Los muertos (The Dead, John Huston, 1987)

La nieve cae por igual sobre los vivos y sobre los muertos. Así termina la película, y la cámara enfoca al cielo que nieva antes de fundir a negro. Esa nieve que se funde en el negro de los créditos es la última imagen que dejó John Huston. Era una nieve que caía sobre él también, como vivo porque lo estaba y como muerto porque sabía que pronto lo estaría. 

Sobre un relato, Los muertos, el último de Dublineses (perdónenme que obvie este título en español que suele usarse para la adaptación cinematográfica), libro de relatos de James Joyce, Huston llevaba media vida queriendo hacer una película. Decía que nunca parecía ver el momento de levantar el proyecto por verse obligado a rodar muchas cosas alimenticias, pero viéndose morir y surgida la oportunidad, pudo cumplir su deseo, y dedicar sus últimos meses a la película que tanto llevaba soñando y que, aún en silla de ruedas y respirando oxígeno embotellado, puedo terminar. Hay un documental grabado durante el rodaje que me ha sido imposible encontrar y ver, en el que el propio director dice lo que tiene que decir sobre esta obra de arte absoluta que nos dejaba en herencia. Si alguien lo encuentra por favor que avise.

Sin destripar diré lo que a todo el mundo sorprende de Los muertos, y es que son dos películas en una. La primera dura algo más de una hora, la segunda unos 10 minutos. La segunda es una confesión y un monólogo en off que termina diciendo eso de que la nieve todo lo cubre, la primera es una muy hábil representación cinematográfica de una cena de burgueses decadentes en Dublín, el día 6 de enero de 1904. Por la fiesta de la Epifanía tres solteronas que se dedican a enseñar música invitan a algunos amigos y familiares a una pequeña fiesta. Una ocasión repetida anualmente que sigue los esquemas que marca un protocolo añejo pero sencillo: bailes, canciones, trinchar un ganso, cortar el pudin, un discursito a los postres… Este protocolo lo salpimenta la personalidad de algunos invitados, por ejemplo la del pobre Freddy, borracho engorroso de conducir por su conducta errática. Es una fiesta sin complejidad, una reunión de pocas horas donde cada uno puede dar rienda suelta a sus hipocresías, como es el caso de los hombres jóvenes que simulan interés en la música pero vienen a beber, cotillear y otear el mercado casadero, o bien puede uno empaparse de las novedades culturales de Dublín, al parecer en horas bajas en lo operístico. Y puede uno venir como Gabriel, protagonista del filme, a cumplir con todo, a ser gentil, correcto, a ayudar a los impedidos de cuerpo o espíritu y a glosar con un discurso lo que todos piensan que habría que decir, que es distinto de lo que se diría que piensan, pero eso da igual. 

Esta fiesta -la primera película- es curiosa porque en ella se mezclan y se revuelven personajes severamente estúpidos y artificiales con otros -bueno, casi todas otras– que al llamado del arte acuden para emocionarse hasta las lágrimas. No recuerdo ninguna otra película en la que haya tanto momento en el que se para todo porque un personaje se obnubila con una canción, o un poema o el recuerdo de la voz de un tenor del pasado. Los rostros extasiados con mesura de Anjelica Huston y otros como el de la Tía Kate (Helena Carroll) son quizá lo que más se pega al alma de esta película, junto a la nieve final. Son un milagro puro esos rostros, esas nostalgias, o la lectura de ese extraño poema que provoca en parte de la concurrencia una huida apresurada al interior de sí mismos -el más largo de los viajes breves-  de estos burgueses a medio abrillantar.

Esta fiesta intrascendente sería un aburrido entremés rodado si no fuera porque Huston ha sabido obrar un triple milagro: 

  1. Ha creado una galería de personajes en el número y profundidad justos como para que pueda importarnos lo que hacen y quienes son. Empezar prácticamente la película con ese plano de las dos anfitrionas mirando escaleras abajo, es un ejemplo de esta habilidad. Y presentar a 10 o 12 personajes en 10 o 12 minutos es algo que ningún cineasta nacido en el siglo XXI, me temo, será capaz de hacer ya nunca más. Es una habilidad que tiene que ver con una formación teatral y una manera de hacer cine ágil y jugoso que ya no existe.
  1. Desde el punto de vista dramático hay un trabajo magnífico en la creación de polos complementarios que a la vez agitan y asientan el mejunje de historias intrascendentes y nombres olvidables. Pienso sobre todo en los dos borrachos, el pobre Freddy, del que todo el mundo espera lo peor porque es un hombre perdido pero que al final resulta ser el más sincero y casi sensato de los invitados, y Dan Brown, tan alcohólico como Freddy y de alma mucho más sucia y malévola, pero que con sus buenas artes y su elegancia ha conseguido que la mala fama no le preceda. Qué hermosa ocurrencia es que sea Freddy quien finalmente conduzca a Brown a su casa, que sea su guía ante un cochero que, por cierto, no conoce Dublín. Al buscarme me han encontrado, porque estaba perdido, o algo así dice el hombre en una frase para el recuerdo. También se oponen entre sí Gabriel y su mujer, por supuesto, la juventud y la vejez de los invitados (casi todos los jóvenes son irrelevantes o estúpidos) y también eso que comentaba antes, que unos ante la cultura muestran nulo interés mientras que a otras les alimenta una vida que, adivinamos, está demasiado llena de melancolía y represión sexual.
  1. El tercer milagro es el de la puesta en escena. Se ha dispuesto un plató que, en contra de las convenciones habituales en películas de época, presenta el tamaño realista de un piso de tamaño mediano, con estancias estrechas y escaleras empinadas. Para evitar un exceso de teatralidad Huston mueve la cámara casi siempre, pero es un movimiento invisible, es una especie de plano subjetivo de nosotros mismos que va entre los invitados y se detiene o los sigue o los abandona según sigan mereciendo nuestro interés. No hay un ápice de virtuosismo ni pretenciosidad. Es tan solo que así hay que rodar el estar con mucha gente. Y a la altura de los ojos. Este dinamismo de la cámara se complementa con otros recursos fílmicos naturales y clásicos, potentes y bien armados pero delicadamente, -siempre delicadamente- usados. Por ejemplo esa canción desafinada porque la edad no perdona que canta la tía Julia. En vez de quedarse con ella y con las reacciones de sus invitados al triste hilo de voz que emite, que es lo que pide la curiosidad de espectador, Huston abandona la sala y nos muestra recuerdos de su pasado: fotografías decimonónicas, colecciones de objetos frágiles como ella, pero que la van a sobrevivir indemnes, dechados bordados hace décadas por la misma Julia para aprender sus labores y, en fin, toda una vida de objetos y recuerdos.
Esto se llama «dechado»

Sobre la segunda película, esos últimos 10 minutos, nada voy a decir, solo dejar la imagen de la nieve que cae.

Qué difícil se me hace escribir sobre películas que me parecen perfectas. Decir lo que hay me parece estúpido y decir lo que falta me parece imposible. Aunque en algún momento de mi vida que no recuerdo debí de verla y considerarla correcta e interesante sin más porque sería idiota en ese momento de mi vida -lo sé porque la tenía valorada en filmaffinity con un moderado 7- ahora he vuelto a ella como si nunca la hubiera visto y he tenido que verla otra vez, en menos de 24 horas, para comprender por qué me emociona tanto, por qué me parece una obra tan excelsa, de una humanidad tan inexpugnable. Me respondo cosas que son más o menos lo que aquí escribo pero al final no comprendo, no termino de entender cómo pudo Huston encontrarse con la perfección que, como él sabía muy bien, nunca está donde la buscas. Creo que influye bastante en mi impresión eso de que Los muertos sea el último derechazo del alma vitalista de un cuerpo moribundo. No sé si pesa más eso o que, sencillamente, sea una oda a la belleza y el amor que me puede porque soy un ñoño.

En todo caso me siento como Gabriel junto al cuerpo yacente de su mujer que descansa. Ella es Los muertos y yo soy él que mira por la ventana y se dice que ahora sabe lo que es la perfección, pero que a lo mejor no lo es porque no soy capaz de comprenderla. Donde yo vivo no nieva nunca, de hecho han llegado las calores, el sol se derrama sobre los campos y los agosta. Ni vivos ni muertos quieren hacerle frente. Escribo de noche, y será en parte porque renuncio a la luz y al sol que puedo hablar de la nieve sin conocerla, como Gabriel comprende el amor que no sabe si siente, como Huston que rodó un cielo nevado en el tránsito al cielo seco y oscuro de la muerte y de los años por venir que -ojalá que no pronto- terminarán sepultándolo en el olvido.

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7 comentarios sobre “Los muertos (The Dead, John Huston, 1987)

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  1. Hola tocayo:
    Confieso que tengo sentimientos encontrados con esta peli (no tanto como para ponerle un siete en to’lo alto). Por un lado no le quito ninguno de los méritos que tan bien señalas pero por otro la cantinela de «su última y obra maestra» creo no es hacerle ningún favor.
    Si comparamos a Huston con Wellman -ya que vamos por esta vía- creo que el cine alimenticio de este es mucho mejor que las vergonzantes de John; ¡Amigo, quién era el intrépido que decía que el emperador estaba desnudo!
    El ochenta y siete no fue un buen año para mí pero siempre estarán unidas esta y «El Festín de Babette». Creo que las vi demasiado juntas y no sabría por cual decidirme, tan iguales y tan distintas. Por un lado una coral y la otra con los personajes justos, a una todos la mirábamos con ojos trascendentes la otra tan complicada como sus platos. Tan personales.
    Y, finalmente, el «factor» estanque dorado: John trabaja con su hija.
    Por aquí tampoco nieva mucho, eso sí, el sábado nevaban pavesas. Noséqué de una culebra que está cambiando de piel. Un cálido saludo, Manuel.

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  2. Cuando redacté el texto del especial Wellman y lo comparé de alguna forma con John Huston estuve borrando y volviendo a poner varias veces esas líneas, lo recuerdo, no tanto porque sean o no comparables, sino porque lo cierto es que tan conocedor no soy de la obra de Huston como para juzgarla como un todo. Al final lo dejé para que se me entendiera, pero tampoco es una idea «de trabajo» que yo tenga presente ni nada. Se me ocurrió John Huston porque todo el mundo conoce al menos 3 peliculones suyos y casi nadie -no cinéfilo- 3 de Wellman, aunque sean comparables. Sobre el mérito de las películas alimenticias, tienes razón, has malas de Wellman son más soportables que las malas de Huston, pero es que en la época de Wellman, trabajando en una major, era muy difícil caer en el espanto, por la misma eficiencia de la industria. Además, sus personalidades creo que eran muy distintas. Wellman era un tipo muy profesional a pesar de sus peleas con actores o de su impaciencia, y además si trabajaba en una peli es porque quería cobrarla, y que le pagaran más por la siguiente, así que dentro de su falta de motivación se esmeraba y se nota, como en el Buffalo Bill. Huston yo creo que era más disperso y disoluto y por supuesto menos un hombre de estudios, porque en su madurez la industria ya se había descompuesto, y seguramente en muchos de los bodrios que hizo hizo poco más que vaciar minibares. A lo mejor exagero y estas palabras me las dicta mi corazón negro de hombre blanco.

    Sin embargo Los muertos a mí me parece algo muy especial, creo que es una obra maestra absoluta y no sé por qué dices que no le hace un favor, porque a mí me parece que le redime en muchos sentidos. Fíjate que si no la mencionas no habría caído en El festín de Babette, que es otra que me gusta mucho y que, es cierto, se parece a esta, pero es otra cosa a la vez. La próxima semana aparecerá sin aparecer, por cierto, uno de sus actores protagonistas por aquí. Qué misterio.

    En estos días de pavesas de he acordado de ti, tocayo, y de mis rodadas por Tábara y Aliste. Ahora la soledad que se percibe allí será más negra todavía.

    Un abrazo que refresca, Manuel

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  3. Es difícil de explicar; vas a ver una obra modesta, se diría que te habla sólo a ti, que necesita un nivel de sensibilidad o de cualquier cosa y con una rebanada de pan y mantequilla te das un festín que ni Babette, por otro lado vas a ver la culminación de una vida, Joyce resumido y asimilado, la maestría y te preguntas ¿dónde pongo la mantequilla?
    Arrancar con «El Halcón Maltés» y cerrar con «The Dead» fantástico pero, para mí, no pondría esta al nivel de seis o siete de las grandes suyas. Soy muy malo haciendo listas pero, para que acabes por fusilarme al amanecer, casi pongo The Dead al nivel de «Under the Vulcano» (Finney excesivo… pero esa Bisset).
    Saludoooo (es el eco del volcán) Manuel.

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  4. Guau, qué sesión doble más increíble: Los muertos y El festín de Babette.
    Es cierto que son dos cenas con consecuencias distintas, pero qué películas más hermosas ambas.
    Pero Manuel del alma mía, qué texto más hermoso, se nota que esta película toca un resorte en tu cabeza.
    Para mí no solo es una película tremendamente especial, sino una adaptación cinematográfica magnífica del relato de Joyce. Por cierto, «El festín de Babette» es otra adaptación bella del relato de Isak Dinesen.
    Y ahí quiero viajar: ¡cuántas adaptaciones cinematográficas de quitarse el sombrero se han hecho de determinados cuentos en el cine? Por ejemplo, por continuar con Dinesen, tiene un relato que me fascina: «Una historia inmortal»… Pues ahí va el señor Orson Welles buscándose las castañas y nos hace una película que merece mucho la pena verse.
    Siento gran debilidad por el señor Maupassant. Y varias veces ha visitado las pantallas. Pero hoy me quedo con mi historia favorita dentro de «Boccaccio 70»: Il lavoro (1962) de Luchino Visconti, con una Romy Schneider espectacular. Aunque Visconti también bebió de una novela corta de Schnitzler (otro tipo que me encanta cómo escribe), la base del relato cinematográfico se encuentra en el cuento breve de Maupassant, Au bard du lit (Junto al lecho) escrito en 1883.
    Y para terminar este apunte breve de las adaptaciones cinematográficas maravillosas de relatos, adoro la realizada por Robert Siodmak de Los asesinos de Hemingway… ¡El cuento lo adapta en los primeros minutos de la película… y luego se dedica a imaginar por qué ocurre lo que nos cuenta el relato!… ¡Alarga la historia! Nos cuenta cosas que podemos intuir entre la líneas de un relato breve y conciso. Esto hablando de la maravillosa Forajidos.
    ¡Y para cerrar el círculo el guion de Forajidos es de John Huston y Richard Brooks!

    ¡¡¡Vaya rollo que me he marcado, amigo mío!
    Beso
    Hildy

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    1. Madre mía, querida Hildy, como molan tus rollos. De Maupassant mi relato favorito y releído es Bola de sebo, y su versión más heterodoxa, La diligencia, una de mis películas mas remiradas. El otro día me la puse y es que me emboba, qué perfección.
      ¿Sabes lo que me pasa con Forejidos, ya que la nombras? Es algo muy curioso y que me ocurre por cierto con otras pelis de cine negro, por ejemplo Retorno al pasado y es que… ¡Se me olvida el argumento! Te juro por Ozu que la he visto al menos 4 veces y solo recuerdo a Burt Lancaster encerrado en un cuarto a punto de palmarla. Es algo extraño que me ocurre, ¿a qué se deberá, doctora?

      Un beso muy fuerte

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  5. Precioso texto el que se ha marcado aquí, amigo Manuel, que además creo que ha sabido captar perfectamente la sensibilidad tan especial de esta película.
    Hace tiempo hice una lista de los mejores finales de filmografía de la historia (como supondrá, los 3 grandes del cine japonés clásico formados en la era muda aparecían en ella) y ésta se encontraba entre mis favoritas. Es una mezcla de que no solo la película es muy buena sino que es una coda perfecta para cerrar una carrera, por tono y también por esa forma de filme más bien breve, pero inmaculado, que se nota hecho por un profesional que sabía obrar estos pequeños milagros con la experiencia que le dio el tiempo, como muy bien ha reflejado usted en esos tres puntos. ¡Y eso estando en silla de ruedas y con un respirador artificial! Es ese tipo de películas que más allá de lo impecables que son técnicamente, tienen algo especial que las hace muy conmovedoras.
    Ahora me han dado ganas de revisionarla…

    Un saludo.

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    1. Querido Doctor, hace usted en su comentario una glosa perfecta de lo que es Los muertos, mejor que mi apunte. Suscribo cada una de sus palabras, esta película es especial, no es normal.
      Hay obras de arte que surgen de un lugar especial que no es un set de rodaje o un lienzo o unas cuartillas, sino de un hoyo profundo en el que han caído todos los sentimientos y los sentimientos humanos, y no sabemos si han llegado al fondo, pero de allí sale algo que trasciende a sus autores, a sus actores, a sus argumentos y a sus condiciones. De ahí ha salido Los muertos.

      Revisiónela usted, leñe.

      Un abrazo

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