Las estatuas también mueren (Chris Marker, Alain Resnais, 1953)

Mediometraje prohibido durante más de una década en Francia por su crítica a los modos de implantación del colonialismo y la devaluación que este sistema de explotación promueve de las culturas que fagotiza. Estilísticamente es algo así como el ensayo general de Noche y niebla, que vendría justo después. Las estatuas también mueren es una reflexión filmada o mediometraje documental, o ensayo visual, como se dice ahora, sobre el proceso de mistificación al que hemos sometido los occidentales el arte africano al sacarlo de su contexto. Lo que era profundo lo hemos vuelto producto. Lo que era auténtico lo hemos convertido en manifestación exótica de lo que occidente acaso solo secretamente desea ser.

Reflexión sobre el colonialismo en los años del desperezo del proceso de descolonización que transformaría el mundo y sus resortes ideológicos y geopolíticos en los años 60. Un manifiesto inteligente sobre nuestra falta de perspectiva y nuestra habilidad al tiempo para convertir lo ajeno en lo consumible.

No tiene sentido hablar mucho sobre esta pequeña joya, dura justo 30 minutos que hay que invertir en verla, si no se conoce. El estilo que ahora todos reconocemos por Noche y Niebla, como decía, ya está aquí presente y me da por pensar que se debe más a Marker que a Resnais, no me pregunten por qué. 

Una verborrea incontenible de ideas, argumentos y  pseudochistes hilan un discurso que se enreda sobre sí mismo y por eso es difícil de seguir, aunque no de comprender, pues termina asentándose en nosotros por sedimentación sensorial e intelectual. Hay un número insoportable de ideas y asertos que nos cuesta analizar si queremos a la vez adentrarnos en lo que vemos. En esta ocasión vemos máscaras e imágenes documentales del África negra, y la belleza y profundidad insondable de los rasgos de estas caretas parece chocar con nuestras mentes si intentamos seguir el discurso desbocado del escrito sobre el que se asienta el mediometraje.

Esto de arrollarnos a la vez por ojos y oídos, generando una intensidad solo soportable por la escasa duración del visionado, hace posible sin embargo que como artefactos comunicativos y estéticos tanto Las máscaras también mueren como Noche y niebla (y también, pero más pausada, Toda la memoria del mundo) sean experiencias enriquecedoras cuando menos y que no debemos dejar que pasen de largo sin tocarnos.

No pierda usted más tiempo leyendo, póngase a verlo.

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