El puente (The Bridge, Eric Steel, 2006)

Animado por la lectura en The New Yorker de un artículo de Tad Friends que habla sobre la atracción magnética que el puente Golden Gate de San Francisco ejerce sobre los suicidas, Eric Steel, productor más que director, montó un equipo de varias cámaras que durante todo 2004 grabaron el puente y a quienes lo cruzan, con el fin de atrapar la imagen de los últimos minutos de quienes saltasen de él. Ese año se suicidaron 24 personas, cuyos nombres veremos al final del filme. La muerte de la gran mayoría -23 dicen en unos sitios, 19 en otros- fue inmortalizada, curioso verbo, por las cámaras.

El puente fue en su momento un trabajo polémico no solo por su planteamiento, que básicamente consiste en mostrar explícitamente a personas suicidándose mientras sus allegados hablan de ellas, sino por cómo se produjo. Para empezar, engañaron a las autoridades con los permisos para plantar las cámaras, alegando que iban a hacer un documental sobre la belleza del puente y la interacción con él de su entorno humano y natural. Después se reprochó a Steel que en algunos casos tuvieran en el visor a personas con comportamientos claramente sospechosos, muy distintos a los de los turistas que suelen atravesar el puente, y que no llamaran a la policía y siguieran grabándolas. El director se defiende diciendo que llegaron al acuerdo de que solo avisarían a urgencias si alguien se descalzase o diese alguna otra muestra clara de ir a tirarse (¿?). En especial hay un caso, el de Gene, un joven cuya historia atraviesa todo el metraje, que es bastante sangrante, pues en la misma película le vemos durante minutos en una actitud que nos haría avisar a la policía a cualquiera. Para rematar, aunque Steel lo niega, se dijo que rodaron los testimonios de las familias sin que estas supieran que la muerte de su hijo, de su hermana, había sido grabada e iba a ser vista por todo el mundo. Como digo, el director afirma que se les mostraron las imágenes antes de las entrevistas, no tengo forma de confirmar nada.

Al margen de la aparente inmoralidad de su gestor, por muy íntegro que hubiera sido su parecer el resultado final nos interroga aún antes de penetrar en el complejo entramado de ideas sobre el hecho mismo de quitarse la vida ¿Es lícito mostrar el suicidio de alguien en una pantalla de cine, siendo este el más íntimo de los actos, con la excusa de que se ha llevado a cabo en un lugar público y a la vista de todo el mundo? ¿No hubiera sido más elegante y digno haber evitado mostrar las imágenes explícitas, el último salto, el choque contra el agua? ¿Por qué he gastado hora y media de mi vida en verlo y otro tanto ahora en anotarlo? 

Otra pregunta: ¿En qué lugar de nuestra alma de espectador la empatía sensible se transforma en morbo insensible? Por la conquista de ese lugar, desde luego, existe The Bridge y la intención de quien lo ha hecho. De este documental escuché hablar cuando se estrenó hace años, pero mi cabeza lo dejó pasar y me lo encontré el otro día en filmaffinity por casualidad. Me sorprendió -y ahora más, que lo he visto- que solo tenga un 6,2 de nota, así como que esté tan olvidado. Creo que es una nota injusta, en especial teniendo en cuenta la generosidad con las que se califican ahí este tipo de documentales. Quizá su nota y su fracaso en trascender, me malicio, tengan que ver con la mala conciencia que es difícil no sentir tras verlo.

Del tema que trata, del suicidio, yo nada tengo que hablar en un blog de cine rarito, pero sobre cómo se trata en la película, sí que tengo que decir que se ha optado por un discurso múltiple. Muchas personas hablan de varias personas que se han quitado la vida, y hay varios grados de relación entre ellas, desde la amistad superficial hasta los padres muertos en vida por el suicidio del hijo o de la hija. Así, los discursos son variados pero se centran en la personalidad del ser querido y en su conducta más que hacer algún tipo de pedagogía o de explicación sumaria y racional de ideas, síntomas, cosas que tomar en cuenta para prevenir esta plaga. No es un reportaje sobre el suicidio, pero tampoco un pastiche sensiblero. Además las intervenciones de los allegados, en oposición a las imágenes del puente, se presentan con tosquedad y frontalidad, al más puro estilo de reportaje diario. No se dramatizan sus testimonios, y estoy seguro de que se han dejado fuera del montaje muchos momentos de lágrima y desgarro insoportable. Quiero ser bienpensado y opinar que lo de evitar el espectáculo del dolor se ha hecho con criterio, digamos, documental, y no para que el exceso de emociones se sobreponga a las imágenes del puente y de los suicidios. También hay en la película, que no lo he dicho, suicidios frustrados por paseantes, quien no se atreve a tirarse, y el caso mágico de un chaval con trastorno bipolar que se lanzó pero, dice, justo al soltarse se arrepintió y procuró caer “de pie” y milagrosamente sobrevivió.


De hecho, formalmente El puente es un documental muy académico, muy como otros. Lo que lo hace especial y difícilmente olvidable, aparte de sus imágenes explícitas y polémicas, es para mí al menos la gran carga poética de sus visiones del Golden Gate y sus transeúntes tomadas con teleobjetivo. Hay un contraste que me fascina entre las fuertes líneas de composición que marca la estructura del puente omnipresente y la naturaleza espectral, difusa y contingente de las figuras borrosas que lo recorren. Son personas sin rostro que andan por allí con la ilusión del turista, la indolencia del trabajador cansado o el ensimismamiento del que, como se quiere ir del mundo, puede mirar indiferente a la altura hasta el agua, 67 metros en la parte central, que va a robarle la existencia. Esa combinación de la rotundidad arquitectónica del puente y la fatuidad de todo lo que lo rodea es un logro formal maravilloso. Además de quienes lo recorren, los girones de niebla que no pueden tapar su imagen y pasan de largo, los barquitos turísticos, los surfistas y las focas que viven ahí abajo en el agua, activos y vitales,  ignorantes de que lo que les ha caído del cielo es alguien que descansa para siempre. La misma ciudad parece existir para él, y no al contrario.

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2 comentarios sobre “El puente (The Bridge, Eric Steel, 2006)

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  1. Hola tocayo
    No tengo ninguna noción sobre esta peli pero, leyendo, he recordado un «rompetaquillas» de esos que hablan de asesinos en serie y, resulta, el motivo por el que nuestro anti-héroe comienza su «cruzada» es que su padre muere en un puente de forma curiosa y todo el mundo se lo toma a risa.
    Otro «puente» famoso en nuestra transición fue aquella de Bardem con Landa. Metafórica, decían.
    Lo que está bien puesto es el nombre del dire; aunque, tal vez Eric Stone(face) le quedase mejor.
    Un saludo, Manuel.

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  2. «El puente» de Bardem lo vi precisamente hace poco gracias al doctor Mabuse, al hilo de su comentario sobre Easy Rider y a pesar de que alguno diga que la peli es «pa haberse matao» a mí me gusta mucho.

    Te confieso que sobre el rompetaquillas no caigo (¿del puente?) pero tengo la sensación de que cuando caiga o me tires me sentiré idiota.

    Otro puente bien bueno es Die Brücke, de 1959, o lo que viene siendo la primera versión de la última parte de Salvar al soldado Ryan.

    Saludos!

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