RESPUESTAS (Pina, Wim Wenders, 2011)

(Artículo publicado originalmente en la revista Versión Original en su Nº 302 dedicado a la danza)

Pina (Wim Wenders, 2011) es el fruto de una amistad, el lamento por una muerte y la alegría por la resurrección del espíritu de Pina Baush en las coreografías que ella creara y, sobre todo, en las que están por llegar para responder a las preguntas con las que animaba a sus bailarines a crear sus propios movimientos. Esas preguntas aún permanecen en ellos, alumbrando ideas y danza. En 2009 la coreógrafa y el director alemán empezaron a preparar lo que sería un documental sobre su compañía de danza, con sede en el Tanztheater Wuppertal Pina Bausch. Ella murió sin embargo antes de comenzar el rodaje a causa del tabaquismo. 

No iba a ser esta la primera incursión cinematográfica de Pina Baush, pues ya la pudimos ver en E la nave va (Federico Fellini, 1983) interpretando a una misteriosa aristócrata con poderes sinestésicos. Ese mismo año se produjo para televisión Un jour Pina a demandé… (Chantal Akerman, 1983), interesante pieza de la gran directora belga que da la sensación de ser en formato televisivo lo que Win Wenders tenía en mente hacer para la gran pantalla con Pina en vida. Sin embargo, en el documental de Akerman, a pesar de estar en el cénit de su carrera, Pina no asume protagonismo alguno ante la cámara, y apenas ocupa unos minutos para describir su trayectoria, dejando el resto del metraje a sus coreografías y sus bailarines. Es en la danza donde ella, tímida y parca en palabras, manifestaba su desgarrada visión de lo humano, y quizá sea por eso que en el filme de Wenders de 2011 lo que menos se añora es su imagen, pues la presencia de su recuerdo ya lo llena todo. Y es que, como decía antes, Pina queda en sus coreografías; resulta curioso y a la vez muy natural ver en programa doble las películas de Akerman y la de Wenders y comprobar cómo han envejecido muchos de los bailarines que hablan o actúan en ambas, mientras que las grandes coreografías de aquella época, por ejemplo La consagración de la primavera o la célebre Café Müller, –única en la que Pina seguía bailando y de la que pudimos ver un fragmento en Hable con ella, de Almodóvar-, permanecen exactamente igual, atravesando el tiempo y las generaciones sin perder un ápice de garra y belleza.

La extensa filmografía de Wim Wenders está plagada de títulos en los que rinde homenaje a otros creadores que dieron forma a su personalidad y su estética. Todas estas películas, aunque disímiles en lo formal, tienen un fondo de humanidad y agradecimiento en la dirección que se mezcla de forma genial con la idiosincrasia propia de cada artista retratado. Personalmente, buena parte de estas obras están entre lo que más he disfrutado del cineasta alemán. Pienso en Tokyo-ga (1985), homenaje a Yasujiro Ozu en el que recrea con su propio estilo el universo tokiota de las últimas películas del maestro. Pienso por supuesto en Relámpago sobre el agua (Lightning Over Water, 1981) la crónica documental sórdida, compleja, tierna, impagable, de las últimas semanas de vida de Nicholas Ray. Me acuerdo también de los tres bluesmen cuya leyenda conjugara en The Soul of a Man (2003) para aquella serie que produjo Martin Scorsese, de la que sin duda alguna es este el mejor capítulo, en pugna con otros del mismo Scorsese y Clint Eastwood… Estos tres olvidados músicos (Skip James, Blind Willie Johnson y J.B. Lenoir) entraron desde entonces en mi panteón musical y de ahí no saldrán jamás. Nada diré del más conocido para el gran público de todos estos documentales-homenaje: Buena Vista Social Club (1999). 

Pina sigue esta senda, pero a la vez se diferencia de todas las películas anteriores en que Wenders renuncia a muchos rasgos de su lenguaje fílmico. La decisión de, por un lado, rodar en 3D -confieso que no la vi en ese formato- y por otro lado la de ceder todo el protagonismo al espíritu mismo de Pina, hace que el rastro personal del director quede más emboscado que en otros casos en los que él mismo o su voz eclipsan al otro y reclaman una atención quizá excesiva en ocasiones, como ocurre también con los documentales de su compatriota Werner Herzog. De hecho, me atrevo a decir que -seguro que con toda la intención- no hay mucho de Wenders en el producto final, que es por completo Pina Baush, en un gesto generoso de amistad emocionada que quizá reste un punto de personalidad al documental, pero no nos distrae ni un segundo de su destino, que es lo que su título nombra.

La obra de Pina Baush se enmarca en la llamada danza teatro. Se trata de un género que, ya muy apartado de los códigos del ballet clásico, enriquece las coreografías con un fuerte componente conceptual y narrativo. En ocasiones se vuelven indistinguibles, en las coreografías de Baush, la performance y el baile. Por otra parte, la fortísima intensidad emocional de sus piezas bebe directamente de la danza expresionista surgida a principios del siglo XX en Alemania, de la que su mentor Kurt Joss fue un gran impulsor. Las coreografías de Pina Baush desprenden una fuerza telúrica de la que también debe participar el mismo escenario, que en cada una de ellas suele transformarse para contribuir, no solo enmarcar, a la acción dramática. Esa transformación del escenario además dificulta el trabajo de los bailarines: se añaden elementos como el agua, flores, bloques de construcción… Impedimentos físicos que son una metáfora de la propia vida, llena de exigencias y posibilidades que no hemos escogido pero que, como esos obstáculos hacen con las coreografías, la enriquecen con novedad y sorpresa. Igualmente Pina exigía de sus bailarines -muchos siempre, de cualquier edad y condición física- una entrega no solo laboral sino personal. Es conocido su método para guiarles en la concepción de sus partes, por el cual en vez de darles instrucciones les planteaba una pregunta a la que debían responder bailando, y esa respuesta era el germen de su papel. Estas preguntas son las que menciona el título del documental de Akerman y son las mismas de las que los bailarines que la conocieron nos hablan en el de Wenders. Quizá sea esa una de las claves de la enorme capacidad para emocionar que tienen las coreografías de Baush, que son una amalgama de respuestas provisionales en el marco atractivo de un escenario exigente al que hay que doblegar, como hay que hacer también con el mismo agotamiento físico, clave para extraer del cuerpo de los bailarines, de su derrumbe muscular, el último hálito que se lleva la vida en el mundo real y que en el escenario hace que se nos manifieste cierta verdad estética y existencial.

La repetición obsesiva de pasos, movimientos o ideas es otra característica primordial de las coreografías de Pina Baush. Nos hablan de desgarros, desprecios, conflictos entre sexos, deshumanización y vidas deprimentes que no son particulares, sino vivencias comunes de la humanidad contemporánea que trascienden los casos concretos y son la norma, no la excepción. Pero también esas repeticiones se pueden interpretar de forma optimista, y ver en ellas la oportunidad que ejemplifica la naturaleza, con sus ciclos insoslayables, de empezar de nuevo siendo otros pero los mismos, más cansados pero con más respuestas. Por eso la película se abre y cierra con una pequeña danza, infantil e ingenua, que todos podemos aprender en un minuto y que remeda el paso de las estaciones. Win Wenders supo leer todo esto muy bien para hacer de su Pina un trasunto fílmico de la Pina artista. Por ese motivo le da la voz principal a los bailarines, en vez de tirar de archivo y machacarnos con la de Pina Baush, como sería esperable de un cineasta menor. Igualmente, saca a los bailarines de su teatro de Wuppertal y los pone a danzar o interpretar en espacios externos: en la calle, en los parques, en el curioso tren colgante que atraviesa la ciudad. Se funden con un espacio que no es el suyo, pero al que se dan. Y antes o después hablan a la cámara uno detrás de otro, repetitivamente, no tanto para hablar de Pina sino para contar, uno detrás de otro, qué les preguntó Pina, o qué les hubiera preguntado si la hubieran conocido o si, en fin, la vida y la danza pueden ser sin Pina lo que ella hizo posible que fueran y nunca antes habían sido.

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4 comentarios sobre “RESPUESTAS (Pina, Wim Wenders, 2011)

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  1. Hola tocayo
    ¡Qué buen articulo! Muy apropiado introducir a Wenders y luego «entregarte a la danza»; como indicas que hizo él mismo.
    Según avanzabas en la relación de Wim con el documental se me iba haciendo más grande la idea de que sus pelis narrativas también tienen mucho de documental; la cámara, a menudo, toma una distancia con lo que cuenta que podría tomarse como frialdad. Luego valoras más sus tonos cálidos, como el inolvidable jersey de angora de la Kinski.
    La otra idea que me ha golpeado la cabeza es… ¡me he perdido todas sus últimas pelis!
    Un saludo. Manuel.

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    1. Pues yo me he perdido las últimas… Y muchas penúltimas.

      Me ha extrañado que no digas nada, melómano bueno que eres, de qué te parece si lo has visto el capítulo ese que hizo de la serie de Scorsese sobre la historia del Blues: The soul of a man. A lo mejor es que no lo has visto y ya estás tardando, tocayo mío.
      Si no fuera por lo raro que soy yo debería escribir sobre blues y no sobre cine. Sobre blues no sé apenas nada, no te pienses, pero debería.

      Un abrazo

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  2. Recuerdo cuando fui al cine a ver este documental. Siempre me ha gustado la relación del cine con la danza. Y, sí, recuerdo también el momento Pina en «Hable con ella» de Almodóvar. Es un documental que me gustó bastante, pero creo que me decanto por Buena Vista Social Club o Tokio-Ga.
    Sí, me doy cuenta de que conozco más al Wenders director de documentales que al director de ficciones (de las ficciones me queda mucho por ver, aunque siempre que regreso a París-Texas disfruto). No obstante, uno de los documentales que comentas me dolió en el corazón y me incomodó tremendamente, y es el de «Relámpago sobre agua». A veces pienso que tendría que verla otra vez y analizar los motivos. Ya sabes que me gusta entender lo que siento ante una obra determinada, y esta sería una de ellas, pues el caso es que no la olvido.
    Ray me conmueve profundamente cada vez que aparece (amo varias de sus películas), pero todo lo que hay a su alrededor me rayó mucho. Y me dejó triste y sin palabras la secuencia final del barco. No entendí ni a Win Wenders en esos momentos. En ese segundo visionado (solo la he visto una vez) tendría que confirmar si realmente lo que me pasa es que me enfada y me produce dolor. Y no es porque trate los últimos días de una persona, sino por la forma de mirar ese camino hacia la muerte.

    Beso
    Hildy

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    1. Querida Hildy,

      lo primero, a mi este documental, Pina, tampoco me parece que sea lo mejor de Wenders, pero tocaba escribir sobre danza y me pareció adecuado.

      Sobre Relámpago sobre el agua, es curioso que pienso lo mismo que tú a aunque no sienta lo mismo que tú. A mí también me pareció una cosa extraña, una intromisión torpe y a la vez valiosísima en los últimos días de un hombre que -yo- no era capaz de comprender por qué se prestaba a ello. Pero, en mi caso, tampoco me tocó mucho emocionalmente porque me cuesta sentir pena o conmiseración por las personas autodestructivas como Ray, aunque sé que la merecen y más si son geniales. Per hay una excepción, aquel documental sobre Chet Baker, Let’s Get Lost (1988) sobre el que algún día escribiré algo por gusto.

      Un beso muy fuerte

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