Otoño tardío (Akibiyori, Yasujiro Ozu, 1960)

Siguiendo el orden temporal de la filmografía de Ozu ahora deberíamos hablar de Las hierbas errantes (Ukigusa, 1959), pero ya le dedicamos un apunte en compañía de su primera versión muda.

Mejor que Otoño tardío, una traducción más acertada de Akibiyori debió de ser Días serenos, o espléndidos, de otoño. En cualquier caso la significación del título creo que está bastante clara. Igual que en Primavera tardía y en Principios de verano, parece referirse al momento vital por el que pasa el personaje interpretado por Setsuko Hara. Y es que lo más interesante de esta película desde una perspectiva crítica o analítica es que en realidad es una especie de continuación de la llamada trilogía de Noriko, que además se cierra formando un círculo narrativo maravilloso, pues esta cuarta Noriko (que se llama Akiko de nombre y de apellido, curioso, Miwa, el mismo de la mujer que el padre de la primera, en Primavera tardía, simulaba pretender) termina encarnada en el mismo papel al que amorosamente se enfrentaba la primera. Ahora Akiko, a la vez que es pretendida en su espléndida madurez que no deja de elogiar todo el mundo, deberá enfrentarse a la resistencia de su hija Ayako (Yôko Tsukasa) a que le busquen novio, porque quiere quedarse con ella. Desconozco si Akiko no se llama Noriko porque Akiko se llama el personaje de la novela de Tom Satomi en que se basa el guion, supongo que sí, ni si realmente Ozu daba importancia a eso de sostener una suerte de saga Noriko. Supongo que él estaba a otras cosas, pero el caso es que esta serena Setsuko Hara es el alfa y omega de toda la trama. Todo gira en torno a ella, a pesar de que no aparece demasiado en pantalla y de que, además, realmente hasta casi el final de la historia permanece un poco ajena a todo lo que se está fantaseando y tramando sobre ella. 

Como en otras ocasiones aunque no lo haya comentado me resulta muy curioso el afán de Ozu y Noda de construir sus historias a partir de material ajeno, cuando en algunos casos, y este es sangrante, prácticamente no hay personaje, subtrama o sucedido que no haya aparecido ya en otras películas anteriores basadas en libros de otros autores, como la misma Banshun. Volvemos a ver al que llega tarde al funeral, por supuesto la hija a la que hay que buscar novio, los borrachines hablando de la guerra, el reírse de la camarera y de su marido, los bares con nombres españoles, el viaje a la naturaleza antes de la separación, la visita consoladora de la joven amiga a la madre que queda sola… En fin, casi todo lo hemos visto ya. De hecho la trama es una especie de Primavera tardía algo más complicada, en la que se ha sustituido al señor Onodera (aquel al que Noriko llamaba sucio con su mejor sonrisa) por los tres amigos del ausente, marido y padre muerto de Akiko y Ayako, en cuyo funeral empieza la historia. Curiosamente este es un funeral alegre, lleno de risas y gracietas que nos indican que la muerte sucedida creo que hace cinco años ya está superada al menos en la superficie, que contrasta con el final de la película, que consiste en una boda no diré que triste, pero que sí deja un rastro de pena, como en otras ocasiones, y esta vez Ozu solo nos muestra de ella la fotografía oficial y su preparación. 

En aquel funeral los tres amigos del muerto, dos de ellos viudos, coinciden en que Akiko-Setsuko Hara está como nunca a sus cuarenta y pico, y que si a la hija ya le toca ir buscando marido no sería mala idea, para estimularla, encontrarle otro a la madre. Los tres tipos se pondrán manos a la obra y un poco la mezcla de estos enredos con el drama clásico de que la hija se quiere casar por amor porque es moderna es el manto de doradas hojas caídas sobre el que contrastará Otoño tardío por su color verdoso no sé hasta qué punto buscado por Ozu. Es curioso cuánto verde hay en los trajes, y decoraciones, pero es que toda la película en sí tiene ese tono, aunque quizá sea esto culpa de la copia que tengo, de no muy buena calidad y unos subtítulos penosos.

Estos subtítulos mal traducidos del inglés que a su vez se nota que traducen el japonés sin el contexto necesario se suman al hecho de que en esta ocasión, quizá más que nunca, sucede ese fenómeno ya comentado en otras ocasiones de que Ozu no plantea el asunto central hasta que no han pasado muchos minutos en los que nos preguntamos por el nivel de protagonismo de cada uno de los personajes. Si conocemos el cine de Ozu la familiaridad de las tramas nos salvan de caer en la confusión y finalmente todo queda más o menos claro. Quizá un factor que influye en esto es que la película se entretiene demasiado en el retrato de los tres amigos del finado Miwa que pretenden de pensamiento, obra, u omisión, a la bella Akiko. Ozu se encuentra muy cómodo en las escenas protagonizadas por estos coetáneos suyos y los retrata con una sabia mezcla de burla y simpatía fácil de alcanzar cuando se está familiarizado con esas francachelas y conversaciones de maduritos poco interesantes en la vida real.

Sabemos además con certeza que Ozu se inspiró para retratarlos en una gran película del John Ford mudo, Tres hombres malos (3 Bad Men, 1926) porque así lo anotó él mismo en el guion de rodaje de Akibiyori. Además de una interesante revelación, este dato es un recordatorio de que este especial Ozu se acerca a su final sin que haya tenido ni el tiempo ni el valor de haber dedicado un apunte a la relación entre estos dos maestros entre los maestros, dos personalidades humanas y estéticas que se reflejan la una en la otra porque con su cine persiguen lo mismo y consiguen lo mismo aunque por caminos muy diferentes. Ozu admiraba profundamente a Ford y lo declaró en muchas ocasiones. La diligencia estaba entre sus cintas favoritas y en alguna ocasión comentó -y creo que en esto no es el único, pero seguro que él no lo copió de nadie- que para él el cine se resume en esa famosa secuencia en la que Henry Fonda se balancea en la silla con la pierna apoyada en un poste, disfrutando indiferente de la vida, niño y adulto a la vez, en Pasión de los fuertes.


Creo que de las películas de posguerra esta es la que menos me satisface de Ozu, aunque la considere notable. Es la que mejor podría darle la razón a nuestro entrañable Nöel Burch, que como contamos hace ya ¡casi un año! decía que el estilo del maestro se acartonó con el tiempo y que su cine se volvió vacío y artificioso. Yo no coincido con él en la mayor, pero le concedo la menor de que, efectivamente, Ozu tendía al conformismo y a repetir esquemas, y que además en estos últimos años, al querer desprenderse de todo lo melodramático y fijar en la pantalla su mirada  de hombre casi anciano -más por salud que por edad- se terminaba pareciendo demasiado a sí mismo, y en cuanto el genio artístico se relaja se nota en pantalla y la nota baja.

Esta entrada forma parte del Especial kanreki de Yasujiro Ozu

Todas las citas literales de Ozu, salvo que se indique lo contrario, están extraídas de La poética de lo cotidiano. Escritos sobre cine de Yasujiro Ozu, traducido por Amelia Pérez de Villar y editado en Gallo Nero. o bien de Antología de los diarios de Yasujiro Ozu, Edición a cargo de Nuria Pujol y Antonio Santamarina. Filmoteca de la Generalitat Valenciana.

Si menciono a Antonio Santos suelo referirme a lo leído en su monografía sobre Yasujiro Ozu editada por Cátedra.

Se pueden consultar la ficha de cada película y otros análisis en IMDB, Filmaffinity y Letterboxd.

En inglés se puede leer el análisis técnico de David Bordwell de cada película legal y gratuitamente de su libro Ozu and the poetics of cinema en este enlace.

En Internet Archive hay algunas películas de Ozu que no se pueden encontrar en las plataformas habituales.

Licencia de Creative Commons
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3 comentarios sobre “Otoño tardío (Akibiyori, Yasujiro Ozu, 1960)

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  1. Hola tocayo
    Lo cierto es que la peli de hoy es, prácticamente, la misma que la primera «Noriko»; yo creo que Ozu se consideraba a si mismo un director-pintor y utiliza las mismas pinceladas para los dos cuadros. El cambio, que no es menor, es que en aquella la hija no quería separarse del padre y en esta de la madre (aunque cuando la «bomba» explota la hija parece erigirse en defensora de su padre -Electra attack-). Incluso hay un autohomenaje cuando la hija le dice a su madre que no la abandonara, a la propia Noriko, y llegan al acuerdo estrechando sus manos -uno de los escasos contactos físicos entre personajes-.
    Un saludo, Manuel.

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  2. Hola tocayo,
    pues todo lo que dices es cierto, pero es que más se parece todavía a Primavera tardía El sabor del sake, la última peli de Ozu de la que ya escribí hace tiempo. En efecto a Ozu no le importaba nada la originalidad de las tramas. Yo esto no lo critico, porque él hacía el producto que se esperaba de él, por el que se le pagaba, que eran estas componendas familiares. Y nosotros, desde nuestra atalaya del SXXI, esperamos novedades y giros inesperados de la ficción, todo eso de lo que carece la vida rutinaria que a él le pagaban porque la retrataba como nadie.
    «El contacto físico en el cine de Yasujiro Ozu» sería el tema perfecto para otra inane tesis doctoral de las que tanto proliferan últimamente. Tema de tan poco recorrido factual como amplia pista para el despegue de tremebundas pajas mentales.

    Un saludo con-tacto

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