Se acabó el negocio (La donna scimmia, Marco Ferreri, 1964)

(anotación apresurada)

Una película escrita por Rafael Azcona y que he podido ver con su final original, y no el propiciado por Carlo Ponti, productor, en el que a la mujer se le cae el pelo y viven felices y comen perdices.

El análisis mayor y mejor está en el artículo que enlazo de Circo Mèliés, solo quiero añadir una pequeña anotación sobre la narrativa de estas películas -esto sirve igual para El cochecito, por ejemplo, que todos hemos visto- en las que la acción avanza con grandes elipsis y las explicaciones necesarias son mínimas. Es una economía del relato premeditada que no sé muy bien si responde a una inicial falta de pericia de Azcona, que empezaba con los guiones, a que imita a la comedia teatral costumbrista y lo prepara todo en forma de escenas cerradas y bastante estancas o si realmente hay una voluntad de, digamos, aligerar un poco la carga trágica y la inhumanidad absolutamente inmoral (¿amoral?) de sus personajes mediante este estilo apresurado, sincopado, que no deja tiempo a la reflexión y hace que en la pantalla todo se apresure y apelotone, de forma que lo increíble va sucediendo ante nuestros ojos sin que podamos pararnos a pensar en ello antes del final de la peli.

Una película absolutamente olvidada que hoy no podría hacerse y donde no hay institución que se toque que no quede herida por la realidad cruda de la avaricia, la falta de empatía, la ausencia de valores y, por otro lado, una humanidad latente y cándida que a veces asoma. En efecto María, sin ser una mujer idiota, quiere para sí un trato digno, pero va claudicando a cada nueva idea pesetera de Antonio, hasta el punto de que en determinado momento hay incluso una inversión de los papeles, cuando ella obtiene cierto éxito al mostrarse desnuda en París. Él, Antonio, es un personaje típico de esta europa que se pone en marcha tras la postguerra, típico personaje de ficción, quiero decir. Es el hombre que solo puede ver a través del dinero, que vive para el trampeo, de una moralidad ausente hasta el punto de que parece no tener impulsos propios (no se entrega a los placeres o el vicio) más allá del “negocio”.

Basada por cierto en una historia real

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