntariamente se ve metido en un lío del que la ley y la convención social no pueden sacarle, por lo que debe forzar al límite sus propios principios triunfando en ocasiones, claudicando en otras, fallando de vez en cuando. Jurado Nº 2 quizá no sea la mejor de esta serie (de entre las últimas, me quedo con Richard Jewell, que me sorprendió por su fuerza) pero merece el notable sin discusión, y si ha de sellar el cierre de la filmografía de Eastwood, bien cerrada estará. Curiosamente la película termina con una puerta que se abre cuando tenemos tantas razones para pensar que debería haber permanecido cerrada como para desear que alguien llamara a ella. Un poco como me pasa a mí, que tanto quiero al cine de Clint Eastwood, cuando pienso en si quiero que continúe o no trabajando.

Más de cincuenta años lleva levantando películas Eastwood a través de su compañía Malpaso, que es una empresa pequeña de la que viven unas cuantas familias con las que nuestro director lleva trabajando decenios y por las que, quiero pensar, siente la obligación de seguir en la brecha, pues es muy probable que cuando él desaparezca el negocio se venga abajo. Malpaso dicen que casi nunca ha perdido dinero entre otras razones porque Eastwood sabe producir barato y rápido. De hecho tiene fama de rácano y de no invertir un dólar de más en películas pequeñas como esta. Se dice de él que no invierte, por ejemplo, en algo en lo que la gran industria se deja mucha pasta, que es la elaboración y repaso de guiones. Clint compra los libretos que le interesan y dicen sus críticos que le da pereza revisarlos a no ser que tenga algo grande entre manos, como sucedió con Sin perdón, que mantuvo muchos años en el cajón hasta encontrar el presupuesto, el elenco y las circunstancias propicias. En Jurado Nº2 esta desidia se deja ver en que los diálogos tienen poco brillo a pesar de la interesante propuesta argumental, o por ejemplo en que las escenas de deliberación del jurado no solo recuerdan, sino que fusilan directamente algunas frases, réplicas y tipos de Doce hombres sin piedad de la que muchos pensarán, y con razón, que esta película parece una suerte de extensión. A mí no me molesta ese parecido, que quiero pensar que es un indisimulado homenaje al inmortal film de Lumet como toda la película es un más disimulado, acaso involuntario, tributo a Incidente en Ox-Bow, de la que escuché decir a Eastwood alguna vez en algún sitio que es su película predilecta.
Actores con buen oficio y caché asequible -por lo visto Kiefer Sutherland ha cobrado lo mínimo, loco por aparecer en un film de Eastwood-, planos y contraplanos, potentes arcos de transformación de los personajes, cero efectos especiales, luz natural bien gestionada en exteriores, luz hogareña bien traída en interiores, personajes con el recorrido justo que requiere la trama, planteamiento, nudo y desenlace. La consigna de este último cine de Clint Eastwood es evitar las tangentes por las que pueda salirse la trama, el presupuesto o el interés del espectador. En este caso no me parece correcto acudir al tópico de que en su última época su cine se ha estilizado hasta alcanzar algún tipo de abstracción. Hay algo de peso extra, por ejemplo la resolución en varias fases y los flecos sueltos que deja el personaje de J.K. Simmons, algo desaprovechado, quizá cercenado en montaje. Sin embargo la impresión general es de pureza, de estar viendo una película desnuda, pura en su honradez cinematográfica. Hay quien dice que si no la hubiera firmado Clint Eastwood podría pasar por un telefilm de sobremesa por el que nadie estaría dispuesto a pagar entrada. Esos mismos capullos volverán a ella, cuando falte el maestro, para rastrearla con sus ojos relamidos, y no serán capaces de encontrar los restos de un cine cuyo mayor mérito último ha sido, precisamente, mudar la piel y librarse del autor para seguir existiendo como el séptimo arte en su forma más clásica y necesaria.


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Hola tocayo
Antes de nada «helooo agaiinnnn…» (léase como la canción de The Cars)
Me gustaba Clint incluso en sus años más «discutibles»: los años Sondra Locke (no, no creo que vuelva a verlas); este argumento tan «carambolesco» me suena mucho a la serie B/cine negro de los años cuarenta/primeros cincuenta, de hecho no me cuesta imaginarme a Edmond O’Brien en una especie de «Juzgado al llegar, D.O.A.».
Dicho esto: Clint, haz lo que quieras; el cielo de los cinéfilos ya lo tienes ganado y si, además, son más baratitas y fáciles que las de Coppola pues mejor para todos.
¡Qué torero te ha quedado Clint con los dos trofeos (o jurados de escayola, juas juas)!
Un saludo, Manuel.
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Hola tocayo!
me alegro de que compartamos apreciación sobre Clint y su cine, mucho más irregular desde luego de lo que la admiración nos invita a pensar. Muy bien visto lo de su parecido con aquellas b en escala de grises. A lo mejor por eso me ha gustado más de lo que se supone que.
Déjame decirte que la primera razón para volver es no perder el hilo de tu presencia, que los tocayos sabios son un pequeño tesoro que se encuentra, no se puede cultivar.
Un abrazo
Manuel
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Sus comentarios en este blog son divertidos y muy bien escritos. No sé si es porque la gente que ama el cine y el arte en general comparten una especie de extraña sinergia, pero al leer lo que dice de Clint Eastwood en el último párrafo me ha emocionado tanto que casi se me saltan las lágrimas. Y lo peor es que estoy en el trabajo. Menos mal que nadie se ha dado cuenta -de estar leyendo este blog y de la emoción contenida-.
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Hola Juan Antonio!
Bienvenido al tren, o al vagón de comentadores al menos. Muchas gracias por sus amables palabras coincido con usted en esa especie de sinergia de la que habla. De hecho uno de los motivos por los que me puse a escribir por aquí era agradecer de alguna forma esa vivencia especial que usted describe y que encuentro en otros lugares como este, pero mejores.
A no ser que sea usted instructor de los US Marines en vísperas de invadir Granada, no creo que en el convenio colectivo de su trabajo figure la emoción estética como causa de despido, así que si le hubieran pillado llorando espero que no quedaría usted sin perdonar.
Un abrazo
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Hola Manuel,
Aunque no tenía particulares expectativas con la película fui a verla hace unos días en parte porque leí comentarios alentadores de gente fiable pero en parte porque me daba pena pensar que quizá sería la última vez en mi vida que podría decir «me voy al cine a ver la última de Clint Eastwood»… además de que sentía que le debía un mínimo de apoyo al ver la jugarreta que le han hecho en EEUU con la distribución, algo especialmente feo si tenemos en cuenta que Clint ha sido fiel toda su vida a Warner Brothers y durante varias décadas uno de sus valores más seguros en taquilla.
Sobre la película, coincido con usted para variar. Me ha gustado bastante, está impecablemente dirigida con ese estilo clásico parece-que-el-director-no-esté-haciendo-nada-pero-no-es-así, el dilema moral es muy interesante y me gusta que no se desvíe por derroteros innecesarios. Como usted dice, a Clint le gusta alardear de que sus films siempre los acaba en el tiempo y presupuesto establecidos y sus detractores siempre le han acusado de cierta dejadez. Puede que haya algo de eso, pero a mí me hace pensar en esos directores en nómina de los años 30 y 40 que trabajaban a destajo y hacían tan bien las cosas, que creo que es el modelo que sigue Eastwood en sus últimos años. Allan Dwan, que encajaría en esa clasificación, decía que él siempre era feliz dirigiendo películas, y que el día que no pudiera dedicarse a ello no sabría qué hacer. Yo creo que es un impulso parecido el que mueve a Eastwood en estos últimos años, en que sigue haciendo películas no porque quiera hacer algo «grande» o tenga un gran mensaje a transmitir (como es el caso de otros venerables ancianos como Scorsese y Coppola en sus últimos proyectos), sino simplemente porque le gusta hacer cine y, rayos, se le sigue dando muy bien.
Es por eso que celebro esa aparente «modestia» de su propuesta, aunque eso haga incluso más evidentes algunas limitaciones de la película (ese parecido demasiado obvio a Doce hombres sin piedad). Es cierto que el personaje del detective retirado se desaprovecha en lo que uno espera la clásica subtrama de suspense en que al protagonista ve cómo le van a pillar. Pero tampoco me importa, es como si el guion prefiriera podar las ramas innecesarias y centrarse en el dilema principal.
En fin, me he enrollado demasiado y creo que en su último párrafo resume a la perfección lo que muchos pensamos tras verla.
Un saludo.
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Hola Doctor,
como me congratula que se haya animado a verla y que coincida con mis impresiones. En efecto Clint Eastwood parece un director que, en su actitud ante el trabajo, no es que funcione como un señor de su edad, sino como un pionero de una o dos generaciones anteriores a él, como Dwan o Wellman, con el que tuvo su primer papelito de más dos planos justo haciendo de piloto en la última (o penúltima, ya lo hablaremos) del director-piloto.
Sobre lo que dice de la distribución, la verdad es que no lo entiendo. He oído decir que incluso el actual presidente de la Warner o lo que quede de ella ha dicho literalmente algo así como «Warner no le debe nada a Clint Eastwood». Malditos hijosdeputa. Yo no sigo estas cosas de a quién pertenecen ahora las viejas majors, pero últimamente me he encontrado con varias pelis de estreno que se abren con la Warner y la MGM compartiendo cabecera. Es que me da un paralís mental. No sé si serán de Amazon o de Disney o del sursum corda, pero quizá alguien debería, por dignidad y respeto al pasado, y por no atosigar con cartelitos a las gentes del futuro que no saben a qué viene ese león en CGI, hacer desaparecer estar marcas para siempre.
Un abrazo Doctor
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Pero qué alegría su regresoooooo.
Y además con la película de Eastwood, que aún no he ido a verla, pero me apetece bastante.
Dilema moral.
Película de juicios.
Tiene muchos ingredientes que me llaman gratamente la atención.
Y si algo sé de Clint Eastwood… ¡es que nos va a contar bien la historia!
¡94 años, qué tío!
Y haciendo lo que ama.
Beso
Hildy
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Hildy, queridísima,
¡Vete a verla! No te va a cambiar la vida, pero te va a «alegrar el día»
Espero resistir. Un beso muy fuerte.
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Pues diré que tampoco me llamaba mucho (no soy demasiado fan del cine de juicios) y no me dolió demasiado que se me pasara en gran pantalla (creo que además solo venía doblada), pero después de leerte la había dejado apuntada y acá vuelvo a agradecer.
El caso es que la he disfrutado bastante, con sus dilemas de tensión interna y sudores fríos; su examen de un sistema falible desde lo enorme (el sistema) y lo pequeño (el individuo de valores líquidos, egoísmos sólidos y voluntad voluble) pero al que tampoco enmienda en su totalidad (aquello de discutir si Clint es de matices, de dejar cancha al espectador o de ser interesadamente ambiguo).
Como la fiscala o el protagonista con sus compañeros de jurado, la película también te va guiando un poco la mirada hacia donde quiere para condicionarte el juicio (en cuestión de exponer la imposibilidad de probar unos hechos fehacientemente, incluso cuando hay una vida en juego, no he visto nada que supere a la serie ‘The Night Of’). Pero creo que, en conjunto, el peso del drama es hondo y se le extrae bien jugo.
Por Hoult tampoco daba mucho, pero hay buena dirección de actores.
De hecho la prefiero a ‘Richard Jewell’, que me resultó muy burda en su dibujo de tipos humanos/sociales para elaborar su discurso.
Un saludo y disculpa la chapa, pero hacía mucho que no escribía de estos temas.
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¡Dichosos los ojos!
Qué alegría volver a leerte, espero que te vaya estupenda la vida poscrítica o proscrita o la que te hayas agenciado. No solo no he de disculpar la chapa sino que se me ha hecho corta, como me pasaba con tus reseñas, y me ha encantado leer de nuevo. Me gusta mucho lo bien que acumulas ideas y sintetizas en tan pocas palabras, justo lo que yo querría hacer pero casi nunca me sale. Eres un Raoul Walsh de las ideas.
De las que deslizas me interesa lo que dices de la ambigüedad, que parece marca de objetividad o de suspensión del juicio pero, elaborada con la maña que Eastwood sabe darse, puede ser capciosa. Por añadir algo, en ocasiones pienso que es curioso que justo lo opuesto del ambiguo no es el polarizado, sino el equidistante. Al ambiguo mientras más listo mejor le salen las cosas, al equidistante mientras más se lo piensa más se hunde en el fango y con más torpeza.
Sobre Richard Jewell, te comento que volvía verla después de escribir esto porque yo mismo pensé que a lo mejor la tenía sobreestimada y pienso que sí, que por algún motivo en el cine me gustó más de lo que ahora la he apreciado. Sobre los motivos de este cambio, pues no sé si son de orden cinematográfico o de otro tipo, pero tampoco es interesante esto. En cualquier caso sí lleva una carga ideológica -que detesto- a la que quizá no hice caso en el cine y que ahora, viendo lo que está pasando en EEUU, no puedo ignorar.
Un abrazo, artista, y vuelve cuando quieras, que se te recibirá con alborozo en tu casa o en la mía.
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