Las aventuras de Buffalo Bill (Buffalo Bill, William Wellman 1944) primera parte

Primera parte: Otras aproximaciones del cine al mito de Buffalo Bill.

Llega la hora de hablar de Las aventuras de Buffalo Bill (Buffalo Bill, 1944) para nuestro especial Welman. Tras volver a verla después de tanto, y es que estoy seguro de que en la infancia ya debí disfrutarla en la tele, me doy cuenta de que lo bueno y lo malo que tiene la peli es su protagonista, tener que hacerse cargo en la ficción de un personaje idealizado que a su vez era un personaje artificial creado sobre un hombre del que quizá sea imposible decir quién era realmente. Por esto y por otras razones me ha parecido interesante hacer un pequeño recorrido, a modo de aperitivo, por otras tres películas basadas en él o en su modelo imitado, Bill Hickok, o en sus aventuras juveniles o en su vida tardía como dueño de aquel Buffalo Bill’s Wild West con el que recorrió todo EEUU y buena parte del mundo, España incluida, pues estuvo tres semanas en Barcelona.

Cartel de 1899 (Library of Congress)

También lo hago porque hace poco Documentos de RNE, que es una joya de la radiofonía y que dure muchos años, le dedicó un programa. Ahí, aparte de resumir la vida y hechos de este héroe de la extinción de grandes herbívoros de las praderas, se mencionan algunos datos interesantes y curiosos que no me resisto a mencionar. Por ejemplo, que la célebre The Star-Spangled Banner es una canción que se cantaba al comienzo de cada espectáculo del Wild West, y fue ahí donde se popularizó para luego declararse, en 1931, el himno oficial de EEUU. También en ese programa comentan algunos expertos en el Oeste real y el ficcionado que alguno de los tópicos visuales del Western tiene su origen en la imaginería de este circo. Por ejemplo, esos ataques de los indios en círculos alrededor de la atribulada caravana tan típicos del género no fueron nunca así en la realidad, pero así es como el público los imaginaba porque era como se representaban en el escenario circular del Buffalo Bill’s Wild West.

Se conservan algunas breves películas documentales que muestran escenas del espectáculo, pueden ver algunas en esta página del Lynchburg Museum. Aquí les dejo como muestra uno auspiciado por los Lumièrey y por rodado por George Hatot

El mismo William F. Cody probó suerte en el mundo del cine justo cuando su espectáculo empezó a decaer entre otros motivos  por la competencia que le hacía la pantalla animada, y en 1913 rodó un par de películas, al parecer malas y fracasadas. Una de ellas, que cuenta su vida y que es un rollo en tres rollos que se conservan, se puede ver junto a otros clips en el envidiable William F. Cody Archive, del que les dejo con otro buen popurrí de su espectáculo.

A pesar de la enorme fama que alcanzó el personaje y de ser un referente en diversos aspectos de la cultura norteamericana, me ha sorprendido encontrar que no hay mucha filmografía basada en él. Quizá la mejor de las películas consagradas a su memoria sea la de Wellman, o la más aquilatada en cierto sentido. De todas formas me ha parecido interesante ver las otras tres de cierto renombre -hay más de serie B que no creo que pudiera conseguir, y alguna ficción televisiva- y comentarlas brevemente, para dibujar mejor la silueta en sombra de este personaje ya caduco pero hasta hace no mucho popular y reconocido.

Buffalo Bill (The Plainsman, Cecil B.  DeMille, 1936)

En esta ocasión el título español sí que es absolutamente estúpido y la prueba evidente de que quien quiera que los pone a veces le echa mucho morro,  pues Buffalo Bill ocupa un lugar más que secundario en la trama, así que no hay razón alguna para titularla con su nombre, siendo el más obvio y evidente el original, The Plainsman. El protagonista, realmente, es Bill Hickok, por cierto que él fue el auténtico y original Wild Bill, cuyo apodo Cody se apropió, y que luego le cayó del cielo a nuestro querido William Wellman. Este hombre fue su amigo y compañero de hazañas allá en el salvaje oeste pero murió asesinado siendo aún joven y, según dicen, fue el verdadero modelo de explorador y pionero-llanero cazabúfalos y liquidaindios del que luego William F. Cody sacó el molde para sí mismo, su aspecto y su leyenda.

La peli pues no va de Buffalo Bill, que apenas aparece, sino de Hickock, que interpreta un pimpante Gary Cooper, que tontea además con Calamity Jane, que es la simpatiquísima Jean Arthur. La trama gira en torno a una misión que Hickok lleva a cabo contra el perverso John Lattimer,  que bajo encargo de un richachón de Washington vende rifles de repetición a los indios. 

En The Plainsmann está todo el pequeño olimpo del far west. Además de Hickock, Calamity Jane y Buffalo Bill, aparece por ahí el general Custer palmando heroico en Little Big Horn a manos de Toro Sentado y sus huestes. Como curiosidad, tiene un pequeño papel un jovencísimo Anthony Quinn, quizá en sus primeras frases para la pantalla, haciendo de joven indio que chapurrea el cheyennepañolo. Luego, en la película de Wellman de ocho años después, le veremos ya ascendido a jefe en Technicolor de su tribu como el digno e implacable Mano Amarilla.

Siendo obra de DeMille no extraña que la película empiece con Abraham Lincoln proclamando su consigna de abrir el país hacia el Oeste con hermosos argumentos procoloniales minutos antes de ser apiolado en el Teatro Ford. The plainsman es una película correcta, entretenida y con alguna escena memorable que tiene interés porque, estando dedicada a las hazañas de Hickok y no de Cody, podemos ver que realmente son personajes intercambiables que solo ponen nombre a un único personaje: el explorador, el llanero, el cazador, el hombre de la frontera. Es por esto que hablo de ella, y también porque el que pone los títulos en español me ha engañado.

El triunfo de Buffalo Bill (Pony express, Jerry Hooper, 1953)

William F. Cody quedó huérfano muy pronto, por lo que tuvo que buscarse la vida desde muy pequeño. En 1861, cuando contaba con solo 14 años, trabajó durante unos meses para el mítico Pony Express, el servicio de correo al galope que funcionó brevemente hasta ser desplazado por el ferrocarril en la década de 1860. Realmente esto fue casi una anécdota en el currículum extenso y complejo de oficios exóticos a los que se dedicó el futuro Buffalo Bill, pero a alguien se le ocurrió deformar la historia y unir ambos mitos, el correo y el llanero, en una película protagonizada por Charlton Heston.

Ponny express es una película muy mediocre, no llega ni a la medianía disfrutable. La historia es sosa y predecible, Charlton Heston pone las caras que le apetece poner (sí, esas dos que se está usted imaginando) sin que parezca haber sido dirigido por nadie tras la cámara. Los diálogos son infantiles, la trama se desenvuelve sin gracia y ni siquiera las escenas de acción tienen emoción alguna y, bueno, como filme carece de interés. Ni siquiera se han molestado en dar a los indios esa dignidad respetable que, si se portan bien, a esas alturas de los 50 el cine ya les suele reservar. Son seres infrahumanos que se comunican con gruñidos; muy bobo todo. 

Sin embargo la comento porque en cierta forma representa, junto al filme de Wellman, el retrato más fiel del aspecto y la personalidad que la leyenda quiso atribuir al joven Cody del Oeste. En este sentido, aunque peor interpretado y menos interesante que el de Joel McCrea, protagonista de la cinta de Wellman, el retrato del Cody de Heston es más rudo, más cínico y menos ingenuo que el de McCrea. Como comentaremos al hablar de la película de Wellman, en ella se optó por crear un Buffalo Bill buenazo y defensor de los indios irreal e increíble pero que, para sorpresa del mismo Wellman, logró el favor del público. Volviendo a Ponny express, en ella nos encontramos también con Mano Amarilla, jefe  de los Cheyenne, y con Wild Bill Hickok, aquí sí en un papel secundario colaborando con Cody en el violento exterminio de las naciones originarias. Por cierto que Hickok, reconocido pendenciero y hombre de gatillo fácil, no está en la versión de Wellman, ni se le espera.

Buffalo Bill y los indios (Buffalo Bill and the Indians or Sitting Bull’s History Lesson, Robert Altman, 1976)

Quizá se puede defender que esta película extraña y deslavazada sea la que más mérito artístico tenga de las que tratan la figura de Buffalo Bill. Es un filme curioso, bien producido y alimentado por una energía especial, muy de su tiempo, que quizá a otros espectadores con otro poso les guste más que a mí. Cuenta la relación que mantiene Cody con Toro Sentado -o su portavoz, pues el Jefe no habla- cuando le contrata para su espectáculo. Realmente no hay trama alguna, es una película muy  típica de los 70 con ínfulas en la que todo parece fluir sin más sentido que dejar espacio a momentos reflexivos u ocurrencias poéticas.

Paul Newman interpreta a un Wild Bill irritable, cansado, mayor pero muy orgulloso, que conserva aún su atractivo y su aura mítica, y que a pesar de sus prejuicios reconoce en Toro Sentado a un hombre digno, un oponente valioso en una competencia extraña que mantendrán por las condiciones bajo las que el viejo jefe Sioux accederá a trabajar en el Buffalo Bill’s Wild West. Y es que ambos están en el crepúsculo de sus vidas, los dos son famosos por un pasado que nadie quiere conocer realmente y que se ha revestido de leyendas hermosas y rentables, en el caso de Cody, y malintencionadas e injustas en el caso de Toro Sentado. Son dos hombres rodeados por su propia nación de mentirijillas, que habitan su propio país desmontable. Son distintos, cada uno con sus manías y peculiaridades, pero en el fondo se entienden porque reconocen en el otro unos principios que nadie respeta ya en el contexto decadente en el que viven, como el valor de la palabra dada o el respeto jerárquico.

La película encierra además, como es esperable, una reflexión  sentida y bien llevada sobre la marginación a la que se vieron o ven sometidos los pueblos nativos. Especialmente dolorosa es la escena en la que el presidente de los EEUU se niega a ni siquiera escuchar la petición de Toro Sentado, que había soñado con ese encuentro. Buffalo Bill and the Indians está llena de personajes y ocurrencias atractivas, como las amantes sopranos que Cody parece coleccionar, o las breves apariciones de Burt Lancaster,  por ejemplo. Son pequeños regalos que le dan fuste, pero se queda en un quiero y no puedo, y en mi caso, no me apetece volver a verla. Es grandilocuente y demasiado reiterativa.


En cuanto a su valor histórico, a pesar de que lleva el extraño subtítulo Sitting Bull’s History Lesson, supongo que no es mucho, pues el Toro Sentado real colaboró en el show de Buffalo Bill varios años y al parecer no hubo entre él y su empleador relaciones especialmente turbulentas. Al menos tenemos la oportunidad de ver reproducido con cierto rigor, el show del Wild West con sus indios, sus combates simulados y sus números de habilidad. Se da uno cuenta de la tremenda dimensión que tenía este gran circo y de la cantidad de gente, animales y medios necesarios para mantenerlo a flote. No es extraño que, al final, tamaña empresa terminara por endeudar al manirroto Cody hasta las cejas y que acabase sus días viejo y pobre en la casa de su hermano, por no tener él ni hogar en el que morirse.

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7 comentarios sobre “Las aventuras de Buffalo Bill (Buffalo Bill, William Wellman 1944) primera parte

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  1. Hola tocayo
    ¡Búfalo Bill! Eso son palabras mayores; un título con semejante abracadabra nos abría de par en par las puertas a la aventura, acción, tiros… Tal vez por eso daba igual el título en ingles, la traducción tenía que dejar bien a las claras que Buffalo Bill andaba por allí.
    Ver a Charlton me ha recordado que, unos cientos de años antes, nosotros también tuvimos nuestro búfalo de las praderas un tal Rodrigo Díaz -que se parecía bastante al Heston-.
    Jean Arthur, Rhonda Fleming, Geraldine… a quién le importan unos mexicanos haciendo el indio si vas acompañado de semejantes damas… luego, cuando hicieron Calamity Jane aquí la llamaron «Doris Day en el Oeste» pero, entre tú y yo, no le pongo un pero a Miss Day.
    ¡Qué bueno es Altman! ¡Y que capaz de perpetrar algunas popeyadas/buffaladas!
    Esperando a que Wellman nos rescate de este forraje de las llanuras, Manuel.

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    1. Ay Altman!
      Desde que escribí esto llevo pensando si de verdad me gustó lo justo su Búffalo, y que a lo mejor merece una itv, pero entonces me leo que yo mismo ya me he avisado de no hacerlo… Es una peli estrafalaria, aunque Newman tiene su punto, y Geraldine -que no digo nada de ella, pero ahí está- como tiradora medio manca tiene su perdigonazo!

      ¡Hau!, Tocayo

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  2. Jo, querido Manuel, qué interesante ciclo de cuatro películas alrededor de la figura (aunque a veces muy secundaria, como explicas en la primera que contemplas) de Buffalo Bill. Cada una tocando distintos aspectos. Al final con una mirada cinematográfica se construye también una «leyenda».
    Por cierto, qué hermoso el fotograma de Gary Cooper y Jean Arthur.
    Yo a veces he querido ver películas con solo contemplar un fotograma.
    Esperamos tu mirada del Buffalo de Wellman para completar este ciclo de cuatro pelis.
    ¡Ya solo por los repartos de las cuatro apetece un visionado!

    Beso
    Hildy

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    1. Muchas gracias por tus palabras, querida Hildy. No sé si es una pena o no que Buffalo Bill haya tenido tan poco recorrido cinematográfico, lo que sí es cierto es que es un personaje de esos que tampoco pasa nada porque la historia se los trague. Sin embargo dentro de su tosquedad humana, por decirlo de alguna forma, sí me parecía interesante profundizar algo en él en vez de conformarme con glosar la peli de Wellman, cuyo apunte ya mismo sale del horno.
      Un besazo

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  3. ¡Qué bueno! Por posts como éste pago mi internet desde mi gabinete.
    El personaje de Buffalo Bill es innegable que resulta fascinante y, como bien apuntas, es extraño que no haya dado para más películas de mayor entidad, sobre todo por el juego que da a la hora de contraponer realidad con leyenda, o sobre cómo en esa época el viejo oeste va convirtiéndose ya en un mito construido de forma más o menos consciente. Leyendo un libro sobre cine mudo el autor comentaba lo curioso que es que habiéndose realizado tantísimos westerns ya en las primeras décadas del cine, cuando aún quedaban unos pocos vestigios de los ingredientes que definían el Far West, los cineastas no tuvieran interés en utilizarlos o en servirse de esos pequeños vínculos que quedaban con un pasado que aún no era tan lejano. Ya desde el principio se prefirió la leyenda y las puras invenciones ideadas por los cineastas de la época.
    Por cierto de las películas que mencionas la de De Mille hace tiempo que la tenía en el punto de mira – la de Altman intuyo por dónde irán los tiros y de momento no me atrae aunque no descarto acabar viéndola en un ramalazo.
    Esperando pues la segunda parte.
    Un saludo.

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    1. Es que el viejo Oeste debía de ser un lugar de lo más aburrido e incómodo para un norteamericano «civilizado», nada de lo que sentirse orgullosos, y por supuesto que ya desde el principio preferirían imprimir la leyenda a los hechos. Quienes lo vivieron -y superaron- no querrían saber nada de aquello, y quienes no lo conocieron pues lógicamente prefieren un espectáculo de cartón piedra como era, no lo olvidemos, el del mismo Buffalo Bill.

      No sé por qué mientras te escribo se me viene a la cabeza el cine quinqui y su ligero revival…

      Un abrazo

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