Las niñas (Pilar Palomero, 2020)

Es la primera vez que hablo en esta página de una película que termino de ver en cine. Curiosamente tiene formato cuadrado, televisivo, porque retrata un tiempo, 1992, en el que el mundo exterior tenía ese encuadre, el de la televisión. Fragmentos de la televisión de entonces, quizá la más chabacana y ramplona que ha habido nunca en nuestro país, puntean este film. Un mundo televisivo por cierto en el comienzo de su era privatizada que, por cierto, tanto contrastaba con la realidad diaria de los que entonces entrábamos en la adolescencia (soy casi de la edad de esas niñas), lleno de resquicios morales del pasado franquista que no terminaba de irse -y que sigue y sigue hoy en día- y que aparentaba avanzar hacia una modernidad europea que nunca terminaba de llegar. La película juega la baza de la nostalgia.

Esto y también su marcado carácter autobiográfico lo ha declarado Pilar Palomero en varias entrevistas promocionales, y es tan obvio y se presenta tan sin tapujos que casi daña la película, porque uno la rumia con el leve sabor amargo de pensar en si le será posible recrear otras historias en el futuro con la misma pericia y sensibilidad. A Truffaut, que empezó con Los 400 golpes, film del que Las niñas se podría considerar la versión monjil, luego le fue muy bien, incluso volviendo sobre su mismo proceso biográfico. Ojalá Pilar Palomero encuentre si quiera la mitad de inspiración y poderío cinematográfico en lo porvenir. 

Aparte de lo convencional -y mil veces visto- de su planteamiento y de lo dicho anteriormente, tengo que decir que salí del cine con la sensación de haber visto si no una obra maestra, sí una película mayor, que merece, aparte de los reconocimientos en forma de premios que ya ha obtenido y que seguirá seguro cosechando, algo más de visibilidad y permanencia. Supongo que los Goya le darán una segunda y merecida oportunidad. 

Su protagonista, Andrea Fangós, es simplemente portentosa. Como le ocurría a la Ana Torrent de Erice, -influencia por cierto que acecha la peli sin llegar a depredarla- o la Nadine Nortier de Mouchette – Bresson también anda por ahí- esta niña, que crece físicamente durante el rodaje, o eso me ha parecido a mí, perdiendo incluso un pelín de naturalidad en las escenas finales, es el alfa y el omega de la película, si bien el mérito hay que dárselo a su directora, pues ha sabido hacer un excelente trabajo de casting y preparación actoral con todas las niñas, que brillan excepcionalmente naturales. Cada gesto, cada mirada e incluso cada pensamiento silencioso de Celia son claros como letreros luminosos para el espectador, sin que las inquietudes y dudas que los acompañan dejen de preñarlos. Es tal la cantidad de matices emocionales y de ideas capaz de transmitir esta muchacha en cada gesto y en cada mirada que a veces, personalmente, me ha parecido que en el montaje quizá no se haya querido o sabido atemperar esta magia, que se les ha ido un poco de las manos. En efecto, es tal el poder comunicativo  que tiene su rostro, reforzadísimo además por la insistencia en los primeros planos y el mentado formato cuadrado, que el espectador medio tiende a esperar acontecimientos que satisfagan esa intensidad. Que no haya grandes giros dramáticos ni accidentes sobrevenidos a mí me ha parecido genial, pero tengo por seguro que en buena parte del público la película ha dejado un poso de incompletud, de cosa sin rematar. Quizá con la “valentía” de haber escogido una puesta en escena más bressoniana, más distante y fría, la película habría resultado más “coherente” para el público, si bien más rarita y menos intensa. Y es que entiendo que debe ser muy duro resistirse y no llenar pantalla y metraje al completo con semejante criatura fílmica que es esta pequeña actriz.

Personalmente me interesan bien poco los revivals y las nostalgias de los 80 y 90, y eso que me crie en esos años, como decía, porque si entonces, siendo un pipiolo, me parecía una sociedad desnortada, materialista, individualista, hortera y ramplona, pues imagínense ahora. No añoro nada de aquellos años de consumismo idiotizante ni de una sociedad, como nos ha mostrado el S. XXI, ignorante de sí misma y de los demonios que alimentaba y que este siglo nuestro ha venido destapando desde el 11S. Puedo sonreírme con las lúbricas rayas grises del canal + y me gusta ver por ahí los coches de entonces, y ya. Sin embargo tengo que admitir que este contexto le viene muy bien a la historia de Las niñas porque hay un contraste fuerte entre el mundo futuro en el que Celia va adentrarse con la adolescencia, que es el que ve por la tele y sonorizan las TDK de 60, y la infancia pacata que ha alimentado el colegio de monjas de moral rancia. Son dos realidades que se funden perfectamente en el crisol de la historia de su madre y de la muerte de su padre, única línea dramática que vertebra la película, que realmente consiste en una acumulación de escenas que progresivamente van lanzando a Celia de la cómoda niñez a la confusa adolescencia, tras el detonante de la llegada de Brisa, una nueva compañera de Barcelona que, como aire fresco -ejem-, aterriza junto a ella para iniciarla en el nuevo tiempo. 

Tengo la sensación, sin embargo, de que la importancia de Brisa y sus circunstancias -es huérfana, viene de la gran ciudad, es misteriosa y moderna- ha sido disminuida en el montaje final, pues parecer que va a ser el detonante, como decía yo (y la sinopsis oficial) de la película y al final queda como uno más de los círculos concéntricos por los que Celia va ascendiendo o descendiendo hasta encontrar la salida de sí misma y la entrada en el mundo futuro de la maldita adolescencia. Esa época dolorosa en la que consistimos en ser lo que no sabemos ni queremos ser, a la que se entra por el placer y de la que se escapa por el dolor. 

Caca

Para terminar, no puedo irme sin escupir sobre el horrendo cartel que se ha escogido para promocionarla -uno de ellos- en el que aparece el grupo de niñas insinuantes y “en plan” Crepúsculo u otra saga por el estilo . Supongo que es un ingeniosísimo ardid para atraer a público adolescente, pero que es lamentable porque ni representa lo que vamos a ver -engaña- ni está acorde con la hondura y la originalidad de esta pequeña película profunda y memorable.

Este algo mejor

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