Goodbye, My Lady (El niño y el perro, William A. Wellman, 1956)

Hay escondida por internet una imprescindible entrevista larga que poco antes de su fallecimiento hizo Scott Eyman a William A. Wellman. Es de obligada y bien fructífera lectura para todo admirador de Wild Bill que se precie. En esa charla repleta de tacos y verdades el viejo director se enternece al llegar a esta película, que sería la antepenúltima de su filmografía y la última de las seis que realizara para la productora Batjac, de John Wayne. Algún día habría que hacer una pequeña retrospectiva de estas seis películas, serie singular y exótica donde las haya.

Al grano (las negritas son mías):

What do you think your weak spots are in relation to film-making?

You can’t tell. The easiest thing to do is to foul up in your choice of material. How the hell can you figure what people are going to go see? I made a thing I thought was a delightful picture – Goodbye, My Lady. No one has seen it yet.

I love that film.

You’re the only one that’s seen it that I know of. I thought it was lovely. Maybe it would have been a big hit if the boy had had an affair with the dog. I know what went wrong with it, though. It’s a very simple thing. Somebody asked me why the picture didn’t work: I said, “I’m not Disney.”

En efecto, él no es Disney…

Goodbye My Lady (El niño y el perro se supone que se llama en español, pero desconozco si se estrenó por aquí) cuenta una historia de los pantanos del sur, de las orillas del Mississippi. Es la historia de Skeeper (Brandon De Wilde, el Joey de Raíces profundas), un niño huérfano que malvive con su tío (Walter Brennan, el mejor desdentado de la historia del cine) en una paupérrima cabaña. Sobreviven cortando leña. El tío es analfabeto, al sobrino le asustan las palabras largas. Saben de serpientes, de caimanes, de ratas y perros de caza. Un buen día aparece una perrita prodigio con la que Skeeper se queda, a la que educa y, bueno, la historia sigue.

Es el film más sencillo que quepa concebir en todos los sentidos. Todo en ella es básico, recio y desnudo. Personajes, trama y moraleja son lineales, no hay lugar para la confusión, la doblez ni la paradoja. Esa simpleza natural es por supuesto una decisión inteligente de Wellman, porque es el mejor traje para una historia que precisamente es un canto a la sencilla verdad de la naturaleza y de quienes tienen que vivir apegados a ella. Esa naturalidad se refleja en una puesta en escena sin artificio alguno, clara como la luna entre las nubes. La transformación vital y emocional que inevitablemente debe padecer Skeeper en su paso de la niñez a la vida adulta no se debe a ninguna aventura fantasiosa ni a más sorpresivo accidente que el encuentro con una perrita valiosa y bien educada. Por ese motivo buena parte del metraje está dedicado a las conversaciones que en imposible acento sureño mantienen tío y sobrino. Son sus nobles personalidades y sus mínimas aspiraciones materiales las que edifican nuestra atención y nuestra empatía. Recordemos aquella frase de Ozu en su lecho mortal: el cine es drama, no accidente.

Las escenas se suceden linealmente, la historia avanza sin sobresaltos hacia un final tan inevitable como asumible. El tiempo resolverá las heridas y la decisión dolorosa de hoy será un emocionante recuerdo en el futuro.

Comprendo la desazón que William Wellman sentía por la nula repercusión que tuvo esta película. Se respira en ella la madurez y la sensación de total libertad y desprendimiento que intuyo que el viejo director sentía al hacerla. También comprendo que fuera un fracaso y que no haya trascendido a la historia del cine, a pesar de su bella factura y de su hondura humana. Quien tenga la oportunidad de verla reconocerá que eso es cierto, y además  coincidirá con Wellman en que él no era Disney, y le importará un carajo.

Más de Wild Bill en nuestro especial No soy tan duro: el cine de William A. Wellman

7 comentarios sobre “Goodbye, My Lady (El niño y el perro, William A. Wellman, 1956)

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  1. En el mensaje perdido te contaba con alegría que Sidney Poitier también ¡salía en esta película de Wellman! Así que es otro motivo por el que muero de ganas por verla.
    Otra es porque me encantan todas las películas relacionadas con la infancia. Y Brandon de Wilde es un niño actor al que siempre tengo muy presente pues fue el protagonista de la película favorita de mi padre, Raíces profundas.

    Beso
    Hildy

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  2. La película la rodaron no recuerdo en qué estado sureño donde seguían en vigor las leyes segregacionistas y no le dejaban dormir en el hotel con el resto del equipo. Poitier dice en el documental sobre Wellman que se quedaba en un colegio o algo así y Wellman en otro sitio dice que montó en cólera (él) y que dijo que si no le dejaban dormir en el hotel se iban a rodar a otro sitio o… En fin, no sé qué ocurriría de verdad, pero en cualquier caso fue algo triste, aunque habitual en la época.
    En todo caso Poitier solo tiene buenas palabras para Wellman, como en general todo el mundo que trabajó con él sin tocarle las narices, jeje.

    Un beso fuerte.

    PD Para que puedas verla te mando un paquete por “Lorettita Express”

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  3. Qué casualidad, justo estos días a raíz del especial William Wellman que le va a dedicar la Dirigido Por estaba echando un vistazo a las películas que tenía de él en mi disco duro y me disponía a buscar otras cuando de repente me topo en tu blog con un especial William Wellman que me viene de perlas.
    Ésta en concreto es de las que desconocía y tu comentario me ha llamado poderosamente la atención, así que la pondré en el punto de mira.
    Dicho sea de paso, enhorabuena por el especial, me he leído de momento un par de posts más y he disfrutado mucho la mezcla de análisis y anécdotas… y es que el bueno de Wellman con su carácter tan fuerte se presta a ello. Iré siguiendo atentamente tus nuevas entradas.
    ¡Un saludo!

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  4. Gracias a Usted, Doctor, por honrarnos con su hipnótica presencia. El especial seguirá poco a poco, gota a gota, porque la tarea es larga. A mí mismo me faltan muchas pelis por ver de las que he conseguido, ¡y es que son un porrón!
    Esta me costó trabajito encontrarla, si su Organización no da con ella se la haré llegar por telepatía o como sea.
    Es una película muy especial. Sin ser una obra maestra no entiendo, como le pasaba al mismo Wellman, por qué fue un absoluto fracaso que no vio nadie. Quizá lo que le ocurra es que parece una película infantil pero desde luego no lo es. No es que sea turbia o dura ni nada de eso, pero al fin y al cabo trata de un chaval que vive muy miserablemente, y, no sé, no aparecen otros niños de su edad que permitan que surja esa complicidad infantil que fascina por empatía cuando eres pipiolo y ves Matar un ruiseñor y similares. Walter Brennan hace un poco ese papel, pero claro… No es lo mismo.
    Un saludo fuerte

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  5. Gracias por el ofrecimiento, veré si mis secuaces pueden hacerse con una copia y si no se lo diré.
    El problema sin haberla visto creo que está en ser una de esas obras en tierra de nadie: no es una cinta infantil por la descripción que hace en el post, pero quizá al público adulto le podría dar esa impresión.
    Ánimo y tranquilidad con ese especial, que Wellman como muchos de su generación tiene una filmografía inabarcable, y a lo tonto uno se pone a contar sus grandes películas y no le salen pocas… Muy extraño que no sea más reconocido, pero creo que poco a poco se le va poniendo en su lugar.

    Un saludo.

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  6. Por fin he terminado de verla.
    Me ha emocionado profundamente.
    Qué película tan sencilla y compleja a la vez.
    Me he enamorado de Lady.
    Qué personajes más bien construidos todos. Qué historia tan desnuda…, como toca…
    Pero ese tío y ese sobrino permanecerán en mi memoria.
    Qué película más bonita.
    Sí, Wellman, tenía fama de ser salvaje y duro… pero muestra una sensibilidad que enternece.
    Ay, esa luna llena, y ese paso de las estaciones.
    Y el café, solo, por favor.

    Mil gracias
    Beso
    Hildy

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