A movie (Bruce Conner, 1958)

En 11 minutos y 37 segundos queda retratado el Hombre contemporáneo, y su retrato merece ser llamado Una película, porque este corto compendia lo que atrae a los ojos y, por lo tanto, garantiza el éxito en pantalla:

  • el sexo
  • el sufrimiento en sus vertientes
    • ficticia
    • animal
    • accidental
    • tragicómico
  • la violencia, por supuesto
  • el poder de la naturaleza
  • y un gran EGO que se haga responsable de todo

A movie es una película de vanguardia, concebida originalmente para su exibición en museo como instalación audiovisual. Pertenece al género del collage film, o “cine por composicíon” que tuvo su origen en la escuela constructivista soviética, con Vertov como mejor exponente. Se trata de componer una unidad de sentido a partir de material de rodaje deshechado, documental o de ficción de bajo coste, que se cuartea y reedita fuera de su contexto original. Se podría llamar cine-refrito.

La pieza que nos ocupa consiste en el montaje de algunas imágenes históricas por todos conocidas, como el accidente del Hinderburg, el derrumbe del Puente Tacoma o el asesinato y posterior cuelgue de Mussolini y allegados, con algún desnudo, pruebas nucleares y mucho deporte de riesgo. En definitiva no es más que un gazpacho de imágenes llamativas que se disponen y enmarcan con una especial inteligencia, lo que hace de esta obra algo más que un trabajo estudiantil. 

Buena parte del metraje (el primer minuto entero), se lo lleva el nombre del director, irónica referencia al individualismo y el pretendido valor de la creación artística. El final de la película se sitúa donde no suele estar, casi al principio, como diciéndonos que repensemos nuestro modo de acercamiento al cine. Cuando vemos una película ¿vemos una unidad cerrada o lo que hacemos es seguir enriqueciendo un monstruoso aparato interno de autosatisfacción personal? Es decir, ¿la peli la hacemos nosotros o nos la hacen? Visto así, en el fondo la originalidad de la película no es necesaria, pues lo que le hace ser película es darnos lo que nos gusta, y esto no tiene que ser novedoso, porque como humanos ramplones que somos, son pulsiones atávicas las que nos mueven, y el envase del contenido que nos las despierte es indiferente.

En fin, es una de las muchas ideas que evoca este curioso documento. Hay otras pero lo dejo aquí. Por suerte podemos ver gratis y en línea el cortometraje, así que, como siempre, mejor perder el tiempo en eso que en leerme.

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