Viva Villa! (Jack Conway, Howard Hawks y William A. Wellman, 1934)

Aunque este apunte quede indexado en el especial William Wellman, debido a que es mencionado como uno de los directores que participaron en su accidentado rodaje, antes de nada debo aclarar que, por lo que dicen las fuentes que tengo a mano, no hay constancia de que él llegara a participar en su producción de forma activa. De hecho, este fue el último trabajo de Selznick para la MGM antes de crear la Selznick International, y Wellman, en un mal regate, había fichado por la productora del león precisamente para trabajar con él. Se llevaban muy bien en lo personal y cuando trabajaron juntos en otras ocasiones tuvieron buena armonía. Sin embargo, llegó cuando el que luego le produciría Ha nacido una estrella cerraba la puerta al salir. No es imposible que dirigiera el rodaje de algún material en estudio en el tiempo muerto que transcurrió hasta que por fin le encargaron Robin Hood of El Dorado, concebida a la estela del éxito de Viva Villa!, que trata de las hazañas del legendario Joaquín Murrieta, y de la que en otro momento hablaremos.

Centrándonos ya en Viva Villa!, debo decir que me parece una película excepcional, no en el sentido artístico del término pero sí en otro que me cuesta definir. Es un filme que mezcla gloria, miseria, comedia, sadismo, aventuras, cine social e historia ficción. En pocas ocasiones una película, como un todo, se puede decir que es ella misma como su protagonista. Excesiva, torpe, retorcida, noble, simple, avispada, arrasadora, brutal y tragicómicamente errónea. Todos estos adjetivos que creo que describen Viva Villa! sirven igualmente para el Pancho Villa de fantasía (Wallace Beery) que la protagoniza y encarna. 

En el imprescindible libro Hawks según Hawks, de Joseph Mcbridge, se dedica todo un extraño y algo extemporáneo capítulo a hablar de esta película, y es que a Hawks le despidieron a mitad de rodaje, y parece que la espina se le quedó bien clavada. Los exteriores se hicieron en México, y según el director de Hatari, aquello era poco menos que el infierno en la tierra. Cuenta fantabulosas anécdotas como que cuando le llevaron a hablar con el que asesinó al Villa auténtico en 1923 disparó su revólver contra unas latas, para que los que le conducían ante el malote vieran que él era un gringo rápido desenfundando. También cuenta historias de que allí la gente disparaba balas de madera con el culo (?), que a falta de suministros se alimentaban de coñac y naranjas y qué sé yo cuántas cosas más. Desde luego no me creo la mitad de lo que dice, pero viendo la película sí que se intuye el caos y la marabunta que debió rugir en aquellos meses -o años, se venían rodando exteriores desde 1931- en las localizaciones mexicanas. La anécdota más conocida del rodaje, y esta sí es verídica, es que el 9 de noviembre del 33 Lee Tracy, que interpretaba originalmente al periodista que acompaña y da publicidad a Villa, fue expulsado del rodaje por mear sobre militares del país desde el balcón de su hotel. He leído que Hawks fue despedido por defender la inocencia de Tracy; él dice que pidió que le dieran el finiquito por no soportar la inseguridad del rodaje y también que el estudio le metía demasiada prisa. En cualquier caso se fue, y según él mismo cuenta, pidió que le pagaran en compensación por 10 semanas más que invirtió en escribir y rodar en ese tiempo récord una pequeña gran obra maestra: La comedia de la vida (20th Century, 1934) El tiempo es oro. Hay más anécdotas, como que Beery exigió disponer de un avión privado para dormir en EEUU cada noche por detestar México, o que parte del metraje se perdió en un accidente de aviación… En fin: todo muy loco. 

Con estos precedentes uno imagina al ponerse con ella que se va a encontrar un filme caótico, deslavazado y anárquico… ¡Y se lo encuentra!, pero no como demérito, sino como mérito de una producción (Selznick rules) que ha sabido meter todo eso en un contenedor atractivo y muy bien llevado en sus ritmos y narrativas -ojo, Ben Hecht firma el guion- y cuyos defectos no radican tanto en su falta de calidad cinematográfica, que le sobra, como en lo extraño y bestial que es todo, tanto la fantasiosa historia como el inefable Pancho Villa.

La película se divide en una serie de cuadros bien separados por insistentes intertítulos informativos y exculpatorios. Tiene un aire a la época muda no solo en esto, sino en la gran fuerza visual de algunas de sus escenas llenas de angulaciones, contraluces, expresiones feraces y composiciones estatuarias. El prólogo en el que asistimos al nacimiento del revolucionario en el niño Pancho Villa es hermoso y terrible. Como aperitivo de lo que vendrá después, está preñado de sadismo e injusticia. Difícil olvidar la muerte de su padre por 100 latigazos que se sustituyen en pantalla por unas piedras que alguien hace pasar de un cesto a otro. Siempre que vemos muertes injustas las siluetas de los asesinos aparecen en la pared que enmarca a los muertos. Siempre que muere alguien es vilipendiado justo antes, durante o después de hacerlo. En esta película como en muy pocas la muerte -mejor, el asesinato inane- tiene tal trato de farsa. 

Porque uno de los pilares de Viva Villa! es precisamente la mostración de esa violencia gratuita, salvaje, hueca de toda moralidad y que emana directamente de la personalidad de Pancho Villa. El líder revolucionario -no sé hasta qué nivel ficcionado- es al tiempo un psicópata, un buenazo, un héroe, un inútil y un genio ignorante. Lo curioso de la película es que todo esto está narrado sin mayor énfasis. Definitivamente el público de los 30 no es el de ahora. En ese sentido, quizá se podría decir que Viva Villa!, eminente precursora del western violento de los 60, va más allá de lo que irá Peckinpah, porque la muerte y la violencia más sádica e injusta está tan desprovista de barniz ético alguno que, simplemente, no se diferencia de otros focos de atracción fílmicos como los movimientos de masas, las hermosas bailarinas y las intrigas palaciegas. Es tal el desprecio de todo principio moral civilizado que muestra Villa, más allá de la perruna fidelidad a su mentor, Francisco Madero, que hoy en día, en nuestro mundo rebosante de moralina y valoralina, es casi imposible simpatizar, no digamos empatizar, con un personaje tan básico y atrabiliario, por graciosa que parezca su candidez analfabeta.

Viva Villa! no es una obra maestra del cine primero porque le falta un toque de genialidad y chispa y segundo porque hoy en día ha perdido, creo, buena parte del atractivo que debió tener en su momento. No me refiero solo a la perspectiva ética del espectador de entonces, también está la vertiente política, y es que al parecer tuvo mucha repercusión fuera de EEUU y no poco éxito en la España republicana, así como tiempo después en la URSS, donde se estrenó en 1951. En efecto, el carácter de revolucionario íntegro y puro del personaje Pancho Villa a nosotros nos deja fríos, desencantados que estamos ya de todas las revoluciones, pero en el mundo que enfrentaba los coletazos de la Crisis del 29 y el horizonte gris oscuro del fascismo un hombre así, dueño de sus actos y entregado ciegamente a la causa de los pobres, es razonable que se ganara el favor de parte del público.

Si no es una obra maestra es desde luego un curioso objeto de análisis, un gazpacho de géneros de la violencia, una película como un torbellino salvaje hermosamente presentada en sus escenas mexicanas y, en fin, un genial divertimento en el que lo mismo se cargan a la novia de King Kong que ponen a unos muertos a hacer de jurados de quien les juzgó que otro la palma devorado por hormigas envuelto en miel que un agonizante Villa le dice con risa bobalicona al actor sustituto del que se meó encima del ejército mexicano:

 “Dime, ¿Cuáles serán mis últimas palabras?”

PS. Para otro día dejamos la realidad, que, seguro, superó a la ficción esta vez. De cuando Villa puso a su ejército al servicio del cinematógrafo.

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Más de Wild Bill en nuestro especial No soy tan duro: el cine de William A. Wellman

4 comentarios sobre “Viva Villa! (Jack Conway, Howard Hawks y William A. Wellman, 1934)

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  1. Hola tocayo:
    De alguna parte tendrá que venir eso tan “americano” de cruzar la frontera sur para disfrutar de… ¿Cómo era aquello? ¿Libertad o democracia? No sé, creo que me he liado con eso de empatía, básico y atrabiliario.
    Es difícil no hacer viajes de ida y vuelta entre ¡Viva Villa! y, casi veinte años después, ¡Viva Zapata! Pero me ratifico: los U.S.A. van al sur a divertirse… ¡Y el resultado les da igual!
    No te perdono que despaches a Fay Wray con un “la novia de King Kong”; te condeno a que en tus pesadillas salga Villa Beery, y si persistes en tu actitud, vendrá de la mano con Zapata Brando.
    Un saludo, Manuel.

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  2. ¿Habrá algo más grande que ser la novia de King Kong?

    Solo ser King Kong se me ocurre…

    Viva Zapata! me da pereza, la verdad, y el maquillaje fumanchú de mi amigo Brando -que reconozco que estuvo hasta mesurado- poco ayuda.

    Un saludo tocayo

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  3. Pues no la he visto, y eso que el tema de la revolución mexicana me gusta muchísimo. Hay muchas cosas que apuntas que me van a empujar a verla seguro.
    Yo aporto tres títulos, a los ya mencionados, que me entusiasman por distintos motivos y que representan tres maneras de reflejar la revolución en el cine:
    -“Enamorada” de Emilio Fernández El indio.
    -“Gringo viejo” de Luis Puenzo
    -“¡Agáchate, maldito!” de Sergio Leone

    Con la de Puenzo en los ochenta me puso bajo la pista de Ambrose Bierce…, todo un descubrimiento. Es una película menospreciada que a mí personalmente me gusta mucho.

    Beso
    Hildy

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  4. Me apunto tus tres películas. No sé si la de Puenzo la he visto o me suena solo por haber leído la novela de Carlos Fuentes hace ya tanto tiempo que ni recuerdo si me gustó. Lo que sí sé es que yo hice el camino inverso al tuyo, llegue a la novela porque ya me había tropezado con Bierce y bendito tropezón. Me lo encontré ya siendo veinteañero y recuerdo leer sus relatos sobre la guerra civil norteamericana con la misma emoción con que unos años antes, en la curiosa pubertad, había descubierto las narraciones de Poe, a las que tanto debe pero de las que mucho se diferencia.

    Un beso, querida

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