Estrellas dichosas (Lucky Star, Frank Borzage, 1929)

Uno se pregunta si se está haciendo mayor o si, por el contrario, no termina de hacerse grande, cuando ve una película de estas con el corazón encogido. Y es que parezco un pipiolo, de los que acudían al cine hace casi un siglo, que aún no ha aprendido por falta de perspectiva que si en una película nieva muy probablemente termine bien.

Lucky Star es una de las muchas películas que hicieron juntos Janet Gaynor y Charles Farrell, y lo extraño es que no hicieran más todavía, porque es una de las parejas que irradian más matices amorosos y que más me gusta ver por la naturalidad expresiva y el tono blanco y suave que marca la complicidad entre ambos, especialmente en esta joyita. Y es que el amor que siente Él por Ella a lo largo de toda la historia, -de cuyo argumento creo que no voy a decir nada- recorre todos los matices del afecto, excepto la obsesiva manía enfermiza y ciega. ÉL pasa por ser su amigo, su hermano, su padre y en cierta forma su madre, y luego llega el deseo y el enamoramiento y la necesidad imperiosa de la presencia del otro (de la otra) y lo alucinante es que todo este recorrido por los vericuetos del enamoramiento cabe en un escenario mínimo, en una película corta, en una historia folletinesca de escaso recorrido dramático.  Porque, y no solo en este plano amoroso del que hablo, Estrellas dichosas es una especie de lección para primerizos sobre lo que significa eso del “arco de transformación” de los personajes, que tienen que dejar de ser ellos para que la película se avive mientras se transforman. Es que toda la película misma, lo que en ella ocurre y les ocurre a sus protagonistas es cambio y reconstrucción. Él se dedica a arreglar objetos, ella debe cambiar -lavarse antes de nada, que la higiene es lo primero- para acercarse a Él y Él la transforma a ella a lo largo del metraje para, finalmente, ser Él el convertido… En fin, misterios dialécticos que se resuelven viéndola.

He leído por ahí que de la película hubo, como fue habitual por un tiempo, dos versiones: una muda para el extranjero y otra medio talkie para el mercado USA. Solo conservamos la muda, milagrosamente encontrada en la Filmoteca Holandesa hace unos años, felizmente restaurada y maravillosamente musicada con alegres tonadas que basculan entre Francis Poulenc y el buen bluegrass, así que me encanta y me alegro -perdónenme los puristas- de que se se hayan perdido las voces enlatadas y los sonidos pregrabados que la acompañaron en su momento.

Cuantas delicias así se habrán perdido para siempre.


No he dicho nada de su argumento pero sí diré algo de lo que, realmente, la hace más hermosa y emocionante. Me refiero a su aspecto bucólico y evocador, logrado con una fotografía absolutamente portentosa y un diseño de producción genial. Es más que obvia la influencia de los decorados de Amanecer, en la que es difícil no pensar además viendo a Janet Gaynor hacer de muchachita rural. Aunque aquí las casas del pueblo están despojadas del aspecto retorcido y fantasioso -no me hagan decir el adjetivo que empieza por “expresio”- de la obra mayor de Murnau, desde luego se trata de un paisaje idealizado y desnaturalizado. El pueblo está construido de tal forma que quepa en el set de rodaje. No digo que simplemente que dé la impresión de ser artificial, sino que la disposición de sus casas, sus caminos y riachuelos está diseñada para la pantalla, para generar unas composiciones hermosísimas dispuestas además de tal forma que una especie de cortina de luz que casi permanentemente parte la pantalla en dos simule ser un sol que nadie se cree que ilumina así, pero que nos deja planos maravillosos, de un mundo irreal, en el que puede suceder cualquier cosa, y en el que siempre que nieva las cosas van a arreglarse.

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8 comentarios sobre “Estrellas dichosas (Lucky Star, Frank Borzage, 1929)

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  1. Hola tocayo
    Comenzando por el principio: si uno se pregunta si se está haciendo mayor… ya puedes dejar de preguntártelo; en la pregunta, pones un acento y tienes la respuesta.
    El comentario/teorema «cuando en la peli nieva todo acaba bien» me pone en noséqué personaje de Ibañez. Una tal mortadela o…. ¡Filemona! (¿o era Filomena?)
    No diré que estrellas dichosas sea demasiado desafortunado pero yo creo que «estrella de la suerte» incluso quedaría mejor. Porcierto para los que tenemos una edad -y preferimos no hacernos demasiadas preguntas- «Lucky Star» fue uno de los primeros éxitos de Madonna. Cuando está era la Janet Gaynor del pop, no la reinona en que se convirtió más tarde.
    Gracias por el enlace. Y recuerda: cuando nieva sacamos al niño que llevamos dentro. Salud… y mucha nieve. Manuel.

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    1. ¿Sabes lo que pasa, tocayo?
      Que a mí me nieva poco o nada, cosas de vivir al pie de la meseta. Por eso será que asocio nieve con felicidad y no con las cadenas del coche y la madre que las parió. Filomena por aquí fue una cosa del telediario.

      Lo de Madonna y Janet Gaynor está bien traído. Qué pena que la peli no se llame Lone Star, que eso sí era un grupo molón, los Tarkovskis del yeyé.

      Un abrazo

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  2. Hola otravez
    Ahora que la he visto: Me ha parecido el proto-telefilm navideño. Con todos los ingredientes para emocionar a toda la familia. Utiliza muy bien el juego de opuestos/complementarios. Prodigioso el plano de la «pelea de altura», inesperada «pelea en los raíles». Mis momentos deliciosos favoritos también funcionan en paralelo: La cara de ella cuando va a descubrir el uso del «champú de huevo»; la cara de él cuando descubre… ¡Qué tiene dieziocho años!
    ¡Qué buenos los Lone Star! Sólo puedo gritar ¡¡Adelanteeeee!!

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  3. Cómo me gustan Janet Gaynor y Charles Farrell con Franz Borzage.
    Me emociono con ellos. La que menos veces he disfrutado es la que nos traes… Pero que momentos más hermosos tiene bajo la nieve.
    Mi favorita quizá sea El séptimo cielo. Pero es que El ángel de la calle es otro… desesperado y hermoso amor fou.
    En las tres historias me creo sus dos rostros.

    Beso
    Hildy

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    1. Querida Hildy,
      Gaynor, Farrell y Borzage deberían formar un triángulo que la Unesco declare patrimonio blanquinegro de la humanidad. Y creo que la mejor quizá sea El séptimo cielo, como tú, pero esta me pilló a pleno sol y claro, por contraste uno se emociona.
      Un besazo

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  4. No voy a decir mucho porque no la tengo reciente, pero sí que voy a soltar la obviedad de que pocas cosas más hermosas ha dado el cine que las películas mudas de Frank Borzage. Luego en el sonoro ha hecho muy buenas películas, sin duda, pero no tienen esa belleza tan especial que conmueve tantísimo, y que se manifiesta sobre todo en las que hizo con este dúo protagonista, de las cuales mi favorita por cierto es El ángel de la calle.

    Un saludo.

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    1. Al Borzage sonoro lo tengo muy poco trabajado, ay cuánta vida malgastada.
      Como le decía a Hildy para mí la «mejor» es El séptimo cielo, pero las tres son maravillas irrepetibles por cantidad de motivos.
      Y lo más alucinante es que Gaynor y Farrell se llevan como 40cm de altura, y qué bien quedan integrados el uno en el otro y los dos en esos decorados irreales… ¡PURA MAGIA!
      Un abrazo

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  5. Ya que has mencionado lo de la diferencia de altura aprovecho para confesar una de mis debilidades-aficiones más tontas relacionadas con el cine: mirar las estaturas de actores, algo hoy día fácil de comprobar en Google. Me sirve para imaginármelos mejor en carne y hueso puestos en relación con mi altura y me parece un ejercicio curiosísimo que a veces me ha dado sorpresas.
    Esto viene a cuento de que Gaynor era, tal y como se intuye en pantalla, ¡pequeñísíma! Una amiga dijo que era como una muñeca, también por su aspecto, y es totalmente cierto. Curiosamente la otra actriz que recuerdo que fuera aún más bajita que ella es Veronica Lake, de 1,49, pero a diferencia de Gaynor viéndola en pantalla no lo aparenta… o al menos a mí no me lo parecía.
    Y hasta aquí mi valiosa aportación a esta gran película.

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