Viaje al fin del universo o IKARIE XB 1 (Jindrich Polák, 1963)

Interesante clásico checoslovaco de ciencia ficción. Creo que no es tan novedoso como parece en su planteamiento, aunque sus méritos cinematográficos sean múltiples, y estemos ante una peli, en todo caso, innovadora y sorprendente, incluso vista ahora.

Nos cuenta las peripecias de la nave espacial Ikarie, que al llegar en busca de vida inteligente a Alpha Centauri, nuestra estrella más cercana, se topa con problemas dentro y fuera de la nave que pondrán a la tripulación en monolíticos aprietos clásicos de la navegación interestelar.

Cuando uno reflexiona sobre este tipo de películas es difícil no caer en al tentación de juzgarlas por su diseño de producción y ponerse a encontrar los remiendos y pobretonerías y a la vez adular sus casuales hallazgos premonitorios entre los cachivaches colgados de hilos de pescar o pegados con pegamento Imedio (o el que hubiera en Checoslovaquia). Sin embargo es algo que no me apetece hacer con esta peli porque inspira un cierto respeto. En efecto, su aire intelectual, metafórico y solemne, además del indiscutible cuidado puesto en su producción invitan, a pesar de la obvia limitación de medios, a cuidar el juicio sobre ella e ir más allá de su cartonpedrismo que no es para tanto, por cierto.

Es una historia de anticipación, y por lo tanto las decisiones narrativas y de puesta en escena quedan, eso sí, expuestas a revisión y crítica. En mi opinión queda artificiosa la visión digamos utópica del humano futuro. Hay una mezcla un tanto incongruente entre el hedonismo gélido que desprenden las relaciones y los usos sociales de los tripulantes de la nave y la crítica que se hace al humano del terrible siglo XX. Hay algo paradójico en esa crítica -que es una cuña propagandística, claro está- porque las formas de ocio de la base espacial y el gran espacio que ocupan en la agenda de los navegantes los apetitos sensuales de todo tipo, pues desentona algo con la supuesta nueva humanidad positiva, entregada a la ciencia y el raciocinio que se quiere insinuar que llegará a alcanzarse con el final de las clases sociales y el capitalismo corruptor. Resumiendo, que es una suerte de cientificismo yeye que chirría, quizá lo que más en todo el film.

Baile en la nave yeye

Me parece mejor resuelta la trama principal, con unos protagonistas creíbles y entregados aunque peculiares, pues su aspecto es el de dos obreros de acería que vienen del bar en vez de líderes de una avanzadilla futura de la humanidad, pero esto es el mundo socialista, camaradas. A pesar de que todo el aparato científico, centrado en los misterios de la radiación y sus peligros, está tratado con perdonable superficialidad, el final consolador funciona, al menos conmigo.

En el apartado visual, en vez de trabajar en los elementos de la escena y abusar de trucajes, se opta por dar protagonismo a la cámara. Los constantes travellings de avance y retroceso, así como las fuertes angulaciones y el objetivo gran angular -sin llegar a chirriar nunca el estilo- dan una sensación de movimiento constante y realidad anómala, la de la vida futura en la estación Ikarie en oposición a la nuestra estática terrenal que vemos sobre el trípode con una lente de 50mm. La fotografía es atractiva aunque por momentos se acerca a lo televisivo y hay mucha deformación de la imagen no sé si por no saber o poder usar correctamente lentes anamórficas. No soy entendido en este asunto, pero creo que la pantalla panorámica se les ha quedado grande, si se me permite el lamentable chascarrillo.

Por supuesto hay que remarcar que se adelanta a la imaginería de las películas clásicas “del espacio” de los 60 y 70, pero tampoco creo que haya sido una influencia directa en 2001 o Solaris, por citar lo obvio.  Mucho de lo que vemos ya estaba presente tanto a nivel narrativo en una ciencia ficción literaria más que madura, como en decenas de películas de serie B e incluso series de televisión, aunque desconozco hasta qué punto los que concibieron Ikarie tenían acceso a estos materiales audiovisuales, o si realmente pusieron imaginación y empeño a partir de la simple lectura de los libros de Stanislaw Lem, por ejemplo y el visionado de Planeta Prohibido, por qué no,  y otras cosas que pudieran llegar a la Checoslovaquia de 1963. 

En todo caso una peli curiosa, entretenida y con moraleja amable que reconforta.

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