Beau Geste (William Wellman, 1939) Primera parte

Beau Geste no es solo una de las mejores películas de William Wellman, sino probablemente una de las mejores películas de aventuras jamás rodadas. Es tan buena que ya era buena antes de existir, pues su primera versión, dirigida en 1926 por Herbert Brenon, fue un exitazo de crítica y público. Tal fue el bombazo de aquel film mudo que la Paramount enseguida se sacó una secuela de la manga:  Beau Sabreur (John Waters, 1928), hoy perdida y protagonizada por Gary Cooper, lo mismo que la revisión de la original del 39 de la que venimos a hablar. Casualidades: Gary Cooper es un caso a lo mejor único en la historia del cine, pues protagoniza un remake de la primera parte de una secuela en la que ya trabajó diez años antes… Además todo se lo debe a Wellman, que tras quedar encandilado con su oficio y fotogenia en Alas, lo recomendó para aquella primera gran oportunidad que hoy lamentablemente no podemos ver. Además de la del 26 y de la de Wellman, se han hecho otras dos posteriores en color -que no he visto pero que he leído que tienen poco interés y nada nuevo aportan- en 1966 y en 1988, esta última con formato de miniserie televisiva. Hay otra muy simpática de 1977, titulada aquí Mi bello legionario pero originalmente The Last Remake of Beau Geste (Martin Feldmann, 1977) que vi hace ya meses y que no me parece tan mala como dicen los hagiógrafos de Wellman, a los que casi indigna. No es más que una farsa compuesta de una sucesión de gags más o menos afortunados que a pesar del título no remeda la historia de Beau Geste, sino su ambiente colonial-eduardiano-legionextranjeriano. Todas estas versiones y refritos se basan en la novela homónima publicada en 1924 por Percival Christopher Wren que últimamente veo mucho por las librerías, en una nueva edición creo que de Editorial Juventud, aunque también se encuentra en El club Diógenes. Yo no la he leído pero sí José Miguel García, autor de esa joya de blog que es La mano del extranjero, que la compara con la película de Wellman y me deja a mí con poco más que añadir.

Así pues, se puede considerar que las dos versiones canónicas son las de 1926 y 1939. Ya desde antes de su mismísima preproducción el gran éxito de la primera fue un lastre para la segunda, con la que tuvo que compararse antes, durante y después de su estreno. De hecho, buena parte de la culpa de su tibia recepción en la prensa especializada se debió a que los mismos críticos tendieron a afirmar que aparte del sonido de los diálogos la versión de Wellman no aportaba nada nuevo, llegando incluso a escribir verdaderas sandeces como las que vomitó Otis Ferguson para The New Republic (cito literalmente del libro de Frank Thompson): 

Ver el Beau Geste de 1939 de la Paramount es como encontrarse con un antiguo compañero de colegio que se ha convertido en el tonto del pueblo. La deficiencia tiene en este caso algo que ver con la desaparición de los sentimientos -los personajes son pateados de un lado a otro como si fuesen latas de tomate viejas […]- y no se dedica tiempo ni interés en considerar cosas tan insignificantes como la plausibilidad de los motivos o las razones.

Lo que dice Ferguson es EXACTAMENTE LO CONTRARIO de lo que hay en la versión del 39, como procuraré demostrar. Lo que sucedió, aparte de que todos -y en especial la crítica cinematográfica- tendemos a embellecer un buen recuerdo, y claro, en el 26 todo el mundo se lo pasó pipa con la original, es que la Paramount cometió algunos errores en la concepción del producto. En primer lugar, la idea era hacerla en Technicolor con Fred Macmurray como protagonista (?) pero, quizá acongojados por la competencia que ese año se les iba a venir encima en taquilla y no querer poner toda la carne en el asador -recuerdo que estamos en el 39, el año mágico- se decidió finalmente hacer algo que fuera lo más calcado posible de la original y en solvente blanco y negro. La idea que se le propuso a Wellman fue básicamente repetir la cinta del 26 añadiendo diálogos. Otra mala ocurrencia de la Paramount fue invitar a la crítica a una premier en la que, para que valoraran la nueva versión, se les proyectó antes de empezar el primer rollo de la antigua. Vamos, la escena inicial inolvidable que ocurre en el fuerte. Esto fue un error porque, efectivamente, en esa parte apenas varían la antigua y la de Wellman, y además se nota que este, tipo inteligente y modesto, ha sabido mantener la fuerza de esas imágenes tan potentes de los cadáveres apostados y de los enemigos zigzagueando por el desierto. Si uno solo ve esta parte puede decir lo que dijo la crítica en general, que la película nueva no aporta nada o que era innecesaria. De hecho sí hay algo en lo que supera la muda a la de Wellman, y es en los grandes planos generales llenos de extras-morisma enemiga mucho más hermosos y ricos que los de la versión del 39, que contó quizá con menos figurantes y tuvo problemas con el desierto que ya contaremos. Pero el caso es que, después de ese fantástico comienzo para ser respetuosa con un público que tenía a fuego marcadas esas imágenes tan poderosas, la de Wellman es en términos generales más emocionante y rica que la original.

Para arreglar esta pequeña injusticia crítica que, bueno, a día de hoy debe importarnos a unas 3,7 personas en todo el universo, pero que es injusticia al fin y al cabo, he decidido dividir mi texto sobre Beau Geste en dos partes, esta primera en la que hablo de sus versiones y comparo las dos canónicas y otra próxima más convencional en la que peroraré sobre su rodaje y su valía cinematográfica.

La historia

El argumento de Beau Geste es simplemente perfecto. Es una estructura tan bien armada que no es extraño que haya dado lugar a tantas versiones, pues es una historia que empieza de la forma más intrigante, sigue con valores y sentimientos universales bien puestos en solfa, incluye a un malo malísimo de los buenos y se cierra con una perfectamente aquilatada mezcla de dulce y amargo, resolviéndose de paso el misterio del principio que a su vez es el final, como la vida misma. Eso sí, su trasfondo histórico colonial y su ambiente de machotes ha quedado trasnochado si lo comparamos con el presente, cuando todas las aventuras cinematográficas han de pasar en otro planeta o en un mundo que no respetas las leyes de la física para que nadie se ofenda, pero ese es el mentecato signo de estos tiempos y este tren de sombras viene de muy lejos, así que Beau Geste nos gusta como es.

Los tres hermanos Geste: Beau, John y Digby, tienen que alistarse en la Legión Extranjera para limpiar la mancha moral que ha caído sobre su apellido por el aparente robo que uno de ellos ha cometido de un valiosísimo zafiro que su tía adoptiva conservaba como garantía económica para salvaguardar la dignidad de la familia. Una vez alistados bajo bandera francesa, les amenazarán varios peligros: los temibles enemigos africanos, la incomprensión de sus camaradas por motivos varios y sobre todo las acechanzas del malvado Sargento Markoff, cruel hasta lo diabólico y enterado, además, de que quizá alguno de ellos porte el valioso tesoro, así que hará todo lo posible por hacerse con él. 

Esta incompleta sinopsis deja fuera la famosa primera escena de la película, que es casi una pieza de terror. En ella vemos a un destacamento de la Legión llegar al fuerte del desierto y encontrarse con que está lleno de cadáveres que parecen querer seguir luchando, apostados en lo alto de la muralla con sus armas…

Comparando que es gerundio

Para preparar este texto me puse a la vez las dos películas (a la muda le quité el sonido, espero que me perdonen los puristas) para poder anotar diferencias y similitudes evitando jugarretas de la memoria. Como no quiero hacerme pesado, me limitaré a anotar y mostrar:

La primera escena, como dije antes, es muy parecida en ambas, lo que, por ser también lo más memorable de la cinta, puede conducir al error de que vistas las dos alejadas en el tiempo no se valoren sus diferencias. Muy curioso que en la muda se pongan unos intertítulos aclarando a la gente, por si no se habían dado cuenta, que ha pasado algo misterioso, que además se resume.

En la escena que vuelve 15 años atrás cuando los Geste son aún niños y juegan con su prima a las batallas navales, Wellman se empeña -como en el resto de la película- en mostrar mejor las personalidades de cada uno de ellos mientras que Brenon, curiosamente, parece encantado de retransmitir la morbosa “operación” a la que se somete a uno de los hermanos herido en la simulada refriega marítima. Después no se encerrará Beau en una noble armadura para descubrir el secreto de su tía, como en la del 39, sino que se disfrazan de peligrosos tuaregs, como esos contra los que de adultos habrán de enfrentarse. Mientras que la cinta original da bastante coba a estos norteafricanos enemigos salvajes Wellman, ni ahora ni después, los mostrará apenas en pantalla. Este cuidado con cierta corrección política se aprecia también en otros detalles, como que el malvado sargento se llama Markoff (que además suena a soviético ruso) en vez de Lejaune, que suena francés.

En la versión del 26 todo el protagonismo recae sobre Ronald Colman, que interpreta a Beau, y sus hermanos están un poco de adorno. Sin embargo Wellman y sus guionistas han sabido repartir el protagonismo casi a partes iguales entre Gary Cooper (Beau) y un estupendo Ray Milland (John), lo que enriquece la película en todos los sentidos porque, siendo los dos unos tipos encantadores (igual que Digby, aunque es obligado a irse a otro destacamento por Markoff) ofrecen más opciones para representar esa fraternidad poderosa prima hermana de la camaradería militar que es el sentimiento que a Wellman, ya lo hemos visto otras veces, mejor sabe desarrollar y tratar fílmicamente.

Visualmente, excepto en los grandes planos de exteriores y el tratamiento del comienzo, la versión de Herbert Brenon es infinitamente más pobre. Mientras que Wellman es un especialista, como hemos comentado en otras ocasiones, en componer planos en los que unas pocas personas comparten un espacio limitado, Brenon se limita a colocar la cámara a la altura del ojo de quien tenga que hablar y tirar del plano-contraplano como mucho. Wellman sin embargo dota de mucha más fuerza a cada secuencia adaptando para cada una la puesta en escena más conveniente. Esto se ve muy bien en una conversación que mantiene Markoff con un soldado traidor, que en la antigua se rueda de forma totalmente convencional y Wellman la convierte en un opresivo plano-secuencia en el que la tensión aumenta por segundos primero por la perfecta elección del encuadre y después por la falta del respiro que da el no cambio de plano. Otra gran diferencia está en la riqueza de la fotografía de Theodor Sparkuhl  y Archie Stout, en especial en las escenas que ocurren en el interior del fuerte, en el barracón de los soldados, de fuertes sombras marcadas que contrastan con el exterior anegado de la insoportable luz del desierto.

-En el aspecto visual quiero destacar también la impecable capacidad de Wellman para rodar a las tropas en formación. Aquí quiero hacer un inciso para acordarme de Kubrick y de Senderos de Gloria y de La Chaqueta Metálica. Del malvado general Mireau en la primera, con su cicatriz en la cara lo mismo que Markoff, y del Sargento cabrón de la segunda, lo mismo que Markoff. Serán casualidades, pero a veces tiene uno esa impresión de que unas películas preceden visualmente a cosas posteriores y con lo que sucede en el fuerte en Beau Geste y lo que serán algunos tópicos del cine de Kubrick, también visuales, eso siento yo.

-Como decía antes, la versión muda es bastante más violenta y se recrea casi con sadismo en algunos momentos, como el castigo físico a dos desertores, que Wellman casi elude y apenas se oye en off. Igualmente hay una escena que ha eliminado de la original, que es una especie de pelea en una cantina de Marsella que, la verdad, aportaba poco más que trompazos. Wellman aprovecha esos minutos para desarrollar mejor a los personajes, que son sin excepción más creíbles y complejos que en la del 26. Aunque el maniqueísmo es inevitable teniendo en cuenta el formato, el género y la historia, la enseñanza final de Beau Geste quizá sea esta: que el bueno tiene que ser malo a veces, por hacer el bien y que el malo debe ser bueno a veces, para hacer el mal. Las decisiones que toman los personajes principales (los Geste y Markoff) que llevan esta historia más allá de la pura evasión aventurera son las que se corresponden con eso mismo en negrita, y para que sean naturalmente aceptadas y espontáneamente disfrutadas por nosotros hay que construir muy bien el relato, y a fe que este es el caso.

-Hay otras pequeñas variaciones de una película a otra que ya son más anecdóticas pero que indican, en cada una de ellas, la superioridad de la versión sonora. Como curiosidad anoto un momento casi al final en el que, para armar bulla que engañe al enemigo, en la versión del 26 el sargento Lejaune anima a los pocos hombres que quedan en pie a cantar el himno de la Legión Extranjera lo que, siendo muda la peli, queda cuanto menos desmejorado. Wellman en vez de eso plantea una idea mucho más poderosa, que es la de hacer a esos pocos soldados supervivientes reír, carcajearse hasta perder la voz en la más lamentable y desesperada de las situaciones, creando así una escena de fortísimo dramatismo, memorable y alegórica.

Más de Wild Bill en nuestro especial No soy tan duro: el cine de William A. Wellman

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8 comentarios sobre “Beau Geste (William Wellman, 1939) Primera parte

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  1. Hola tocayo
    Sigues «ácido» con el nuevo cine de aventuras; yo prefiero pensar que igual que, entonces, nos apasionaban las aventuras de la Legión Extranjera, hoy en día, van a buscar el extranjero un poco más lejos -incluso de las leyes de la física-.
    Es muy difícil que una peli muda pueda compararse con su versión sonora; siempre valoraremos las pioneras pero, no solo el sonido, también el lenguaje cinematográfico evolucionó mucho en muy poco tiempo. Estoy pensando en esta y en la «complementaría» inglesa (The Four Feathers, 1939).
    Muy graciosa tu disculpa con los puristas por quitarle el sonido. Más bien será lo contrario: un purista «patanegra» te apuntaría de trompeta en la legión extranjera si la ves con sonido. O si es un purista moderno te apuntaría del que engrasa las bisagras de la puerta de Tannhäuser.
    Un saludo, Manuel.

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    1. Mi acidez con la aventurería moderna tiene la misma trascendencia que este blog en general, así que puedo permitirme algo de hipérbole porque total casi nadie lo lee, pero creo que sí es cierto que la puerilidad entierra al género, porque los púberes de hoy no verán películas mañana.
      Sobre los puristas y el sonido discrepo. Un purista de los buenos (a ver si se aparece por aquí el Doctor Caligari) creo que me fustigaria bien fustigado porque las películas mudas eran sonoras, tenían su música de acompañamiento y si no se la inventaba el pianista. La herejía es verlas sin sonido lo que, por otra parte, es una tortura insufrible. A mí me ha pasado por mi afición al cine japonés antiguo tener que ver películas que consigo totalmente silenciadas y es una pesadilla verlas, de hecho me tengo que poner musiquilla de fondo para sobrellevarlo.
      En mi descargo diré que la versión muda de Beau Geste que manejo tiene una banda sonora bastante gualtrapa que consiste en refritos de sinfonías populares.

      Un abrazo tocayo

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  2. ¡Muchas gracias por la referencia a mi blog! Ciertamente, «Beau Geste» es para mí una película inolvidable y desde la que vi de niño por vez primera la habré revisado múltiples veces, sin que nunca pierda nada de su fuerza. Conocía de oídas la versión de Brenon y me ha picado la curiosidad tu excelente artículo, por lo que la buscaré y la conoceré de primera mano. ¡Un abrazo!

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    1. Más que una «referencia a tu blog» es que «tu blog es una referencia». Tu entrada sobre Beau Geste la encontré entre la redacción de esta parte y la de la siguiente y, la verdad, me deja con muy poco por decir porque lo haces muy bien, mucho mejor que yo.
      Que sepas que te leo y tengo pendiente un día sentarme a comentar sobre por ejemplo Stanislaw Lem. Haces un gran trabajo y te citaré siempre que pueda, más pronto que tarde.

      Un abrazo compañero

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  3. ¡Qué maravilla de entrada! Además de una película de Wellman que no solo me gusta mucho (eso es obvio) sino que hace tiempo que quería revisionar. A ver si me pongo a ello en breve y luego puedo releer tus posts, pero me ha parecido muy interesante tu comparativa con la versión muda y las variaciones que hizo Wellman sobre ésta. El más interesante desde la distancia (aún no vi la muda, o no la recuerdo) es lo de dar más peso a los hermanos, que para mí es algo que funciona a la perfección por el sentimiento de camaradería que le da.

    Y sobre la polémica respecto a ver películas mudas sin sonido, tengo a mi lado a mi colega el Doctor Caligari (hemos quedado para echar la partida de dominó de los jueves por la tarde) y me confirma que efectivamente el cine mudo siempre se hizo pensando en que las películas fueran acompañadas de música, aunque hay puristas que se lanzan a verlas sin nada por eso de apoyarse solo en la imagen. Eso creemos los dos que es un ejercicio bastante interesante para hacer en escenas concretas, porque le da un tono como fantasmal y permite recrearse más en lo que es la pura imagen… pero ver películas enteras así es durillo.

    Te confío un secreto, cuando mi colega el Doctor Caligari tiene que ver una película muda sin acompañamiento musical, suele ponerse de fondo el sonido de otro filme mudo de temática-estilo similar para que la acompañe. Puede a veces ser extraño porque si la banda sonora tiene muchos cambios de registro adaptados a la acción, estos no se corresponderán con lo que estamos viendo, pero te sorprendería la de veces que el experimento funciona e, incluso, la de veces que parece que el sonido y la película han llegado a sincronizarse en alguna escena o acción por pura casualidad.
    Ahí lo dejo…

    Un saludo.

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  4. Querido Manuel, qué placer leer esta entrada. Lo primero: tengo tan olvidada esta película de Wellman, me has devuelto las ganas de volver a verla. Haces algo que me chifla: comparar una película muda con su versión sonora. Estas sesiones dobles son la pera.
    Cuántas cosas de las que tirar finos hilos. Me encanta lo que cuentas de Cooper, con la peli de 1928, secuela de la de 1926… y luego protagonizando años después el remake de esta última. Guauuuu.
    Siento un gran placer por las referencias cinematográficas y me chifla que nombres Beau Geste y dos películas de Kubrick (Senderos de gloria y La chaqueta metálica), refiriéndote a cómo rueda las tropas en formación. Kubrick era un cinéfilo de mucho cuidado, desde joven veía mucho, mucho, mucho cine. Pues bien en una lista que le pidieron de las películas que más le gustaban a principios de los años sesenta nombró una de Wellman, Roxie Hart. Yo creo que era un director que a Kubrick le gustaba mucho, porque Wellman sabía mover la cámara y hacerla bailar a favor de la historia, como su también adorado Max Ophuls.
    Me encanta lo que apunta el doctor Mabuse sobre las películas mudas y el sonido. ¡Este fin de semana he estado viendo un documental sobre el tema del sonido en el cine! ¡Así que otro tema absolutamente apasionante!
    En fin que un placer leerle, como siempre.
    Aquí aprendiendo sin parar.

    Beso
    Hildy

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