Su peor enemigo (The Small Back Room, Michael Powell, Emeric Pressburger, 1949)

Quiero comenzar este apunte con la misma frase con que abre el suyo Llorenç Steve en su monografía sobre Los Arqueros editada en Cátedra: Si tenemos que elegir una obra por descubrir de la filmografía de Powell y Pressburger, esta es sin duda The Small Back Room.

Antes de encontrarla cuando preparaba un poco estas líneas ya bullía eso mismo en mi cabeza, no desde que he terminado de ver la película, sino al minuto de haber comenzado. Las razones son muchas -Steve las desglosa magníficamente en su libro, que recomiendo- y espero que las que sepa yo comentar logren acercar a alguien a esta cinta tan especial precisamente porque, siendo obra de The Archers no parece tan especial pero que, al fin y al cabo, sí lo es y mucho.

Quizá sea buena idea comenzar con dos imágenes de la misma actriz en Narciso negro (1947) y en The Small Back Room (1949), respectivamente, la bellísima Kathleen Byron:

Con mirarlas y reflexionar sobre ellas unos segundos es fácil intuir qué caracteriza la exuberante historia de aquellas monjas al borde del abismo de Narciso negro, que representa con su colorido, su imaginería y su excelencia tan postiza por tan auténtica, la mejor época, o la más admirada, de Powell y Pressburger. ¿Alguien que no conociera Narciso Negro podría adivinar alguna vez que ese fotograma pertenece a una película con más de 75 años? Ese fotograma, mostrando tan poco, dice mucho de la fantástica cima de la creación artística que es esa película. Y si miramos la segunda, o si se la mostramos a alguien no cinéfilo y les pidiéramos adivinar, ¿qué dirían? Pues que parece un fotograma de una peli de los años 40, y si hilara fino hasta podría adivinar, fijándose en la gorra del marinero de detrás y de que van sujetos a la barra, que posiblemente suceda en el metro de Londres durante la IIGM. Y acertaría, porque eso es The Small Back Room, pero se confundiría, nos confundiríamos, si imagináramos la peli teniendo en mente solo su aspecto convencional y su argumento, que resumo:

En la Londres asediada por los bombardeos de 1943 existe, en un edificio del gobierno, una especie de laboratorio o despacho de investigación sobre armas químicas y explosivos que opera de forma independiente y poco supervisada. Ahí trabajan Sam (David Farrar, que también aparecía en Narciso negro, le recordarán por sus pantaloncitos cortos), un científico que perdió una pierna hace diez años, circunstancia que le hace vivir angustiado por el dolor y los complejos que siente, que solo puede calmar con un medicamento que cada vez hace menos efecto, o con el whisky, que es lo único que le alivia en lo físico pero le destroza la vida, porque es alcohólico. Se resiste sin embargo a la botella por el amor que vive con su novia Susan (Kathleen Byron), que trabaja en la misma oficina, aunque llevan su relación con discreción. Un día aparece por allí un capitán del ejército que le cuenta a Sam que los alemanes están lanzando algún tipo de bomba trampa que ya ha matado a varios niños, pero que no saben qué aspecto tienen, así que, como experto en explosivos, le pide que esté atento para colaborar cuando se encuentre alguna sin explotar. 

El metraje es lo que sucede entre esta visita y las consecuencias del intento de desactivación de una de esas bombas, que es un clímax final de 15 minutos tensos como ya pueden imaginarse, pero no les diré en qué terminan. Entre el principio y el final a lo que asistimos realmente es solo el día a día de Sam, de sus relaciones con Susan, de sus tentaciones con la botella que conserva siempre en casa, a la vista, y con los vaivenes administrativos y políticos de la peculiar oficina que ocupa. 

Es decir, que The Small Back Room tiene un desarrollo sin muchos giros narrativos, de hecho es bastante predecible, e incluso su temática se podía calificar en el tiempo de su estreno de poco ilusionante, o cansina. Quizá por eso fue un gran fracaso en taquilla y apenas se ha visto fuera de Reino Unido. Tiene eso sí la originalidad de tratar un tema no muy trillado, como es el de los científicos que trabajan en la trastienda de la guerra cuya labor apenas es reconocida. Y lo de explosivos a punto de explotar ha dado para películas enteras. Todos conocemos En tierra hostil (The Hurt Locker, Kathryn Bigelow, 2008) y les recomiendo de paso un breve documental pobretón pero terrible que me encontré hace unos años: Facing death with wirecutter (Sarwar Abdullah, 2017) que cuenta el triste destino de una unidad de la milicia kurda encargada de desactivar minas plantadas por el Estado Islámico.

En la filmografía de The Archers, The Small Back Room sigue en el tiempo a la mencionada Narciso negro y a Las zapatillas rojas. Son dos fábulas fantasiosas, románticas y coloridas que mezclan pasión e inverosimilitud con moralejas o tesis abstractas. Son fábulas visualmente deslumbrantes, imaginativas, nada terrenales, y sin embargo Powell -que tuvo la idea de adaptar la novela homónima- quiso, así lo dejó dicho, descansar de tanta fantasía y volver al realismo. Y vaya si lo hizo. 

The Small Back Room es una película gris, oscura como las noches de aquel Londres sin farolas ni ventanas iluminadas. La fotografía de Christopher Challis no es mala pero quiere parecerlo. Hay un desinterés voluntario en encontrar belleza o estilismo alguno salvo, puntualmente, en algún que otro elemento metafórico, como la botella de licor y el retrato de Susan que están en casa de Sam. The Archers han usado no solo la fotografía para expresar esta grisura ambiental y emocional en la que habita Sam. También los encuadres son simples y por ejemplo casi todas las escenas callejeras están atiborradas de figurantes que hacen bulto. Hay también varios personajes molestos, gente que estorba y habla sin decir nada, hasta el mismísimo Churchill, o un trasunto suyo, aparece para aportar poco, para hacer la existencia de Sam aún más cansina y miserable. 

El humor incluso es usado para reforzar esta atmósfera deprimente, pues cuando aparece provoca en nosotros, como en Sam, además de una sonrisa, la confirmación de que la humanidad está en muy malas manos, como en la patética visita al laboratorio del ministro del ramo, que resulta ser un analfabeto funcional incapaz de multiplicar 1×17. También la ternura que desprenden algunas subtramas, como el asistente de laboratorio tartamudo (Cyril Cusack) que está perdiendo a su mujer por trabajar hasta tan tarde o la misma vergüenza que siente Sam por no poder bailar refuerzan esta asfixia deprimente.

En definitiva, Powell y Presburguer hicieron la antítesis de lo que habían hecho en sus anteriores y exitosas producciones. Crearon un producto desde la distancia, con cierto rigor histórico y un trasfondo mundano, casi naturalista, que además constituía un recuerdo reciente y cuando menos molesto para el espectador-diana de entonces.

¿Quiero decir que Los Arqueros, entonces, lo que hicieron fue rebajar la mezcla y hacer un filme convencional, soso y amargado? No, porque, como decía antes, a pesar de todo es una película especial, con gran personalidad y que, al contrario de lo que ocurría con el fotograma de arriba, es mucho más moderna y rigurosa, humanamente hablando, que casi cualquier producción de la época clásica. Esto se aprecia en mil menudencias que despojan a la historia de sentimentalismo alguno -bueno, algún detallito hay romanticón- presentándonos a una pareja protagonista adulta, madura, que tienen una relación compleja. Ella, Susan, hace lo que puede por el bien de él, pero ni llora por las esquinas ni se empeña en cambiarle. Es una mujer madura que, sin casarse con él (ojo, Inglaterra 1949) se cree libre de estar con él, tener sexo con él y ayudarle o dejarle cuando lo considera, sin compromisos impuestos por ninguna de las partes. Él, Sam, es realmente la película. La película, si lo pensamos bien, es la mente de Sam, nosotros la vemos por sus ojos. Es un hombre amargado, algo nihilista, que tiene menos motivos para quejarse quizá de los que enarbola constantemente, teniendo en cuenta el contexto bélico. Y como es inteligente lo sabe, y por eso quizá termina claudicando a la botella aunque le suponga perder a Susan. Curiosa escena, la del sueño con la botella gigante cayendo sobre él.

En este tapiz tenebroso y demasiado adulto, tan desprovisto del escapismo estético y conceptual por el que tanto admiramos a The Archers, solo hay dos escenas luminosas. Son las dos que suceden fuera de Londres y de día. Una es una sátira del ejército y sus Blimps, en la que se prueba un cañón de forma ridícula junto a Stonehenge. La otra, en una playa hermosa, la del intento de desactivación de la bomba que es la única en la que Sam se siente dueño de sí mismo, y confiado y entero. Libre de cortar el cable que quizá termine con él por explotar la bomba, o quizá sea un cable que le unía a un yo moribundo que debe ser extinguido, y si lo corta puede que renazca de nuevo, mejor. La verdad, querido lector/a, es que en la bomba en cuestión no hay que cortar sino desenroscar, pero me venía bien el símil.

No se la pierdan por favor. Creo que es fácil de encontrar en plataformas habituales.

PD: bola extra: ¿Qué peli es esta en la que aparece Kathleen Byron, igual de hermosa que antes pero más sabia? Pista: no dice ni una palabra.

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9 comentarios sobre “Su peor enemigo (The Small Back Room, Michael Powell, Emeric Pressburger, 1949)

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  1. Hola tocayo
    Desde luego en los cincuentas, sesentas y setentas las pelis de acción -o directamente serie B- que acababan con traca final tipo bomba cuentatrás son innumerables. Y si juntamos cine de acción, serie B y cine británico con mucha pasta nos sale toda la serie de JamesBonds. La última que he visto (en la 2) fue una peli danesa sobre presos alemanes y basada en «hechos reales» que me has recordado en varias frases. Land of Mine; merece la pena -aunque no lo parezca-.
    ¡Qué belleza Kathleen! Venga me voy a apostar esa bola extra: Aunque debería ser un color más sepia y la historia no me cuadra nada. Por la foto al aire libre y esa des-pista de no decir palabra apuesto por las imágenes finales de «Schindler’s List» ¡¡¡¡Booooommmmm!!!!
    Un saludo, Manuel.

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    1. Hola tocayo, vamos por partes.

      Lo primero, realmente esta peli no es serie b ni por su producción ni por su estilo. Y la traca final desactivadora ya te digo que sí, está al final, pero realmente no es hacia donde se dirige la acción, ni la película es una preparación de esa escena. Tienes que verla, que te va a gustar.

      La peli danesa la vi hace unos meses -no he caído en citarla, fíjate tú- y sin ser una maravilla no te creas que no la disfruté, tiene su aquél y la recomiendo. Se ve que a los daneses les ha dado por reivindicar su papel en una IIGM para lo bueno y para lo regular, como en este caso. Lo digo porque vi otra hace poco, también en filmin, de un destacamento o batallón o compañía -ay las prórrogas universitarias que me impidieron cumplir con la patria y manejar la terminología caqui- que se encuentran de pronto con que tienen que enfrentarse a la wermacht que viene a conquistarles con sus panzer, y ellos ahí dando pedales. No recuerdo el título pero está en filmin, como la que dices y como esta de The Archers.

      Sobre la bola extra… rozaste el larguero.

      Saludos pseudocaquis, pero nada explosivos.

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  2. Pardiez, no he visto esta película de mis adorados Powell y Pressburger.
    Es una de las que me quedan por ver de su filmografía que tanto me fascina.
    Espero poder verla pronto.
    Siempre, me gusten más o menos sus historias, tienen en sus películas en forma y fondo algo que me atrapa.
    No hace mucho volví a ver A vida o muerte. Y me quedé con su manera de contar una historia de amor imposible, pero que un error la hace probable.
    Esta seguro que me llama la atención por algo concreto.
    Siempre encuentro algo en sus películas que me toca.
    Su texto me da pistas…

    Beso
    Hildy

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    1. Mi querida Hildy… ¡No te la puedes perder! Seguro que te encanta y así vas completando una filmografía de esas que sabe uno que son imprescindibles pero dosifica para no agotarlas.
      Aunque A vida o muerte me encanta también, reconozco que no me deja tan atolondrado como otras muchas de The Archers, será por esa especie de parlamanto que creo recordar que hay al final entre americanos e ingleses o algo así… Ay la actualidad.
      Esta es desde luego menos imaginativa y fantasiosa, pero su austeridad es tan madura e inteligente que se hace querer, y mucho.
      Por cierto, veo que no has jugado a la bola extra…

      Un besazo

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      1. Jajajaja, no he jugado a la bola extra, porque hice trampas y miré la filmografía completa de Kathleen Byron… y, claro, enseguida descubrí cuál era la película. Y no quiero fastidiar el juego…
        Dejo una pista, pero lo mismo es demasiado buena: el director de esa película está de estreno…, jajajaja.

        Beso
        Hildy

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  3. Hola, amigos cinéfilos. A mí también me gustan The Archers, aunque no todas sus películas.
    Por ejemplo, «»Las zapatillas rojas», tan alabada, me parece pretenciosa y «kistch».
    Sin embargo, siento predilección por tres películas en blanco y negro: «Sé a donde voy» (tres momentos estelares entre otros: Pamela Brown surgiendo de la niebla y al mando de una manada de vacas, la cabina telefónica junto a la cascada y la búsqueda del águila perdida), «The small back room», justamente alabada en este blog, y ME ENTUSIASMA «A Canterbury tale». De ésta película me gusta todo: su humor y lirismo bucólico, la maravillosa Sheila Syms y la emotiva apoteosis final con la llegada de los tres protagonistas a un Canterbury devastado por las bombas, que a mí siempre me produce lágrimas. ¿Es exagerado decir que se trata de la mejor película jamás rodada en UK? Creo que no.

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    1. Hola SEVISAN!
      Aunque no sea la inglesa una de las cinematografías más reivindicadas por la crítica, como usted sabe, el título de «La mejor película rodada jamás en UK» no es moco de pavo. Piense usted que incluye también cosas como El hombre Tranquilo y la mayoría de Kubrick. Pero por supuesto que su afirmación no es exagerada. Es que no me parecería exagerada para cualquiera de las buenas pelis de The Archers, aunque no sea mi predilecta. Te confieso que me gusta más Las zapatillas rojas que, es verdad, es lo más «kitsch» del mundo, y no es que sea yo muy amigo de la horterada, pero es que ese epíteto aplicado a Los arqueros, y en especial a Las zapatillas rojas… Es como que pierde sus connotaciones negativas, y redobla las positivas.
      Pero en esta casa todo aprecio por estos magos es recibido con alborozo, así que adelante con tu buen gusto.

      Me pregunto ahora si podría decir cuál de sus pelis me gusta más… ¡Y no puedo! De otros grandes directores no me cuesta quedarme con alguna, aunque varíen con el tiempo, pero de esta gente me parece imposible porque su filmografía parece como tres o cuatro a la vez por lo originales que eran. Es que el otro día volví a ver El fotógrafo del pánico y… madre mía, entré como en trance, todo me parece magia, cada segundo de ella.

      Un saludo!

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  4. Amigo Manuel, me hace especial ilusión esta entrada suya por varios motivos.
    El primero es que empiece citando a Llorenç Esteve, a quien tengo la suerte de conocer en persona y además de ser encantador es una auténtica enciclopedia viviente sobre cine, especialmente sobre Powell y Pressburger, como atestigua el libro que cita.
    En segundo lugar por la película escogida. Hace años que tenía en mente escribir sobre ella por ser la gran obra infravalorada de The Archers pero nunca me animaba, incluso la revisioné el año pasado con ese propósito pero no me sentía inspirado para plasmar qué es lo que la hace tan especial. Y ahora por fin me ha quitado usted ese peso de encima.
    La idea que me vino a la cabeza al revisionarla por última vez es que en esos años Powell y Pressburger sencillamente eran incapaces de hacer una película vulgar. Incluso en un filme que, como usted ha explicado tan bien, de entrada parece partir de una premisa más anodina y que evita esos toques de genio tan vistosos de los precedentes, incluso así se palpa en cada escena algo especial. ¿Cómo se puede ser tan bueno para hacer un filme que trate en buena parte de la burocracia y resulte estimulante? Aún recuerdo algunas de las escenas que suceden en esas oficinas llenas de papeleo, los planos del metro de Londres y en general de esa cotidianedad exenta de glamour pero que Powell y Pressburger consiguen que parezca interesante. Creo que si no me atreví a escribir sobre ella es porque, de entre sus grandes películas, ésta es la que me resulta más misteriosa a mí a la hora de concretar qué tiene que me gusta tanto (a excepción quizá de la escena final de la desactivación de la bomba, que es un prodigio de tensión pero resulta más claramente visible el por qué).
    Y al final la explicación más sencilla es que simplemente eran dos genios en estado de gracia en aquellos años.
    Perdone el rollo, cuando alguien me saca The Archers o Michael Powell tiendo a perder algo la compostura.
    Un abrazo.

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    1. Mi querido Doctor,
      qué suerte tiene de conocer y contar de cerca con grandes sabios del cinema. Envidia sana.
      Usted nunca se enrolla, en esta casa puede alargarse lo que quiera porque cada cosa que dice es interesante y pertinente, y gusta de ser leída.
      Eso que le ocurría a usted con esta peli me pasa a mí con algunas, que me gustan tanto y me parecen tan interesantes que quiero escribir sobre ellas pero o bien porque no veo el momento nunca de poder hacerlo bien o porque no me veo capaz de reflejar su valía, lo voy prorrogando. Hay el caso de una peli japonesa -no la menciono para no gafarme a mí mismo definitivamente- que la he revisado ¡3 veces! con la idea en cada una de ellas de comentarla… Pero me veo incapaz. A ver si el día que lo haga soy capaz de dar la talla.

      The Small Back Room es una maravilla no muy conocida y usted resume perfectamente en una sola idea el por qué: porque, es verdad, en estos años a The Archers no le salían las películas sosas y realistas ni queriendo.

      Un abrazo.

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