El tierno cine de Uberto Pasolini (y II)

Nunca es demasiado tarde (Still Life, Uberto Pasolini, 2013)

Tras su primera aventura como director en Sri Lanka, Machan, de la que hablamos en la primera parte de este pequeño reporte sobre la filmografía de Uberto Pasolini, el director italiano, que por cierto no ha abandonado nunca su labor como productor, dirigió en Inglaterra Nunca es demasiado tarde (Still Life)

John May (Eddie Marsan) es el funcionario de un distrito de Londres encargado de acompañar las exequias de aquellos que mueren en soledad, o de procurar localizar a sus parientes y amigos, para que les acompañen en el último festejo. Así, la película empieza con un tono casi cómico, con el bueno de John acudiendo él solo a unos cuantos funerales, cada uno con su rito religioso, para los que él mismo ha decidido la música, el discurso y el féretro. Estos muertos en soledad, esta gente que se marcha a la otra vida sin tener de quien despedirse en esta, una vez que se van acompañan la vida de John, que con las pocas fotografías y efectos personales que dejan, compone un álbum respetuoso cuya composición y observación es el único ocio de este hombre solitario, metódico, feíllo, que cena cada noche una lata de atún. Este personaje extraordinario, muy bien construido, podría ser, si esto fuera una peli de misterio, una especie de emisario del más allá por su aspecto mortecino y su actitud silente. Pero no, tan solo es un funcionario quizá rarito, pero coherente y digno, que no necesita exteriorizar con gritos ni susurros que la dignidad debe ser una prioridad para la cosa pública, y que por eso él se desvive por los que ya no viven ni se interesa nadie por ellos.

Uno de estos muertos, un borracho violento y ex militar del que en principio nadie quiere saber nada, sí que deja un rastro que se puede seguir, del que John tira para dar forma a la trama que vertebra la película, en la que intervienen su hija repudiada, su ex amnésica o sus marginales compañeros de alcoholismo degradante.

Abro un conveniente paréntesis porque me acuerdo de un documental genial, mejor que muchas filmografías completas, que hizo rtve hace ya muchos años adelantándose a John May  y que yo tenía por costumbre poner a mis alumnos. Ya no lo hago porque hoy en día todo les queda demasiado lejos en el tiempo y no entienden mucho de lo que ven, pero para quienes somos adultos sigue vigente y es realmente especial. Cuenta la investigación que los periodistas de la televisión pública hacen para descubrir la identidad y el pasado de una mendiga aparecida muerta en las escaleras del metro de Callao, en Madrid. Se trata de El caso 112, empieza con la mítica sintonía de Ry Cooder para Documentos TV,  y aquí lo dejo.

Volviendo a Pasolini y a Still Life, hay que comentar su estilo. De las tres películas que comentamos es la que más voluntad de estilismo muestra. Rodada en planos fijos, solo con apenas algún levísimo reencuadre, con un ritmo muy tranquilo se desarrolla la historia siguiendo a John May, sin aspaviento alguno. Es una película que recuerda mucho, quizá demasiado, a varias de Aki Kaurismäki.

Sin embargo todo cambia en su final, que rompe un poco con todo lo anterior y que provoca una emoción irreprimible. Se ve venir, pero cuando llega te agarra de las entrañas igual. Lloré como un magdaleno aun sabiendo de la trampa y del cartón. Los últimos minutos de esta peli son de esos que nos enfrentan con nuestra experiencia cinéfila, porque entendemos el truco pero nos vence, o al menos eso siento yo.

Falta decir que Still Life se dedica a un tema de esos invisibles y dolorosos que hibernan en nuestra sociedad, en este caso la soledad involuntaria, como se la llama ahora. Qué puede haber más triste que vivir la vida y terminarla con la convicción de que a nadie le ha importado finalmente quién eres, y que morirás y te pudrirás y que será solo ese olor molesto lo que anime a un vecino quisquilloso a llamar a la policía.

Cerca de ti (Nowhere Special, Uberto Pasolini, 2020)

Lo primero, el título original. Le he preguntado a un conocido que tengo que es profe de inglés y además poeta cómo podría traducirse Nowhere Special, y aunque no lo tiene muy claro hemos llegado al acuerdo de que podría ser “ningún sitio en particular”, o “en ningún lugar mejor que en otro”. Para llegar a ese acuerdo filológico me ha pedido que le cuente de qué va la película. Es fácil, le he dicho.

En la gris Belfast vive John (no hay apellidos en esta historia), un hombre que media la treintena y que sufre un cáncer terminal. Solo tiene en el mundo a su hijo de 4 años, Michael, pues la madre se fue y ha desaparecido del mapa. John (James Norton) trabaja limpiando ventanas y no atesora más mérito que ese, como él mismo dice a otro personaje en cierto momento. Afortunadamente tiene una gran virtud: es un padre amoroso, responsable y dedicado, que además tiene un hijo dulce y tranquilo del que tiene que aprender a despedirse. Toda la película consiste sencillamente en mostrarnos esta relación entre los dos mientras que el estado de John empeora y se dedica a visitar familias que quieren adoptar, para elegir la que le parece que será mejor para su hijo cuando él haya muerto. La propuesta es de esas que a veces asustan un poco: niños, cánceres, humilde film europeo, la gris Belfast… Mucho espectador reniega de este tipo de historias porque le parece que va a pasar un mal rato que encima les va a aburrir. Este no es el caso.

Pasolini conduce la historia por la senda cinematográfica más limpia y a la vez más estrecha: la de la extrema sencillez. Arriesgándose a que el producto final se quede en algo inane y olvidable, renuncia casi por completo a todo aparato dramático. En esto creo que supera a Nunca es demasiado tarde, en la que sí se abría al final el cajón de los truquillos dramáticos para extraernos la lagrimita que, ojo, tampoco me pareció mal. En Cerca de ti no hay nada de sentimentalismo, no hay trucajes, solo dos seres extraordinariamente bien avenidos en la pantalla, el padre y el hijo, y un guion sencillo pero muy inteligente, nada discursivo y que es todo sensatez y realismo, filmado con buenas ideas visuales y pequeñas alegorías accesibles como el globo rojo que se marcha hacia las nubes plomizas de la gris Belfast.

John visita a esas futuras familias y, con profundo respeto por sus razones para adoptar, tan dispares, deja que nosotros mismos las juzguemos, y juguemos a adivinar con quién se quedará el niño. Están los pijos amantes del aire fresco que le van a dar todo para que sea una fotocopia de ellos mismos, está la familia sencilla y humilde, llena de amor, que quiere otro hijo que ya no puede tener por métodos naturales, están los profesionales de la adopción, los que quieren un hijo como se quiere un mueble, la pelirroja soltera que en la vida solo quiere un niño al que achuchar. Uno, habituado al discurrir habitual de este tipo de historias, se espera que al final no sepamos por quién se decanta John, pero sí lo sabemos al final, y esa es la última renuncia y definitiva que hace Pasolini a cualquier mecanismo melodramático o especulación narrativa alguna. Todo se nos dice y se resuelve con tranquilidad y respeto, como decía antes, delante de nuestros ojos.

Incluso en el aspecto formal se ha renunciado a cualquier seña de identidad, a buscar o imitar estilo alguno, más allá de mostrar de forma realista y económica lo que tiene que suceder. Nada hay que se superponga a lo que oímos y a lo que ocurre, y son inmensas las  interpretaciones de James Norton, el niño Daniel Lamont  y cada uno de los secundarios, por ejemplo los ojos de la asistente social que ayuda a John (Eileen O’Higgins). Sobre esto, debo decir que mientras más pensaba en el aspecto de lo que veía más resonaba en mi cabeza el nombre de Abbas Kiarostami.

Con esta película, la primera que vi de Uberto Pasolini, me encontré hace unos meses de casualidad no sé si en La 2, y la vi con interés y me sorprendió su honradez y mesura, pero no creí que fuera a dejarme huella. Sin embargo mi mente ha vuelto a ella frecuentemente, no sé por qué -no hay paralelismo alguno entre lo que en ella sucede y mi vida personal- la rememoraba una y otra vez, así que me he decidido a volver a verla y de pronto me encuentro con que me llena plenamente esta peliculita menesterosa, ya olvidada a los dos años de su estreno. 

Creo que me gusta tanto porque es una especie de ideal de película sin pretensiones. Si por alguna razón el cine fuera algo que obligatoriamente tuviera que hacerse con cuatro euros y cinco personas, si a los seres humanos no nos moviera tanto el espectáculo perceptivo y la exacerbación emocional, si aprendiéramos a sentir y pensar frente a la pantalla como andamos por las aceras, entendiendo que somos uno más que pasa por la vida poco más que para ejercer el tímido derecho de ocupar el espacio público… Si fuéramos de otra forma esta película sería una obra maestra. Siendo como somos no es capaz de llegar al 7 en Filmaffinity.

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4 comentarios sobre “El tierno cine de Uberto Pasolini (y II)

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  1. Hola tocayo
    Curioso que te hayas preocupado de la traducción de una y no de la otra. De todas formas, digamos, han traducido ambos títulos con la esperanza de no espantar a los últimos espectadores posibles. Tiene su punto que hayas nombrado a Ry Cooder porque Still Life es, también, el título de un LP de Pat Metheny otro músico no lejano a las pantallas. El nombre completo era «Still Life (talking)».
    Ambas pelis encajan perfectamente en ese cine de las islas tan personal, social y de vuelo bajo que podríamos decir nowhere special but something magical. Tan lejano de mi «cordialmente odiado» Kiarostami. Yo hubiese hecho referencia al producto interior no-bruto y hubiese puesto «Mi vida sin mí».
    Me gusta mucho Eddie Marsan haciendo esos papeles invisibles pero que dejan poso.
    Un saludo, Manuel.

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    1. Hola tocayo,

      qué le bien le vienes a mis parrafadas, porque las completas con ideas que extrañamente ni se me pasan por la cabeza o con otras que sí se me pasan por la cabeza pero luego no escribo o borro.
      Efectivamente Still Life es un título bien puesto, pues se puede entender algo así como «vida que permanece» pero realmente es como se dice en inglés «naturaleza muerta», vamos, un bodegón de toda la vida, género pictórico por el que siento, por cierto, especial poco apego. Esto pensé en ponerlo pero se me pasó.

      Sobre la comparación con «Mi vida sin mí» pues te parecerá alucinante, pero ni se me vino a la cabeza, a pesar de que es una peli que aprecio también mucho y que he visto varias veces. Sin embargo, a pesar de lo similar del tema con Nowhere Special, a mí me parece que se parecen muy poco, porque Coixet carga bastante las tintas dramáticas y esta es muy muy sencilla. Es verdad que, si lo pienso dos veces, quizá Kiarostami no sea tampoco un análogo bien traído, pero es que pienso las cosas vez y media como mucho.

      Un abrazo

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  2. Querido Manuel, has hecho dos textos que hacen que una quiera correr a ver estas películas de Uberto Pasolini. Sí, tienes razón. Tengo que ver Nowhere Special. ¡Otra a mi lista interminable y maravillosa de títulos pendientes!
    Ahora sí, terminas el texto de «Nunca es demasiado tarde» con una frase para leer una y mil veces: «Qué puede haber más triste que vivir la vida y terminarla con la convicción de que a nadie le ha importado finalmente quién eres, y que morirás y te pudrirás y que será solo ese olor molesto lo que anime a un vecino quisquilloso a llamar a la policía». Jooooderrrr. Más razones para convencerse uno de disfrutar por lo menos cuando se pueda de los pequeños buenos momentos.
    Que me ha encantado leerte.
    Por cierto, qué ganas de ver el documental que facilitas sobre la mujer sin hogar.

    Beso
    Hildy

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    1. Pues sí, Hildy querida, te va a gustar mucho Nowhere Special, lo sé.

      El documental que menciono es muy viejo, creo que del 89 o del 90, y es curioso de ver solo por comprobar lo mucho que hemos cambiado en tan poco tiempo, incluso en los acentos. Pero es una historia muy triste muy bien contada, la de esa pobre mendiga, que por cierto, y por eso la puse en el blog, tiene que ver algo con el cine, incluso participan en el reportaje Paco Rabal y algún guionista de aquel tiempo. Además, parece una tontería, pero me encanta que sean los mismos documentalistas (de tve) los que tiran del hilo de su pasado, es como una especie de servicio público perfecto, que da gusto pagar impuestos por ello.

      Un abrazo fuerte

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