“Tomaron el Ferry” C. Th. Dreyer, 1948 (cortometraje)

Entre el estreno de Dies Irae en 1943, que fue un fracaso comercial, y la producción de Ordet en 1954 el maestro Danés se vio empujado, por razones alimenticias, además de a perpetrar Dos personas, a la que ya dedicamos un comentario, a trabajar junto a otros realizadores del país en la elaboración de una serie de cortos auspiciados por el gobierno danés con fines pedagógicos. Así, a lo largo de diez años este grupo de realizadores llevó a cabo pequeñas cintas sobre la lucha contra el cáncer, las bondades de la escuela pública, artistas daneses de renombre, etc. 

Aunque en varios de estos cortometrajes Dreyer aparece acreditado como director, en realidad era una tarea que se iban repartiendo entre varios realizadores, como decía antes, según la disponibilidad o las ganas de cada cual. El único en el que el director de Ordet se implicó realmente es en este que traigo hoy: Tomaron el transbordador. El mensaje en este caso era relativo a los peligros de la velocidad. 

Es pues un corto de encargo, con una temática por la que Dreyer sentiría relativo interés -si bien en su juventud fue un gran aficionado al automovilismo y la aviación- y cuyo desarrollo además (sucede sobre una moto a toda velocidad) no parece que se avenga mucho a los gustos del director de La pasión de Juana de Arco o Gertrud. Sin embargo, aunque desde luego no sea “el mejor cortometraje de la historia”, como he leído a algún historiador ofuscado por la luz del magisterio, sí es muy interesante, pues combina una muy buena recreación de la sensación de velocidad y peligro que exige el asunto con buenos detalles que, incluso en un contexto muy limitado y mediatizado por la finalidad propagandística, nos hablan de una mano sabia. 

Hablo por ejemplo de los largos segundos de espera hasta que atraca el Ferry al principio, el rostro del conductor que se “pica” con el motorista o los momentos finales que no desvelo.

En el interesante documental Carl Th. Dreyer: mi oficio de 1995 el operador que acompañó a Dreyer en la filmación, Jorgen Roos, nos recrea el anecdotario relativo a esta pequeña joya. He encontrado un enlace en el que verlo. A ver si dura.

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