La llamada de la selva (The Call of the Wild, William Wellman, 1935)

No tenemos la costumbre en esta casa de comparar películas con las obras literarias en las que se basan, pero en este caso creo que la fama y el valor de la obra de Jack London, todo un clásico que me ha encantado releer para componer esta entrada, merece que le dediquemos unas líneas. Pocas serán, eso sí, pues en la película de Wellman no queda apenas nada del espíritu original de la novela, ni de su formato ni de su historia ni de su trasfondo. Apenas el nombre de algunos personajes y algún pasaje trasladado a la pantalla totalmente descontextualizado. En general no tiene mucho sentido comparar originales y adaptaciones, pero en este caso la cosa va más allá: es que son totalmente incomparables. 

La novela cuenta la historia de Buck, un perro aburguesado y de vida comodona que es conducido hasta el Klondike de la fiebre del oro. Allí irá descubriendo, a base de palos y observación, cómo desenvolverse en la lucha por la vida y reencontrarse con su animalidad ancestral, con su lado salvaje y todos los valores (transvalores le hubiera gustado decir a London, muy aficionado dicen a la lectura de Nietzsche, y se le nota) nuevos que a ella corresponden. Por lo demás, todo el libro se narra desde el punto de vista de Buck, que es el único protagonista. 

La película, por el contrario, es una de aventuras con romance entre guapos y un chistoso sin gracia que les sujeta la vela (no puedo con Jack Oakie) sin atisbo alguno de profundizar en ninguna idea que evoque la historia de Buck y quienes le rodean. Hay una total renuncia a lo profundo, buscada y consciente, que convierte la película en algo muy distinto de lo que podría haber sido. Y ese algo triunfó en taquilla, es más, se reestrenó dos veces, en 1945 y 1953, y dejó satisfecho a quienes la gestaron, así que poco hay que reprochar más allá de que yo, personalmente, no la tengo entre mis preferidas de Wellman.

En el contexto de la fiebre del oro en la región de Klondike de finales del XIX, escenario de muchas narraciones fabulosas de Jack London por las que siempre he sentido especial predilección, Jack Thornton (Clark Gable) tras quedarse con Buck, un temible San Bernardo a quien nadie parece capaz de domesticar, se encuentra con Shorty (Jack Oakie), un viejo compañero buscaminas que le ofrece compartir gastos para ir hacia un yacimiento remoto que un millonario encontró hace tiempo y a la que planea volver una expedición a la que podrían adelantarse.

Bueno, se ponen manos a la obra y en el camino se encuentran con Loretta Young tirada en el hielo al borde de la muerte tras sufrir el ataque de una manada de lobos (lo típico), si bien conserva un cutis espectacular. Interpreta a Claire Blake, la mujer de John Blake, que es con quien están compitiendo por llegar a la mina y que ha desaparecido en la canina refriega. Vuelven a la ciudad para que ella se recupere y allí consiguen la pasta para reiniciar la expedición con la información que les proporciona Claire, quien conoce al detalle la posición de la mina, ahora que su marido no puede llegar a ella. Siguen río arriba y ya se sabe lo que pasa cuando se juntan el frío del Yukon, el bigote de Clark Gable y los ojazos de la Young. Adivinen.

A pesar de su superficialidad, The Call of The Wild es una buena película, muy entretenida y hermosa de ver. Lo que más me ha gustado de ella posiblemente sea la fotografía de Charles Rosher. La luz del norte que consigue -está rodada más al sur, claro, en el estado de Washington- es hermosa y natural. De hecho la película “luce” tan bien que da la impresión de ser posterior, de haber sido rodada con objetivos más luminosos que los de su época. Wellman compone unos planos generales muy bellos y además consigue, en las escenas que suceden en poblados mineros, crear un ambiente humano precario y festivo a la vez que, aunque no se corresponda con la realidad de la época, sí logra que nos hagamos una idea de lo anómalos y extravagantes que eran esos apéndices de la civilización, por llamarlos de alguna manera, que eran esos lugares durante la fiebre del oro. En cuanto a las actuaciones, Buck (así se llamaba el perro en la vida real también) se ganó los 500 dólares semanales que cobraba, por Oakie no me pregunten, y en cuanto a Gable y Young, están naturales, radiantes, y la complicidad entre ellos, y de ellos con el perro, es total, por razones que luego comentaré. En cuanto a Buck y Gable, la verdad es que se llevan de fábula y se nota mucho el amor que el galán le tenía. De hecho quiso comprárselo a su dueño/entrenador por un pastizal, pero este no cedió. Nota triste: no mucho después murió el pobre Buck envenenado por algún malnacido. Yo no soy hombre de perros, pero me doy perfecta cuenta de que esta peli la disfrutará más y mejor quien ame o conviva con estos amigotes del homo sapiens.

Al parecer se hicieron dos versiones de esta película, una de hora y cuarto y otra de hora y media. En mis libros de consulta se confunden, porque dicen que la larga (la que yo he visto) era una en la que Oakie moría (esa es la que yo querría ver) que recortaron tras los preestrenos para no matarlo. En fin, como digo la copia que yo he visto es la larga y Oakie no muere, sino que se presenta al final con una mujer que… Menudo pieza.

El caso es que, como decía, la peli fue todo un éxito, y además Wellman disfrutó mucho haciéndola, como siempre que rodaba en localizaciones. Lo que no disfrutó tanto fue tratar con Young y Gable, a quienes conocía y con quienes había trabajado antes pero que se liaron, y la liaron. 

A pesar de su atractivo, si alguna vez se encuentra usted con que le hablan de esta película, seguramente no será para decirle cuánto cobraba el perro, sino que al calor del frío de la cabaña Loretta Young y Clark Gable vivieron lo que se dice un tórrido romance con -perdónenme la crueldad- orejudas consecuencias. Y es que fruto de este rollo, que tenía frito a Wellman porque llegaban tarde a todo y no estaban en lo que tenían que estar, Loretta Young quedó embarazada. Ya saben que en ese momento Gable estaba casado y la Young iba por la vida de santurrona y llevaba a los rodajes una hucha en la que quien dijera una palabrota tenía que echar 50 centavos, hucha que en las pelis de Wellman se llenaba hasta arriba. Por esto y por cuidar su imagen pública Loretta Young desapareció de la escena un tiempo y tuvo a su hija en secreto para luego entregarla en adopción y adoptarla después y presentarla como tal al mundo como Judy Lewis. Clavadita a los dos.

Me hace mucha gracia que La llamada de la selva renuncie por completo a lo que su título evoca, pues es una película blanca, sin aristas, que solo busca el entretenimiento pero que, sin embargo, estuvo condicionada, tanto en su rodaje como más allá de él, por lo que supuso este alud sexual en el que se dejaron arrastrar y sepultar las dos estrellas. Condicionó sus propias vidas, pues el embarazo y el nacimiento de la niña  rompió sus relaciones para siempre, condicionó el rodaje un poco, como ya hemos dicho, hasta el punto de que Wellman no volvió a trabajar con Loretta Young y con Gable solo muchos años más tarde. De hecho el pobre Wellman sufrió las consecuencias más allá de todo esto, cuando tuvo aquella famosa pelea con Spencer Tracy por la honra de ella, que nuestro director puso entre paréntesis tras la salvaje experiencia.

Otra llamada del instinto que esconde el rodaje tiene como protagonista al bueno de Buck, y es una anécdota tan simpática, tan de Wellman y tan posiblemente falsa, pero que viene tan al pelo de lo que comento, que no me resisto a contarla. La escena más memorable de la película quizá sea esa, tomada de la novela, en la que el pobre Buck tiene que arrastrar un trineo con 500 kilos de harina 100 pasos para que Thornton gane una apuesta que le permita comprar material minero. El caso es que esta escena se rodó no en el norte sino en california, en un rancho alquilado a la RKO donde se representó el poblado minero. Además se rodó en verano, con lo que imagínense, todos vestidos con pieles, las calores que pasaron. Hacía una temperatura tan alta que cuando engancharon a Buck el trineo -obviamente sin carga real, pero había que moverlo- por mucho que su amigo Gable le animara a andar pues no podía. Era un pesado San Bernardo y el pobre se moría de calor y agobio, así que no hubo manera de rodar nada hasta que a Wellman se le ocurrió… ¿Adivinan? Pues sí, eso, le dijo a la gente de producción “traedme dos perras en celo” y luego, dice él: “The minute Buck saw them he leapt to his feet and started the goddamnedest mushing and pulling you have ever seen, he would have dragged that sled to San Francisco”

Traduzco: “escuchó la llamada de lo salvaje y así pudimos rodar”

Más de Wild Bill en nuestro especial No soy tan duro: el cine de William A. Wellman

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7 comentarios sobre “La llamada de la selva (The Call of the Wild, William Wellman, 1935)

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  1. Hola tocayo
    Se te han juntado dos «cariños»: Loretta y… el sujetavelas sin gracia. Al bueno de Buck le pusieron dos incentivos para arrastrar el trineo; si te presentan una foto de Young y Oakie creo que renuncias al ciclo Wellman.
    No he leído la novela pero creo que he visto al menos cuatro o cinco versiones de «La llamada de lo Salvaje» y ninguna mala. Pero el que golpea primero golpea dos veces y la de Wellman tiene que estar en lo más alto.
    Debo tener una desviación Disney porque cuando veo el título «la llamada de la selva» espero que salgan Mowgli y Baloo; en cambio «The Call of The Wild» o «La llamada de la Naturaleza» me parecen títulos impecables.
    La historia Young-Gable tiene muchos ángulos muertos. En su autobio Loretta dijo que habían tonteado pero que quedo embarazada siendo forzada. El lado triste, sin duda, fue la hija que murió hace diez años.
    Con esta primavera hasta yo siento la llamada de la naturaleza; te dejo que tengo que arrastrar el trineo de harina para hacer un bizcocho San Bernardo. Manuel.

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    1. Hola tocayo!

      Debo explicarme muy mal porque yo con Loretta no tengo tirantez alguna. Creo que es la 3ª peli de ella con Wellman que veo y comento y nada que objetarle. Vamos, que en el hipotético caso que planteas yo le tiraría el trineo a la cabeza a Oakie y me iría con ella a pasar la hucha o pasar la tarde.

      Sobre lo que dices del supuesto abuso: no quise extenderme mucho en este tema, pero, como también lo había leído en mis averiguaciones, pensé en mencionarlo para decir que precisamente lo que cuenta Wellman desmiente que simplemente fuera un tonteo, pues sus ausencias, tardanzas y demás causaban retrasos y problemas y él se ponía negro. De hecho todo esto Wellman lo contaba a principios de los 70 y la historia del abuso, según veo en la wikipedia, no la cuenta Loretta en su autobiografía póstuma, en la que sí reconoce que la hija es de los dos, sino la nuera de ésta después de que muriera ya en 2011.

      Vamos, que rollo intenso parece ser que hubo durante varias semanas y no terminó hasta el fin del rodaje, otra cosa es lo que pudiera ocurrir en la intimidad bizcochera.

      Otro tema más hermoso: el título y su traducción. A mí me ocurre exactamente lo mismo que a ti con la selva de las narices, pero el que más me gusta, por la conexión tan intensa que tengo con esa película, es el que usan para el libro en Un lugar en el mundo, donde el niño enseña a leer a la niña con una edición añeja de «El llamado de lo salvaje». No está mal ése.

      Saludos, corazones

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  2. Personalmente creo que la película es simplemente entretenida, nada más. La he visionado un par de veces o tres y de ella no saco más que eso y no demasiado porque el guión me parece flojo, aunque, eso sí, disfrutando de lo lindo de esos maravillosos exteriores y de la fotografía, que creo que es lo mejor de la misma.
    Ahora bien, lo que nunca he entendido es eso de basada en… para luego hacer lo que hacen con las novelas en las que supuestamente se basan los guiones. Toda coincidencia es pura casualidad, como bien explicas aquí Manuel, y en tantas y tantas otras películas.
    He escuchado – leído más bien– infinidad de argumentos del por qué se hace esto en el cine, pero a mí no me entra en la cabeza, y siempre acabo concluyendo que, por encima de todo, es una falta absoluta de respecto hacia la obra literatura, el autor y todos los que amamos la literatura, especialmente cuando se trata de obras maestras universales.
    Ya había leído en otra ocasión -no recuerdo dónde– lo de la dichosa hucha de la hipócrita mojigata de Loretta Young. A mí me viene alguien con esas y la mando a paseo con todo un rosario de exabruptos dignos del vocabulario de Camilo José Cela. ¡Menuda payasa! Espero no molestar u ofender a nadie con esta adjetivación.
    Lo de la anécdota de Wellman pasa a ser otra de tantas para crear mitos. El cine está lleno de ellos, ¿verdad?
    Me ha gustado tu reseña.
    Un abrazo.

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  3. Hola Nuncaelolvido

    Pues básicamente coincido contigo en mi apreciación de la película, como ya explico arriba. Yo no diría que el guion es flojo, aunque flojea en ocasiones. Creo que, simplemente, se hizo la película que se quería hacer, sin pretensión alguna más allá de mostrar a la pareja de estrellas en ese contexto «salvaje» salpimentados por las (sin)gracias de Oakie y las cosas perrunas del perro.
    Como bien sabes, los estudios compraban los derechos sobre cualquier obra literaria de la que hubiera posibilidad de ser llevada a la pantalla. Incluso obras desconocidas, por si acaso. Muchas veces se rodaban simplemente por eso, porque se tenían los derechos y no usarlos era tirar el dinero si caducaban, así que en el caso de una obra conocida de todo el mundo, pues aunque fuera como reclamo se hacía y punto. A mí casi me molesta más cuando se pretende ser medianamente fiel al libro y se le manosea que cuando se hace esto de tomarlo como excusa para hacer otra cosa. Casi tiene gracia.

    Lo de Loretta Young… Pues lo cierto es que no me creo casi nada de todas estas leyendas de rodaje, que son mitad fabulaciones de gente mayor y mitad cuentos promocionales fosilizados, pero las menciono porque me parecen simpáticas y porque creo que nos invitan, paradójicamente, a tomar cierta perspectiva crítica sobre toda la mitología hollywoodiense. Y es que: ¿habrá habido algún momento de la historia en el que haya sido más difícil mantener puritano recato y templanza que siendo protagonista de esos años dorados? ¿Y siendo una de las actrices más bellas y deseadas del momento? Desde luego, si de verdad vivía conforme a esas ideas mojigatas, mi aplauso no lo tiene, y me parece una vida muy triste pero jopé, ¡mérito habría tenido a raudales!

    Un abrazo

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  4. Coincido totalmente contigo en el último punto del segundo párrafo.
    Y sembrado en lo de Loretta Young. Tanto es así, que mientras estoy escribiendo no puedo dejar de sonreír con lo del mérito. Más que mérito habría sido un milagro.
    Un abrazo, Manuel.

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  5. Acabo de ver secuencias entre Loretta Young y Clark Gable en esta película y qué química más bonita desprenden. Los dos bellos y con un erotismo que permite unos primeros planos muy hermosos. La cámara los quería.
    Qué distinto el mundo y las leyendas de detrás de las cámaras a la «magia» que se desprende cuando la cámara empieza a rodar… y lo que nos devuelve en la pantalla. Dos mundos paralelos y tan distintos.
    Tocas otro aspecto para mí apasionante y es el mundo de las películas y las adaptaciones literarias. Me encanta ese tema. Para mí hay verdaderas joyas cinematográficas que han adaptado muy bien novelas y cuentos, teniendo en cuenta los lenguajes diferentes y la mirada subjetiva del que «lee» para «adaptar al cine». Es un mundo magnífico para analizar y pensar.
    Te dejo aquí una película que adapta un relato corto maravillosamente bien: Los muertos de John Huston, el relato de James Joyce. O en El placer Max Ophuls hace maravillas con el relato de La Casa Tellier de Maupassant. Me emociono cada vez que veo la película de Gary Sinise que adapta De Ratones y hombres de Steinbeck…
    Pero también existe ese aspecto que también has tocado las adaptaciones tan libres tan libres tan libres que solo reconocemos el nombre del algún personaje o tan solo el título. O cómo se adapta tan solo una parte del libro o relato o se mezclan varios cuentos… Guauuu, cuánto que indagar.

    Beso
    Hildy

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  6. Ay Hildy querida.
    Los muertos (paso del oficial «Dublineses») es una de esas pelis que por h o por b uno se supone que debía haber visto y que yo no había visto hasta hace un par de semanas. Y me ha impactado mucho, escribí unas frases que lo mismo publico aquí.
    La relación entre literatura y cine pienso que ha de ser tratada con cariño, con exquisita conciencia de que cada mochuelo tiene su olivo. No esperar milagros (como Los muertos) sino coincidencias simpáticas (como en La llamada de lo salvaje) para poder disfrutar sin agobios.

    Sobre «De ratones y hombres» es curiosos que tengo más en mente la versión antigua de Milestone que miré no hace mucho que la de John Malkovich, que vi en mi adolescencia. Me apunto revisión.

    Un beso muy fuerte, querida

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