Cine de verano y bicicletas de refresco

Se me ha ocurrido que las bicicletas son para el verano. No donde vivo, claro, que hace tanta calor en Extremadura que solo puedo salir a rodar de amanecida o bajo las estrellas, pero sí es una buena frase para el común de las latitudes y para usarla en internet, donde temperatura es solo una palabra y bicicleta otra búsqueda amable.

Voy a dejar este verano, cada semana, una pequeña reseña sin ínfulas sobre alguna peli que incluya bicicletas. O mejor dicho, que trate de bicicletas. Las bicicletas y el cine, a pesar de nacer unidas (mírese usted la salida de los obreros de la fábrica Lumiére) no se han llevado especialmente bien, ni mal. La bicicleta para el cinematógrafo ha sido a lo largo de este siglo y cuarto poco más que otro aditamento dramático como las banderas que seguir, los porches en los que jubilarse o las puestas de sol bajo las que dejarse morir. La bicicleta poco más ha resultado ser que un motivo de adorno y buen rollito. Todos recordamos escenas con bicicleta al fondo, o de fondo, inspiradoras y tal; por ejemplo ese paseo que le da Paul Newman a Katharine Ross en Dos hombres y un destino o el extraño deambular con bici en ristre sobre piso deslizante de la Deneuve y el Castelnuevo en Los paraguas de Cherburgo. O qué decir de E.T., o de Juno, o de Donnie Darko. Y ante François el cartero y su método americano nos quitamos la chichonera.

Este verano, sin embargo, no vendrán por aquí esas pelis inolvidables con bici de adorno. Por el contrario, estará dedicado a las humildes producciones que hablan de bicicleta y nada más, con alguna excepción también de pelis cuyo tema central no es el ciclismo ni montar en bici pero que por algún motivo son especiales para quienes pasamos por el mundo viéndolo a pedales.

Para quitarme la espina lo antes posible, abro este pequeño ciclo ciclable por la peor de todas, así alimento ese tópico de que lo mejor está por venir.

La carrera de la vida (American Flyers, John Badham, 1985)

Qué lástima que la película de ficción en la que más medios se han invertido en homenajear al ciclismo de competición en carretera y en la que más se ha invertido en representar una carrera sea esta excrecencia fílmica.

Todo en ella es infecto, quizá solo pueda salvarse la fotografía voluntariosa y el bigote de Kevin Costner, que contribuye a envejecerle algo y alivia la zozobra que pueda sentir el espectador de hoy por lo implacable que pasa el tiempo por él como por todos. Todo lo demás es un despropósito que incurre en lo peor del peor cine malo, pero no pobre, de los 80. Por lo pronto, todo sucede en un planeta en el que parece ser que con la primera consumición en McDonald’s (patrocinadora total de la película, por aquello del deporte y la vida sana) le regalan a la gente una lobotomía. Es un mundo de inframentes, sonrisas bobas, frases hechas, cambios de humor injustificados y criterios morales de mejillón colorao. 

Ese mundo de American Flyers (y buena parte de la filmografía en pantalla grande de su director, échenle un vistazo,  es como el de Idiocracia (2006) pero con cardados, hombreras y gente aseada y en su peso ideal. Es un mundo, y voy a limitarme solo al ciclismo, ya que hablo de esta peli para contribuir al simpático ciclo veraniego, en el que se ataca cuesta abajo y con el plato pequeño, en el que se pone un avituallamiento con comida y todo ¡a una milla de meta! y en el que el campeón olímpico soviético es un moreno bajito feo y cachas, probable guardaespaldas en la vida real de Muamar el Gadafi. Al prota la gente le jalea y aplaude mientras hace una vulgar prueba de esfuerzo, al subprota le da un jamacuco aneurísmico bajando un puerto y casi se mata por hacer de todo por matarse menos frenar y bajarse de la bici. Las novias de los protas manifiestan de viva voz y sin que nadie les pregunte que les va mucho el sexo en su segunda o tercera frase, como si nos importara, y la canción romántica de una de las parejas y que les gusta para el trikitriki es el himno de USA que ponen por la noche en el cierre de emisión. Himno que sonorizan por cierto unas imágenes del despegue del Challenger -1985, ejem- con indisimulada carga alegórico-sexual. 

Lo único bueno de la peli, la maña que se da Rae Dawn Chong para cambiar la rueda en un pispás, que ya quisieran los mecánicos de hoy

El prota gana una carrera de tres días aunque aprendió antes de ayer lo que es ir a rueda y su estado de forma proviene de que entrena dos horas diarias echando carreras imaginarias con un sombrero tejano puesto… Y para colmo hay un cameo de Eddy Merckx, el mejor ciclista de todos los tiempos, y me temo que patrocinado en especie por McDonald`s. Le sacan en un extraño primerísimo primer plano de rostro porque -esto se lo digo yo, que en la peli no se ve- el bueno de El Caníbal después de retirarse en el 76 empezó a engordar hasta la obesidad y más o menos por estos mediados 80 tuvo que someterse a una reducción de estómago. Así que no le sacan de cuerpo entero porque haría muy feo entre tanto espigado jornalero del pedal.

La carrera además está pésimamente rodada, no se han molestado ni en imitar a la televisión que llevaba más de 20 años ya (el primer Tour televisado creo que fue el del 62) currándose tan plástica puesta en escena. Sobre tácticas en carrera que se emplean en la peli mejor me callo, porque el que no sea aficionado no me va a entender y el que lo sea vivirá más tranquilo sin saberlo. 

En fin, que American Flyers es un pésimo producto que supongo que responde a la moda ciclista que en esos años recorrió Estados Unidos a cuenta de las gestas de Greg Lemond en el Tour y los Campeonatos del Mundo. Les recomiendo si les interesa algo el ciclismo que busquen y vean el documental Slaying the badger (2014) y no esta basura ochentera. En él se cuenta la rivalidad que tuvieron Lemond e Hinault (el tejón, the badger, Le Blaireau) durante los años quizá más alucinantes de la ronda gala. Sobre esta fiebre bicicletera, su culminación llegó con aquel famoso tour del 89 en el que Lemond, seguro que hasta los no aficionados de más de 40 lo recuerdan, ganó a Fignon por unos segundos en la última contrarreloj de París. Pues bien, ese mismo año nació el, alucinen, Tour de Trump. Sí, de ese Trump.


En fin, sobre la película y su argumento, pues dejo dicho que es la historia de dos hermanos que se reúnen después de un tiempo de separación por el conflicto que surge entre ellos a la muerte del padre. El ciclismo, las novias y moverse en entornos sudorosos les unirá de nuevo y tal y cual. No hay mucho que decir de ella, nada tiene de memorable. Está la curiosidad de ver a Costner tan joven, y menos niña a la chica sapiens protagonista de En busca del fuego (1981), que es una película que me encanta y he visto muchas veces. Se llama Rae Dawn Chong, y cambia ruedas que da gusto.

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16 comentarios sobre “Cine de verano y bicicletas de refresco

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  1. ¡Qué genial reseña! Yo ni siquiera sé andar en bici pero de todos modos me anoto para la lectura de esta serie.-
    Eso sí, el cine de los ochenta no suele ser lo mío e intento no aceptar lobotomías de regalo así que mi compromiso es sólo con la lectura, no me ofrezco como voluntaria para ver esta película, jaja.-
    Un cariño, Bet.-

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  2. Mi querida Bet,

    el cine de los 80, salvo contadísimas excepciones que me caben en el bolsillo pequeño del maillot, es una piltrafa infecta como esta película que de todas formas yo creo que había que mencionar. Vendrán otras quizá no mucho mejores pero sí más dignas y enjundiosas. Ni se te ocurra ver esta basura, para eso te la reseño.

    Debes andar en bici… «andar en bici», qué hermoso oxímoron.
    Aprende Bet, si no nos separara el charco no ciclable del Atlántico con mucho gusto te prestaría una bici y te llevaría de paseo. La bici da felicidad, Bet, aunque escueza un poco la entrepierna al principio… ¡Como en la vida misma!

    Un beso fuerte

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  3. Jajaja, nunca había advertido el oxímoron. Por aquí es muy común «andar en bici» y «andar en moto». No así «andar en tren» o «andar en avión», que a tanto no nos animamos. Todo ello para no decir nada de la pregunta que deslizamos sin mover una ceja: «¿andás caminando?» pero eso ya tiene otro sentido.-
    Ay, yo creo que hasta que no inventen esa bicicleta trasatlántica, me quedo así. Me da terror romperme las costillas contra el suelo…
    Un abrazo, Bet.-

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  4. Hola tocayo
    Lo mejor, para mi, ha llegado al final; «En busca del fuego» la vi en su día, una vez, pero me gustó mucho. Hoy he sabido que la niña era Rae esa actriz que llama siempre tanto la atención pero que, tal vez, le falta alguna peli destacable.
    Por comentar algo de la peli: veo que la carrera se llamaba «Hell of the West» bajo nombres parecidos hoy esas carreras son triatlones, megamaratones o incluso velocirapto-tricero-recontra-tones.
    La peli no la vi ni falta que me hace, pero hay dos personas que han menospreciado el cine de los ochenta y van a tener que aprender a correr al ritmo costnero como los encuentre ¡Marditos roeores!
    Un saludo, Manuel.

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    1. Hola tocayo.
      viendo la película no reconocí inmediatamente a esta Rae Down Chong como la niña de En busca del fuego, pero miré su filmografía por curiosidad, y es que es un rostro tan curioso el suyo, que parece aglutinar todas las razas, y tan cumplido su trabajo que efectivamente, es raro que no tuviera más recorrido.
      En esa época -y hoy en día, como dices- abundaban las carreras con nombres estupendos, aunque a los puristas del ciclismo nos gustan más como suenan chapurreados en español los nombres de algunas clásicas belgas de segunda, como la «Nokere Koerse».

      Cuando quieras te hecho una carrera, Bet y yo en un tándem y tú si quieres en Vespino, tan ochentero que eres. Eso sí, para compensar tienes que llevar a Trump de paquete.

      Chao tocayo

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  5. ¡¡¡Cojo la bicicleta y me hundo en esta serie de películas con bici!!!
    Jajaja, querido Manuel, adoro que empieces tu recorrido con una película en que «Todo en ella es infecto».
    … todo es infecto, pero con una bicicleta…
    Yo montaba en bici de pequeña…, hasta que ya no tuve bicicleta y lo dejé. En contadas ocasiones me he vuelto a montar en una. No sé si ya sabría subirme a una, aunque se dice que nunca se olvida. Y, sí, tengo recuerdos bonitos subida a una bici. También te digo que me da miedo montar en bici en la ciudad, aunque cada vez vayan adaptándolas más.
    … Espero entonces la siguiente bici de cine que nos regales. La duda es si será en otra peli infecta o no, jajajaja.
    Yo, qué te voy a decir, cuando empecé a ir al cine en sala grande era el cine de los 80 y 90. Y no te voy a mentir: tengo grandes recuerdos de películas de aquellos años.

    Beso
    Hildy

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    1. Mi querida Hildy.
      este ciclo veraniego -si me dan las piernas para completarlo- tendrá alguna obra maestra, un par de buenas películas, algún documental interesante y lo demás serán, en general, productos humildes que den protagonismo a la bici o al ciclismo y que nadie conoce o ha visto. No habrá, eso sí te lo prometo, otra tan mala como esta. Pero tampoco hablaré de películas mayores y conocidas por todos como el mismo «Ladrones de bicicletas» (que así debería llamarse) porque me supera su grandeza y todo está dicho de ella.
      Será un ciclo humilde y sencillo, con entradas refrescantes sobre películas por descubrir o que merece la pena revisar sin pretensiones.
      Películas que son un poco lo que te pasa a ti con la bicicleta, que si quieres volver a ellas perfecto, y si no pues no pasa nada. Aunque yo sea un ciclista muy practicante no me empeño en convencer a nadie de que lo sea. Hay riesgos y es un gasto enorme de tiempo y curioso de dinero tener el ciclismo como afición, pero en las ciudades importantes os han puesto muchos carriles por los que, sin peligro ni riesgos, rodar un ratito y sentir por dentro ese subidón del desplazamiento autogenerado, esa sensación de que, si pedaleas no es que tú te muevas, sino que el mundo se para.

      Un abrazo fuerte

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  6. ¡Que viva la bicicleta, Manuel!
    Afortunado tú que puedes seguir dándole al pedal, aunque espero que no en plan globero, jajaja, Yo practiqué tanto el mountain bike –que era lo que realmente me gustaba– como la carretera que libraba milagrosamente de un atropello todo los años, salvo una vez que me ocurrió en la Casa de Campo de Madrid con el parte médico de un dedo meñique de la mano roto. Podía haber sido peor, así que cuidado, por favor. Al final la salud venció mi resistencia como una gota de agua horada una roca. Ahora tengo que contentarme con participar de esta actividad pasivamente, viendo en la tv las clásicas y las grandes vueltas: Giro, Tour y Vuelta.
    También participo de la idea de que el cine de los ’80 deja bastante que desear. Incluso me atrevería a añadir que posiblemente sea la peor década del cine. Recuerdo haber visto alguna que otra cuya temática tiene como protagonista a la bicicleta, incluso alguna de carreras, pero no recuerdo títulos, sin duda porque me resultaría anodina, aunque de memoria no ande muy sobrado que se diga.
    Un abrazo.

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    1. Vaya Nuncaelolvido, como me fastidia leer que la salud te ha minado las fuerzas, si es que lo entiendo bien. Yo ahora estoy pasando por algo parecido, aunque afortunadamente transitorio, por culpa del covid que me ha dejado algo flojo y es un fastidio para mí porque me está chafando los planes ciclistas de verano. Yo sin bicicleta me convertiría en un ser amargado y perpetuamente deprimido, que es lo que fui básicamente hasta que empecé a montar con continuidad.

      No soy un globero aunque cosas de globero siempre se siguen manteniendo, sobre todo en la modalidad ciclista que practico. Aunque también le he dado a la de montaña, desde hace varios años el 90% de lo que hago es carretera. No voy rápido porque estoy gordo y no soy capaz de quitarme la tripa aunque haga unos 12000 km al año, pero me dedico al ciclismo de larga distancia a ritmos moderados. Aparte de cicloturismo de vez en cuando y de salir por donde vivo, hago «brevets», que no sé si sabes lo que son porque es algo minoritario, pero aquí te puedes hacer una idea: http://www.randonneurs.es/

      Por una mágica combinación de mucha buena suerte, algo de habilidad en la bici y obsesiva prudencia al circular y elegir cuándo salgo por donde voy, nunca me he caído de la bici de carretera a pesar de los muchos años y kms, pero es verdad que el peligro está ahí siempre, de hecho este año lo he visto pasar muy de cerca en forma de varias costillas rotas de dos compañeros de ruta… Es verdad, la bici tiene su peligro, pero nada comparado, en mi caso, con quedarme sin disfrutarla.

      Sobre el cine de los 80 no insistiré más porque si no el tocayo y Hildy se me enfurruñan y les quiero mucho. Para compensar ya digo que hay otra de los 80 en el ciclo que me parece entre buena y muy buena, ya se verá.

      Un abrazo fuerte

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  7. Hola tocayo
    Lamento mucho que el bichito trastoque tus planes; más sabiendo que tenías una gran ilusión. Paciencia.
    Yo también tengo una «balada triste de bicicleta» resumiendo mucho: quince años, fístula anal. Fin.
    Si tú no evangelizas con la bici yo tampoco lo haré con los ochenta peeeeroo… Director que amas u odias (luego odio a tutiplén), película ochentera que o pones un piso o escupes y con Rae: Choose Me.
    A raíz de una de tus entradas -o de Hildy- recordé una pelí que me gustó mucho con bicis, la busqué: tenía confundido al prota y no sabía el título, a punto de abandonar la encontré un una clasificación de pelis deportivas. Estaba la segunda. Confirmé mi buen recuerdo ¿la veré por aquí? ¡Cómo molan las carreras con intriga final!
    Salud y pedales, Manuel.

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    1. Vaya tocayo, que me has pillado. No sé a qué peli te refieres. Miro listas por ahí y en apenas ninguna aparecen pelis sobre ciclismo, y si aparece alguna son documentales a los que no te estarás refiriendo.
      Ruego al Cristo de los Alicates por que no estés pensando en Carros de fuego, que sé que va de atletismo pero lo mismo sale alguna bici después de los 30 o 40 minutos que pude soportar el lejano día en que me dio por intentar verla…

      ¡Tanta intriga no me inmola!

      Saludos tocayos

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  8. No, no has entendido mal, Manuel. De hecho, mi actividad ciclista es posterior a la dolencia que finalmente me ha hecho hincar la rodilla: estoy operado de una hernia discal, exactamente de la L4-L5, y por ello tengo una incapacidad y percibo una pensión de subsistencia sin más ingresos. Claro, a mis 61 años, ya no es que esté desempleado es que ni siquiera existo laboralmente. Y luego quieren que te jubiles a los 67, después dirán que a los 70 y así hasta el infinito, aunque se nos vaya la olla pese a que vivamos más.
    ¡Leches, 12000 km. al año! Pues para estar gordito no está pero que nada mal. Yo a lo más que he llegado al año es aun tercio, poco más o menos, de esos kilómetros. Y tampoco perdía peso, ¿por qué? Porque para perder peso no sólo hay que cuidar la alimentación, también influye, y mucho, la intensidad con que se realice la actividad deportiva. Como bien sabes, no es lo mismo ir a una velocidad de 10 km/h que a una de 30 km/h, ni recorrer una distancia de 20 km. o 100. Ignoro la edad que tú tienes, pero a la mía perder peso ya empieza a ser una empresa poco menos que imposible, y eso respetándote la salud, no digamos nada si te empiezan a aparecer goteras por todos los lados. Después de toda una vida en la que el deporte ha formado parte esencial de mi existencia ahora me tengo que conformar con salir a andar una media de 10 km. (eso sí, por la Casa de Campo que la tengo al lado porque no me gusta el asfalto ni las calles para andar, quiero tierra, naturaleza) y eso no todos los días ni durante todo el año. Ya sabes, por eso de las goteras y que cada vez quedan menos fuerzas y ánimos.
    Es indudable que la actividad deportiva es un buen antídoto, que no una cura, para muchos males, aunque dudo que en tu caso –conjeturas mías– llegases a ser un amargado y un depresivo, aunque frecuentemente vayan de la mano. En este caso te he tomado la delantera. De todas formas, aparte de la bici, y si no te he leído mal en alguna ocasión, eres profesor (tengo curiosidad, ¿de qué?), tienes el cine y este estupendo blog… y tu vida privada, aunque espero y deseo que no se llame soledad.
    Desconocía por completo esto de los «brevets», así que se me ha ocurrido proponerte para este verano una pequeña, aunque no propiamente «brevets», más bien cicloturista. Para mí sería un verdadero placer invitarte a mi pueblo (varias veces ha pasado la Vuelta por él) de Ávila. Allí tendrás alojamiento y comida gratis y las puertas abiertas. Serás bien recibido. ¿Hay forma de comunicarse contigo por privado?
    No, por favor, que no se te enfaden, porque qué aburrido sería que todos pensáramos igual, en la diversidad está el crecimiento. Desde luego que en los ’80 se hicieron algunas magníficas películas, por ejemplo, Blade runner, El hombre elefante, Kagemusha, El precio del poder… Pero lo cortes no quita lo valiente.
    Un abrazo ciclista.

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  9. Hola Nuncaelolvido,

    aunque en el pasado me amargase, mi presente es muy pleno. Tengo mis días melancólicos como todo el mundo, pero por lo demás nada me falta y solo me sobran unos kilillos que molestan pero poco. Estoy muy bien acompañado en la vida -hasta en bicicleta me acompaña la amada- y tengo salud, qué más puedo pedir. Siento mucho tu situación, lo que comentas. Para lo que necesites puedes decirme lo que quieras en manudefilosofía@educarex.es , que ya te da pistas sobre qué clases doy.
    Tengo la provincia de Ávila bastante rodada, entre las brevets y las escapadas a Gredos huyendo del calor, pero me queda mucho por descubrir. Si quieres déjame tu contacto y cuando pueda te aviso y subo y rodamos todo lo despacio que quieras, o nos damos un paseo.

    Un abrazo

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  10. Bueeeno pongamos fin a la intriga
    Breaking Away (el relevo) , Peter Yates 1979. En su día me pareció muy fresca, divertida y bastante original. Cuando le dieron el Oscar al guión pensé que se habían vuelto locos pero lo piensas y no: toca muchos temas y con clase. El único actor que tuvo carrera notable fue Dennis Quaid y yo recordaba un actor de saga pero no un Quaid.
    Ahora vas y dices que ya la has visto y que no te gustó.
    No te inmoles por una intringulillá de ná. Manuel.

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    1. Hola tocayo,
      Claro que va a estar en el pequeño ciclo, de hecho hace ya tiempo que escribí la cosa.
      Es una peli curiosa, sí me gustó pero tiene muchas tontás al mezclar, como dices, varias intenciones.
      Saludos molones. Me voy con la bici…

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