Una luz en el hampa (The Naked Kiss, Samuel Fuller, 1964)

Qué difícil es empezar a hablar de Una luz en el hampa sin comentar su impactante escena inicial. Haré un esfuerzo y lo dejaré para después. Empiezo con otro clásico de los comienzos de reseña, que es comentar el título: a primera vista traducir The Naked Kiss (El beso desnudo) como Una luz en el hampa parece otro ejercicio psicotrópico de traslación por parte de quien se encargue de esas cosas -el oficio más misterioso del mundo del cine, junto al de best boy- pero, si se lo piensa uno después de ver la película, no parece tan desacertado. Primero porque el título original puede dar pistas sobre el tremebundo giro de guion que contiene el film y segundo porque, realmente, Una luz no sé si en el hampa, pero sí se podría decir en la podredumbre, en la miseria moral, en la hipocresía de mierda, sí resulta un buen título porque da protagonismo al personaje que lo merece, el de la inolvidable exprostituta empeñada en la redención que interpreta Constance Power.

Ella es Kelly, que tras el famoso prólogo y los créditos que acreditan que Samuel Fuller es el escritor, director y productor de esta serie b por supuesto cercenada contra su voluntad, llega a un pacífico pueblo con la intención de vender champán o venderse a ella misma usando el champán como excusa… No me queda muy claro si lo de ser viajante de espumoso es una artimaña o un intento de vivir decentemente, pero el caso es que da con un tipo que liga con ella y, de metáfora en metáfora, terminan descorchando una botella de espuma de ángel, que así se llama el champán, y se lo tragan todo y él paga por la muestra. Tras esta elaborada ocurrencia de guion para decirnos que se ha acostado con este tipo por 20 dólares, él le cuenta que es el jefe de policía. Es un personaje inculto, rudo y ramplón, como tendremos la oportunidad de constatar a lo largo del metraje en varias ocasiones. Un personaje idiota que Fuller no se preocupa de pulir y que por contraste hace que brille Kelly, nuestra hermosa protagonista, que cita a Goethe, que siente a Beethoven, y que con rudeza es instada por el policía a abandonar su ciudad, donde no quiere furcias como ella, y pasarse a la del otro lado del río, que pertenece a otro estado, y que allí hable con la madame del prostíbulo, amiga de él. Esta conversación adelanta una constante del film: la apabullante hipocresía de la que es víctima Kelly, a la vez deseada y repudiada, incluso cuando decide abandonar su anterior vida y entrar a trabajar en un hospital para niños discapacitados. Ella se gana la vida honradamente pero él no cree en su decencia. Algo más tarde llega de un viaje por Europa un joven ricachón dueño de todo el pueblo pero más majo que las pesetas, del que Kelly se enamora y viceversa, y entonces nos tememos que el policía idiota lo estropee todo sacando a relucir el antiguo oficio de Kelly. Aquí lo dejo, y queda mucho por saber.

El estilo de Fuller me asombra por varios motivos: el primero, quizá, porque es exactamente igual de tosco y poético en sus guiones que en su puesta en escena. Ese desacoplamiento que en otras películas de bajo presupuesto existe entre un guion torpe y poco repasado y una dirección brillante, como sucede en ocasiones, en el caso de Fuller no existe, sino que tenemos un estilo de dirección con exactamente los mismos defectos y virtudes del libreto. Por ejemplo: el uso brutal de las elipsis. Todo lo accesorio es eliminado, eso de las escenas de transición no cabe en la naturaleza del soldado Fuller, que da la sensación de que siempre que ataca una secuencia lo hace como el que atraviesa un campo minado: brincando a toda velocidad y deteniéndose tan solo en tierra firme, sin mirar atrás ni pensarse mucho el próximo paso. En The Naked Kiss nos encontramos en el mismo minuto con unas imágenes ñoñas no aptas para abuelas sensibles, de unos niños cojitos entonando canciones en primeros planos plañideros, y con un burdel donde las mujeres se venden prácticamente al peso. Kelly, nuestra protagonista, a la vez es tierna, culta, sensible a cosas elevadas que nadie a su alrededor alcanza…. Y sin embargo a lo largo del metraje calza unas cuantas hostias a unos y otras, todas justificables por cierto, y es a la vez dura y tierna, cercana y esquiva. Como el Fuller que la parió.

La impaciente cámara se recrea en ocasiones con cosas que, nos decimos, no vienen a cuento, pero que en un segundo visionado puede que nos hielen la sangre. En esto Fuller es muy moderno y es razonable que los jóvenes cahieristas le ensalzaran contra el criterio del público y la crítica norteamericanos: tras la aparente simpleza y desequilibrio de su planificación y montaje resulta que hay un plan para que luego, después del Fin, comprendamos por ejemplo a qué viene esa canción interminable de los pequeños piratas. Y es que, como dije, hay un giro de guion yo creo que totalmente inesperado del que no daré ni media pista, pero que una vez desvelado nos permite comprenderlo todo, a pesar de que todo eso que ahora comprendemos no lo hemos visto venir, precisamente por lo bien que ha sabido mantenerse la tensión en la línea narrativa principal, la relativa a la redención de Kelly y el miedo a que se descubra su pasado. 

Ahora sí: el antológico comienzo del film consiste en que Kelly, dos años antes de la historia que sigue a los créditos iniciales, nos golpea una y otra vez a nosotros, espectadores, escondidos tras la cámara que capta el plano subjetivo de su chulo, que está borracho y es un cerdo. Ella está calva, humillada, y aprovecha su -nuestro- aturdimiento para quitarle el dinero que él le debe. Más tarde sabremos que no tiene pelo porque él se lo rapó mientras dormía para castigarla. Kelly nos pega a nosotros en esta memorable secuencia porque seguro que a Fuller le pareció un comienzo impactante, pero es muy posible también que él pensara que, a modo de ataque preventivo, estaría bien hacernos sentir heridos y culpables de la desgracia y la calvicie de esta mujer hermosa y digna, pues es la gente como nosotros la que hacía posible más en aquellos años, pero aún hoy en día, que las etiquetas, las apariencias y las malas decisiones pasadas cuenten más que los hechos y las acciones presentes. Kelly nos de hostias porque es la hipocresía de nosotros, los que por creernos decentes empatizaremos después con ella cuando sea heroína, la que ha convertido su vida en un laberinto del que, si logra salir, no será gracias a nuestra comprensión, sino a su decencia, su inteligencia y sus agallas. Así pues, qué buen final, tan fordiano, en el que se abre paso entre la multitud para irse por donde vino tras remover la mierda, hacer justicia y dejarnos con la duda de cómo puede ser que tachen de fascista al que ha concebido esta breve, y por ello doble, maravilla.

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9 comentarios sobre “Una luz en el hampa (The Naked Kiss, Samuel Fuller, 1964)

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  1. Hola tocayo

    Pues ya la he visto y me ha resultado muy interesante.

    Yo creo que la clave la dan los espejos y toda la peli en sí es un gran espejo; el punto donde la imagen se funde con la realidad es, justamente, el beso del titulo. No entiendo el titulo nuevo más allá que beso, desnudo, luz y hampa tomados de dos en dos combinan mejor que el champán con zumo de naranja.

    De las trescientas tonterías que se me ocurren: que se llame Kelly, la veamos con un vestido de princesa, pasando revista a necesitados y camino de una cena de la «alta sociedad» ¿Tiene o no tiene «Gracia»?

    Curioso personaje el capitán que no necesita uniforme porque todo el mundo le conoce, tiene una empresa de trabajo temporal -unas acaban de chica bon bon, otras en el hospital como la enfermera con dudas- y como es el más negativo antes de que «Alicia pase al otro lado» también es el único que la apoya después de que la ex-princesa bese a su «rana».

    Un saludo desde la ambigüedad ful(l)era, Manuel.

    PD si quieres/puedes revisa (también en YT) «Pickup on South Street» (te robará la cartera desde la primera escena).

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    1. Hola tocayo,

      hace no mucho que descubrí Pickup on South Street y además de pasarlo pipa me dio ideas sobre ocultar pequeñas fortunas. Otra buena pieza.

      Cómo me alegra que le saques tanta punta y veas lo que yo no pienso – como el chascarrillo monegasco- y sobre todo que disfrutes.

      Perdona la tardanza, que estoy un poco ausente del blog.

      Un abrazo!

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  2. Magnífica película tal y como usted apunta en su acertada reseña. Fuller es realmente un tipo fascinante con cualidades que en otro director le consideraría defectos (ese ritmo a veces tan extraño, esos detalles muy de brocha gorda) pero que en su caso consigue que el todo tenga una forma muy personal y extraña.

    La primera vez que la vi el giro que se da a media película me dejó loquísimo, además por la forma como se da a entender, que a uno le hace pensar al principio «A ver, no…» pero enseguida uno se da cuenta de que SÍ.

    Sin ser de mis predilectos, bien por Fuller y ese estilo tan directo al grano que parece casi una traslación de la forma de escribir periodística (titulares impactantes, frases cortas y directas, dejar lo esencial) llevada a la gran pantalla.

    Un saludo.

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    1. En efecto Doctor, pocos habrá que pongan a Fuller en su podio autoral, pero tiene personalidad a raudales y es difícil que no sorprenda.

      Sobre el giro argumental, le confieso que creo que es el que más me ha sorprendido que yo recuerde. Y eso tiene mucho mérito, porque es una película apresurada, en algún sentido tosca, y creo que esa tosquedad hace más meritorio que sorprenda tanto algo que realmente hay que preparar para que sorprenda a la vez que no resulte absurdo.

      Un abrazo Doctor!

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  3. Me gusta leer tu interesante texto porque a mí precisamente las dos secuencias que más me impactan de esta película por el desconcierto que generan ante lo que estamos viendo son precisamente la del principio, la heroína calva, y la de ella ejerciendo de enfermera y ese momento en que nos vemos metidos en una especie de musical inquietante, extraño. Son las que no se olvidan.

    He vuelto a leer lo que escribí en su momento… Y qué interesante las miradas distintas, pero que al final van a lo mismo, a lo que esta película remueve. Te dejo el enlace del texto que escribí hace un montón ya, ¡¡¡Dios mío, qué rápido pasan los años!!!, https://hildyjohnson.es/?p=2114.

    Beso

    Hildy

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    1. Queridísima Hildy…

      Descubro ahora tu texto y mechachis, porque me parece mucho mejor que el mío y que da mucho mejor el apaño, así que si lo hubiera conocido igual me hubiera abstenido de echar más morralla a internet.

      Ha servido por lo menos para que el tocayo la descubra, así que ha merecido la pena.

      Un besazo y gracias por tu labor de tanto tiempo.

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  4. Fuller, siempre que podía, procuraba noquear al espectador en el primer minuto del primer asalto, justo tras sonar la campana. Por eso, sus películas arrancan casi siempre con una escena fuerte y repentina que nos coge desprevenidos. En ésta, vemos a una mujer en una habitación de hotel golpeando con rabia a un indivíduo (en realidad, como apuntas, nos golpea a nosotros en virtud de una cámara agresiva y subjetiva) que en el forcejeo consigue arrancarle la peluca, dejando al descubierto el craneo rasurado de la agresora; ella continúa su ataque rociándole con un sifón, luego coge el dinero que la debe, se incorpora y recupera su peluca, se la pone, se maquilla mirando al objetivo de la cámara y se va del lugar. Entran los títulos de crédito. Lo que viene a continuación son noventa minutos de cine cortado a cuchillo en el que se nos narra el espinoso trayecto de la prostituta Kelly a través de la podredumbre moral de una sociedad que no consigue, sin embargo, hacerla desistir en su intento de emerger a la luz. Magnífica, como siempre, Constance Towers a la que ya habíamos visto en la anterior película de Fuller, CORREDOR SIN RETORNO, y también en dos estupendos títulos de John Ford, MISIÓN DE AUDACES y EL SARGENTO NEGRO.
    Un saludo.

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  5. Hola Teo,

    qué añadir a tu frenético, fulleriano comentario. Coincido plenamente. Solo me apunto en el debe no haber hablado más de Constance Towers, que hace como siempre un trabajo estupendo y dota no solo a su personaje, sino a la película al completo -en la que flojean otros intérpretes más sosos- de tremenda personalidad y carisma.

    Un saludo!

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